Pero pese a que el gobierno le advirtió en repetidas ocasiones que en San Vicente había combates y una fuerte presencia de guerrilleros, Betancourt partió hacia la zona, aunque por tierra, ya que no se le había permitido viajar en un helicóptero militar que se desplazaba hacia el lugar. En el camino, su convoy fue detenido por dos retenes del ejército y advertido de que más adelante había guerrilleros por todos lados. Betancourt ordenó a su chofer seguir manejando, pero en el último reten sus escoltas (del ejercito) le dijeron que no la podían acompañar más. Ella, no obstante, continuó el recorrido hacia San Vicente y fue secuestrada por las FARC, junto a Clara Rojas, la número dos de su partido.
¿Cómo serían las FARC hoy si no la hubieran podido secuestrar?
Sin internacionalizaciónEn el 2002 el poder político que tenía las FARC se había reducido considerablemente en comparación al que había manejado en los noventa. Es a comienzos de esa década, específicamente en 1993, que el grupo de rebeldes decide modificar las tácticas subversivas que empleó durante los ochentas debido a que la estrategia de combate que utilizaba ya había sido descifrada por el ejército y éste les estaba ganando una serie de batallas en todo el interior del país. “Las FARC pasa de una fase de ataques de acoso con pequeños grupos a unos golpes espectaculares de varios días con unidades mejor armadas y más numerosas”, dice Eduardo Mackenzie en su libro Las FARC fracaso de un terrorismo. En un documento que data de ese año las FARC revelan que su ambición es tomar posesión y controlar los sectores económicos estratégicos del país. José Luis Barbería, periodista del diario español El País, describe al movimiento como “un auténtico cartel de guerrilla”. En ese momento no sólo intensifica su control sobre las plantaciones de coca en el país (cobraba un impuesto a los agricultores y a los narcotraficantes por todo lo que sembraran y sacaran de las zonas “protegidas” por la guerrilla), sino que también intensifican los secuestros de extorsión (diferentes a los secuestros políticos en que los de extorsión son usados como vía de financiamiento netamente en esta fase de la vida de la guerrilla). Para ese entonces las FARC ya tenía más de 66 frentes por todo el país, en particular los Llanos Orientales.
Mackenzie argumenta que la consolidación que logró las FARC en los noventas se debió en gran parte a que de 1994 al 2002, en el marco de los gobiernos de Ernesto Samper y de Andrés Pastrana, se dieron políticas laxas y poco contundentes contra los guerrilleros. El resultado fue que en 1998 las FARC atravesaba por una especie de bonanza militar: había pasado de tener alrededor de 7,400 guerrilleros en 1991 a tener más de 21,000 en 1998.
Fue recién en 1999 que los generales Fernando Tapias y Jorge Mora, a la cabeza de las Fuerzas Armadas de Colombia, presentaron un plan de reestructuración y modernización tanto de las estrategias que empleaba el ejército contra la guerrilla, como del mismo ejército. Así, el plan era el siguiente: duplicar los efectivos de 200,000 a 400,000 en dos años; profesionalizar la inteligencia de las fuerzas armadas; transformar las fuerzas del aire hasta controlar el aire en su totalidad. Ese mismo año el Plan Colombia, impulsado por los gobiernos de Pastrana y de Bill Clinton, entró en acción y permitió que el plan de Tapias y de Mora tuviera respaldo económico. Desde 1999 hasta el 2002 las FARC atravesaron por un periodo de debilitación tanto económica como política, motivo por el cual erróneamente creyeron que si adquirían un especie de blindaje contra el gobierno iban a poder hacerle frente a éste (y poder seguir negociando en sus propios términos). Si bien parte del Plan Colombia redujo significantemente los cultivos de coca en el país, que era una de las primeras fuentes de ingresos de la guerrilla, ésta todavía tenía más fuentes alternativas, pero su verdadero talón de Aquiles pasó a ser la política.
