A la fecha, el Congreso de Estados Unidos no ha renovado la autorización del fast-track, el cual vence el 30 de junio de 2007, para permitirle al gobierno del presidente George W. Bush un mecanismo ágil para la negociación de futuros tratados de libre comercio. Por lo tanto, más allá de los TLC con el Perú, Colombia, Panamá y Corea del Sur, que todavía enfrentan un camino cuesta arriba para lograr su aprobación, no se vislumbra el inicio de nuevas negociaciones con otros países –tales como Uruguay, por ejemplo– que estaban interesados en lograr tal asociación. El cambio reciente en la mayoría congresal de republicano a demócrata ha generado, como se presumía, una ola de presiones proteccionistas. Un indicador de ello es que, si durante 2006 se presentaron 27 proyectos proteccionistas contrarios al comercio libre con China en el Congreso de Estados Unidos; sólo en el primer trimestre de 2007 ya se han presentado cerca de 15. De otro lado, el pasado marzo, el gobierno del presidente Bush impuso –revirtiendo una política de décadas– nuevos aranceles a la importación de papel proveniente de China.
La mayoría de los economistas y analistas concuerdan en los beneficios de la globalización comercial. Estudios del Institute of International Economics, por ejemplo, estiman que la liberalización del comercio y la inversión de las últimas décadas generan más de US$500,000 millones de mayor ingreso anual para la economía de Estados Unidos, un equivalente de más de US$1,650 para cada estadounidense. ¿Por qué, entonces, el resurgimiento del proteccionismo en Estados Unidos?
En el último número de Foreign Affairs, Kenneth F Scheve, profesor de Yale, y Matthew J. Slaughter, profesor de Dartmouth, argumentan que en Estados Unidos el resurgimiento del proteccionismo suele atribuirse a tres causas principales: al cabildeo intenso en contra de un pequeño grupo de industrias afectadas, a la insuficiente información de la opinión pública sobre los beneficios efectivos de la liberalización del comercio, y al impacto del 11 de setiembre en la actitud general de Estados Unidos hacia el mundo exterior. Sin embargo, los autores consideran que ninguna de estas explicaciones resulta suficiente. Cabildeo en contra del libre comercio siempre ha habido; lo que viene sucediendo esta vez es que la efectividad del mismo ha aumentado. Las encuestas, por su parte, revelan que la mayoría de la población sí reconoce, por ejemplo, la relación que existe entre globalización y la creciente disponibilidad de aparatos mejores y más baratos. Y si bien la tragedia del 9/11 ha generado crecientes inquietudes sobre la seguridad en Estados Unidos, su impacto es más natural que se sienta en temas como la inmigración que sobre el comercio mismo.
Scheve y Slaughter consideran que la explicación es mucho más sencilla: la política comercial se ha vuelto más proteccionista en Estados Unidos porque en los años más recientes las personas se han vuelto más proteccionistas debido a un estancamiento relativo en el ingreso de la mayoría de los trabajadores. Si se les clasifica en siete categorías educativas –aquellos sin concluir colegio (9.9 por ciento), con secundaria completa (29.8 por ciento), con algunos estudios universitarios (27.9 por ciento), graduados universitarios (21.1 por ciento), con maestría en humanidades (7.9 por ciento), con doctorado (1.5 por ciento), y MBA y médicos (1.9 por ciento)–, entre 2000 y 2005 sólo las dos últimas categorías tuvieron un aumento efectivo en su ingreso. Como éstas sólo comprenden en conjunto al 3.4 por ciento de la población, más del 96 por ciento de los norteamericanos habría sufrido una disminución de su ingreso durante el último lustro. Hasta 2000, en cambio, los graduados universitarios y aquellos con alguna maestría universitaria –el 29 por ciento de la población laboral– siempre habían registrado aumentos en su ingreso. Este indicador coincide con el hecho de que, en 2005, el 1 por ciento con mayores ingresos en Estados Unidos acumuló el 21.8 por ciento del ingreso total, una concentración que no se registraba desde 1928.
Los autores consideran que, debido a los importantes beneficios que la globalización genera a la economía en su conjunto, el surgimiento del proteccionismo constituye un peligro muy desafiante. Para hacerle frente, opinan que las propuestas que se han planteado hasta la fecha –mayor inversión en educación y asistencia directa a los trabajadores desplazados– son insuficientes. La inversión en educación es una de largo plazo y los trabajadores desplazados no incluyen sino a una proporción pequeña del total. Proponen, por ello, una fórmula mixta de redistribución radical de ingreso pero atada a un compromiso creciente de globalización. Por ejemplo, sugieren eliminar el impuesto a la planilla para todo trabajador que gane por debajo de la mediana (un ingreso anual de US$32,140 en 2005). Ello beneficiaría a 67 millones de personas en esa categoría, las que recibirían un crédito fiscal anual de US$3,800, pero vinculado con un programa de creciente liberalización comercial.
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“Obama es considerado un visionario en la escena política. Pero también tiene tendencias minimalistas muy significativas”
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