En un mundo interconectado, donde la información y el conocimiento apenas demoran segundos en diseminarse, y donde el transporte internacional se ha abaratado relativamente a otros servicios; ya no existe la relación tradicional que había anteriormente entre la ubicación física y el saber. La biblioteca, por ejemplo, constituía un elemento central de la universidad tradicional. Ahora, en cambio, resulta factible acceder por Internet a los artículos y discursos técnicos, tan pronto como éstos son presentados o dichos en conferencias. Asimismo, las teorías innovadoras sobre cualquier materia pueden rápidamente ser revisadas o ratificadas a través de una red internacional de expertos que interactúa continuamente.
Juan Diego Flórez en la ópera, o Michael Jordan en el baloncesto, son ejemplos de que la globalización paga especialmente bien a quienes son capaces de representar un valor concreto ante una audiencia global. Muchas empresas líderes en el mundo tienen también ese reconocimiento que les otorga una ventaja natural sobre sus competidores. La mayor fluidez del talento debería beneficiar, también, a aquellas universidades con más recursos. Recientemente, sobre la base de la calidad de sus profesores y de los avances de su investigación empírica, la universidad china Shangai Jiao Tong realizó un ranking de las universidades en todo el mundo. Estados Unidos tiene, en este aspecto, una ventaja significativa. La mitad de las mejores 100 universidades –y 17 entre las mejores 20– son estadounidenses.
También son, como es lógico suponer, y por amplio margen, las más ricas. Un artículo de William Brody, rector de la Universidad John Hopkins, publicado en el último Foreign Affairs y fuente de este artículo, revela que, en cifras de 2005, Harvard contaba con un patrimonio en activos generadores de renta superior a US$25,000 millones y Yale, Stanford, Princeton y la Universidad de Texas contaban, cada una, con un patrimonio equivalente superior a US$10,000 millones. Seguían otras 24 universidades que contaban individualmente con más de US$2,000 millones en activos rentables y cerca de 60 más que eran dueñas de patrimonios financieros por más de US$1,000 millones. Para comparar estas cifras –con las del Reino Unido, por ejemplo– sólo 5 universidades inglesas (contra más de 200 en Estados Unidos) cuentan con patrimonios superiores a US$200 millones y apenas dos: Oxford y Cambridge, con más de US$4,000 de patrimonio cada una, empatan en el puesto 15 del ranking mundial de las 150 universidades con mayor patrimonio. Entre los países de desarrollo reciente, sólo China y Singapur, y uno que otro país árabe, vienen invirtiendo en sus universidades los recursos suficientes como para abrir para ellas un espacio futuro entre las mejores del mundo. En Singapur, constituye un objetivo nacional de mediano plazo el lograr que su mejor universidad alcance el puesto 10 en este ranking.
La mayor movilidad generada por la globalización ha generado un cambio en la composición del alumnado. Actualmente, en Estados Unidos, un tercio de los estudiantes de programas de posgrado en ciencias e ingeniería y más de la mitad de los estudiantes de doctorado son extranjeros. Esta permeabilidad, entre locales y foráneos, requiere darse también entre disciplinas académicas. Por décadas, las ciencias físicas funcionaban con laboratorios autónomos. Los avances recientes en la ciencia médica, por ejemplo, requieren de robótica, ciencia de la información, ingeniería y ciencias físicas. El rector Brody afirma que, hasta 1985, la mayoría de los grants que Hopkins recibía eran para un solo departamento académico, incluso para el investigador tal o cual. Actualmente eso ya no ocurre. Y el 20 por ciento de sus grants requieren reorientarse a investigadores que no trabajan en la universidad. Una investigación reciente sobre cirugía robótica, por ejemplo, no sólo requirió de personal propio de Hopkins, sino también de Carnegie Mellon, MIT y Harvard.
Las universidades con mayores recursos se han vuelto verdaderas megaversidades. John Hopkins ya no es un campus antiguo en el centro de Baltimore. Ahora, cuenta con más de 12 locales en Estados Unidos y sus docentes realizan investigación en más de 80 países. La Escuela de Negocios de la Universidad de Maryland tiene nueve sitios en cuatro continentes, incluyendo campus amplios en Beijing y Shangai. Yale celebró su tricentenario con la publicación de un plan agresivo para convertirse en una “universidad global”. Carnegie Mellon ha abierto un campus en Katar. MIT es una de las varias universidades que tienen instalaciones en Singapur.
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