Es en ese contexto que el secuestro de Ingrid Betancourt en el 2002 trasladó el conflicto interno de Colombia a un plano global. En las palabras del internacionalista Ariel Segal, “el secuestro internacionaliza el conflicto, principalmente a nivel mediático”. De no haber sucedido, especula Segal, en un primer plano, el desarrollo del conflicto y sus pormenores se hubiesen mantenido a nivel regional, es decir, ni la prensa internacional, ni los gobiernos de Europa y Estados Unidos hubiesen prestado tanta atención a lo que sucedía en Colombia. Ello porque Betancourt tenía vínculos franceses y su familia apeló a todos los gobiernos europeos para que ejercieran presión sobre el gobierno de Álvaro Uribe en ser más persistente en sus acciones para lograr la liberación de Betancourt.
Por un lado, si el secuestro nunca hubiese sucedido, no habría tanto interés en lo que sucedía y sucede actualmente en Colombia. Por ello, para Luis Jaime Cisneros Hamman, analista internacional, el balance del secuestro tiene más aspectos positivos que negativos en términos de Realpolitik, porque debilitó la postura de las FARC frente al mundo. Así, probablemente no se hubiese logrado convocar a la cantidad de masas que reunió la marcha contra las FARC que se realizó el 4 de febrero de este año en todo el mundo. El desprecio que existe contra dicho grupo armado no sería tan potente como lo es actualmente, porque, aunque el secuestro de Betancourt centró los ojos del mundo sólo en ella (no en los demás secuestrados) sí creó conciencia de las atrocidades que infligían los guerrilleros a sus víctimas y eso dejó de lado la idea romántica (principalmente de los europeos) de que las FARC eran un movimiento radical de izquierda que simplemente peleaba por el bien del pueblo y de los agricultores (por ejemplo, en una famosa carta de mediados de 1964 Jean Paul Sartre y el dirigente comunista francés Jacques Duclos expresan su indignación contra el gobierno colombiano por arremeter contra lo que había empezado a llamarse las FARC).
¿Colombia sin Uribe?“¿Hubiera sido electo Álvaro Uribe en mayo del 2002 si Betancourt no hubiera sido secuestrada?”, se pregunta Segal. “Sí”, asegura, pero la campaña del presidente de adoptar mano dura contra las FARC no hubiese tenido tanta acogida en Colombia como lo hizo en ese momento.
Pero en el plano internacional tal vez las cosas no se le hubiesen complicado tanto a Uribe. “Él hubiera podido lidiar mucho mejor, con más libertad y probablemente más firmeza contra la guerrilla si el conflicto no se hubiera internacionalizado. Pero con los ojos de todo el mundo literalmente encima de Colombia, el presidente tuvo que empezar a ser mucho más cauteloso de lo que él hubiera querido en la forma de atacar y golpear a las FARC. Ya no podía simplemente bombardear los campamentos de los rebeldes, porque ahí habían secuestrados. Si ellos morían el mundo entero hubiera condenado al gobierno de Uribe”, dice Segal. Pero, por otro lado, si bien los golpes que el gobierno le hubiese propinado a la guerrilla hubiesen sido mucho más dañinos para ésta, también hubieran muerto muchos más secuestrados tanto en los ataques del gobierno, como probablemente de las manos de las FARC, a manera de amenaza y venganza contra Uribe. Pero todo lo demás con relación a la estructura de las FARC actual, según Segal, sería igual. Por el contrario, para Cisneros Hamman no hubiese sido más fácil la lucha contra las FARC porque para Colombia la internacionalización del conflicto se dio a partir del Plan Colombia en 1999 y todavía faltaba mucho para acabar definitivamente con las FARC.
Por otro lado, el investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) de Colombia, Teófilo Vásquez, asegura que la situación actual (tras la muerte de dos de los dirigentes más poderosos de la cúpula de las FARC, Raúl Reyes e Iván Ríos) “deja en evidencia que las FARC han disminuido su capacidad militar, pero la situación se da para un repliegue táctico ordenado”. Es probable que lo mismo hubiese sucedido en el 2002 si es que no hubiesen logrado secuestrar a Betancourt.
Paralelismo continuoEs razonable suponer que lo anterior hubiese sucedido en el 2002, al igual que probablemente está sucediendo ahora, porque ese repliegue táctico, que es “una especie de letargo esperando que el enemigo baje la guardia”, según El Tiempo, es parte de la estrategia militar que las FARC han utilizado durante toda su existencia.
La fecha oficial del nacimiento de las FARC es 1964, pero sus raíces datan de mucho antes: específicamente del 9 de abril de 1948, en el famoso “Bogotazo”, donde el líder de izquierda Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado. A partir de ese momento las fricciones que existían entre el Partido Conservador y el Partido Liberal se acrecentaron dando inicio a una de las historias más sanguinarias de América Latina. Entonces, es desde 1948 que empiezan a brotar brazos disidentes del Partido Liberal, más radicales, apoyados y empadronados por el Partido Comunista Colombiano (que nació a fines de los años veinte) por todo el sur oriente colombiano.
Durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) se logró suprimir a la mayoría de estos “rebeldes” y el gobierno logró que más de 6,000 guerrilleros entregaran sus armas.
Pero con la caída de Rojas Pinilla los remanentes de la guerrilla se reagruparon y de forma más clandestina. En un artículo publicado por el Chicago Tribune el 20 de noviembre de 1961 se advierte que en Colombia han empezado a surgir “repúblicas independientes” (habían 11 en ese momento) que amenazaban la estabilidad y a la democracia de ese país. Uno de estos remanentes de la guerrilla era el grupo de Pedro Antonio Marín, un finquero joven e idealista más conocido como Manuel Marulanda Vélez, mítico jefe y líder de las FARC durante más de 45 años. Parte del motivo por el que su grupo había sobrevivido era porque habían adoptado las tácticas vietnamitas de de guerrilla, en las que se desplegaban en pequeños grupos adoptando una suerte de red al estilo telaraña que les servía como soporte en caso de sufrir ataques. Se infiltraban en las zonas inhabitadas del país, principalmente la selva y la dominan mejor que nadie. Así no permitían que el ejército ni el gobierno entraram en sus zonas.
En Colombia, al igual que en Vietnam, el territorio es extremadamente selvático, lo que le facilita el movimiento a los grupos subversivos.
¿Con TLC?Otra de las posibles aristas especulativas que surge en torno al secuestro de Betancourt se refiere a la política económica externa de Colombia. ¿Habría logrado que el Senado norteamericano ratifique el Tratado de Libre Comercio (TLC) que el país había negociado desde el 2003? Probablemente sí, dado que el conflicto interno colombiano no se hubiera internacionalizado de la manera en que lo hizo y que implicó que todas las acciones que se tomaran o dejaran de tomar frente a Colombia estuviesen cargadas de discursos ideológicos. Si los demócratas de Estados Unidos (que ya tenían el poder en el Congreso estadounidense) ratificaban un acuerdo comercial con Colombia estaban de cierta forma avalando las políticas contra la guerrilla que empleaba Colombia, lo que, en general, iba contra su discurso frente al mundo.
Pero más allá de las tácticas empleadas por Uribe para combatir a la guerrilla, lo que realmente le reclamaba Estados Unidos al gobierno de Uribe es con respecto a los vínculos de su partido a los paramilitares y el poco respeto que muestra Colombia frente a los gremios sindicalistas del país. Así que, por ese lado, tal vez el destino actual de Colombia con respecto al TLC sería el mismo.
En términos de golpes a las FARC, de todas maneras hubiese sido más fácil para el gobierno debilitar y más rápido a la guerrilla si es que Betancourt no hubiese sido secuestrada. El secuestro le ganó a la guerrilla espacio para reagruparse y repensar sus tácticas tras los golpes que habían sufrido desde 1999. ¿Ingrid Betancourt sería la actual presidenta de Colombia? Lo más probable es que no, pero su discurso político contra la corrupción y contra el gobierno de Uribe se sentiría mucho más hoy en día. “Uribe no hubiera salido de ninguna manera reelecto de estar Ingrid Betancourt activa en la escena política colombiana actual” advierte Cisneros Hamman.
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