Contracorriente
"El APRA es el único partido político del Perú"
¿Puede realmente el partido de la estrella arrogarse la convicción de que brilla en solitario en el firmamento político nacional?
Por Roberto Castro Lizarbe"Yo me acuerdo de ese hermoso verso de Calderón de la Barca que todos aprendimos y repetimos. Porque caminando las calles y muchas veces solo, yo decía cuándo pasará esto, cuando volveré a ver el Perú. Y me comprometí a estar después de muerto junto a ustedes en espíritu, a tener la fuerza de traer mi espíritu hasta aquí para acompañarlos. (…) Y a mí me parece súbitamente un sueño estar frente a ustedes. Y a mí me parece una añoranza cumplida estar frente a ustedes. Y a mí me parece súbitamente que quizás he muerto y estoy frente a ustedes". El epígrafe corresponde al que, acaso, haya sido el discurso más memorable de Alan García: 27 de enero del 2001, Plaza San Martín al comenzar la noche, allí donde Víctor Raúl Haya de la Torre tantas veces convocó masas e hizo agitar pañuelos. Fue el día del regreso al Perú luego del destierro del hoy presidente; el día en que muchos dicen resucitó el APRA -como un sueño, después de muerto- para reinsertarse en el primer plano del sistema político del país. Y no de cualquier forma, sino sugiriéndole al resto de la partidocracia peruana que era la única agrupación con fuerza y cohesión internas capaces de superar una década de ostracismo y marginación.No obstante, la misma efeméride podría admitir otro tipo de lectura, más inquisidora y suspicaz. ¿No habrá sido, acaso, aquel regreso multitudinario de García la señal más contundente de que el aprismo era uno más de los tantos caudillismos que han pululado en la política peruana a lo largo de la historia? ¿Por qué ese partido, supuestamente articulado y fuerte a lo largo y ancho del territorio peruano, admitió porcentajes misérrimos en los comicios presidenciales de los años 1995 y 2000 con otros candidatos? El hecho de que otros partidos formalmente constituidos hayan atravesado bemoles similares puede invitar a pensar que la estrella no es tan solitaria como se cree."El APRA es el único partido que ha mantenido influencia inalterable en la política peruana desde su nacimiento"DISCUTIBLE.Así, luego de sus años de proscripción -e innegable influencia en la agitación de masas de la primera parte del siglo, y hasta en urnas cuando promovió los triunfos de Bustamante y Rivero en 1948 y Prado en 1956-, el aprismo inició su trayectoria en las urnas peruanas en 1962, cuando Haya ganara con 33% de los votos válidos aquella elección presidencial cuyo triunfo le fuera arrebatado por el golpe de la Junta Militar de Ricardo Pérez Godoy. A partir de entonces describió el siguiente recorrido en elecciones presidenciales, ciñéndonos a las frías cifras: segundo en 1963 (34% de los votos válidos, con Haya), segundo en 1980 (27.4%, con Armando Villanueva), primero en 1985 (53% con Alan García), tercero en 1990 (22% con Luis Alva Castro), tercero en 1995 (2% con Mercedes Cabanillas), sexto en el 2000 (1.38% con Abel Salinas), segundo en el 2001 (46.92% con García en segunda vuelta, en primera vuelta tercero con 25.78%) y primero en el 2006 (52.6% en segunda vuelta, en primera vuelta segundo con 24.3%).Así, para empezar, el PAP no ha logrado estabilidad plena en el top-3 electoral, debido a su resbalón de finales de los noventa. Si de presencia en los comicios se trata, Acción Popular, por ejemplo, tuvo también a un candidato en todas las elecciones con excepción del 2001, cuando desistió de participar por haber llevado a cabo el gobierno de transición. Es cierto, en 1990 y el 2006 intervino a través de sendas alianzas electorales -Fredemo y Frente de Centro, respectivamente-; pero éstas, inclusive la última (al no endosar sus votos a Lourdes Flores), influyeron en los resultados, algo que no ocurrió con el caudal aprista ni en 1995 y ni en el 2000. Nadie va a decir que AP u otro partido haya tenido más fuerza electoral que el PAP en la segunda mitad del siglo XX; sí podría, por lo visto, decirse en cambio que los vaivenes de otros partidos -el Partido Popular Cristiano (PPC), antes que ser castigado por el electorado en 1995 y el 2000, decidió no participar- fueron también los vaivenes apristas.Ante todo, es pertinente señalar que el análisis de este artículo se centra en la trayectoria del Partido Aprista Peruano (PAP), por lo que la utilización del término APRA (siglas de Alianza Popular Revolucionaria Americana, movimiento fundado por Haya de La Torre en México, en 1924) obedece a un eufemismo para llamar a la mencionada agrupación. El enlace mental no es casual: el sueño de Haya era generar una corriente de pensamiento de alcance indoamericano, en términos del histórico líder. Y aunque en el origen de partidos que hoy gobiernan en sus países -como el Socialista en Chile o Liberación Nacional en Costa Rica- hubo extracción y filiaciones apristas, lo concreto es que sólo en el Perú logró establecerse una base doctrinaria sólida que persistió en el tiempo como continuadora de la obra y el discurso iniciales."El APRA es el único partido con verdadera organización interna"SÍ, ¿PERO ESO ALCANZA?De hecho, si el análisis se ciñe estrictamente a la normativa vigente, un partido político no requiere ideología, doctrina ni organización para ser entendido como tal por la autoridad electoral. En la misma línea, el aprismo ha demostrado a lo largo del tiempo –acaso como herencia de los tiempos de persecución- unidad en la coordinación invisible entre sus miembros, ésa que muchas veces define elecciones a boca de urna. Pero también hay demandas visibles que definen la categoría de una agrupación política. "(Luis) Bedoya Reyes decía que un partido político está constituido como un trípode de tres patas por tres componentes: el pensamiento doctrinario, el programa de gobierno y una organización con liderazgo democrático. No siempre el APRA ha demostrado reunir estas tres condiciones de una manera cabal, y ese es su reto para durar y prosperar", opina Antonino Espinosa, fundador, dirigente e ideólogo del PPC. En su opinión, los grupos políticos peruanos le deben, en general, esta triple definición al país. En opinión de Fernando Tuesta Soldevilla, ex jefe de la ONPE y catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, si se asume –en estricto sentido teórico- como definición de partido político a una agrupación cuyos miembros se reúnen con el objetivo de conferir poder a alguien vía elecciones, se admitiría la existencia de muchos partidos políticos en el Perú. "Pero al partido se lo convierte en tal con el adjetivo: organizado, democrático, ideológico. El PAP ciertamente es el que reúne mayores condiciones; pero otros como el PPC o AP también reúnen atributos parecidos en el marco de un sistema de baja institucionalidad como el peruano", añade Tuesta."El APRA es el único partido con base regional de alcance nacional"EL NORTE NO ES TODO EL PERÚ, Y YA NO ES SÓLO APRISTA.Sin embargo, el aprismo no es el único partido que ha logrado una identificación local: Acción Popular tiene una fuerte base en la selva, que incluso logró que el Frente de Centro alcanzara una muy alta votación en Iquitos (cercana al 20%, más del doble de su promedio nacional) en las últimas elecciones presidenciales. Es verdad, Fernando Belaunde apostó por la Selva y la carretera Marginal le rinde réditos políticos hasta hoy; pero también lo es que los gobiernos regionales apristas están casi completamente localizados en los departamentos de Costa. Apenas Cajamarca, Amazonas, San Martín y Ayacucho son excepciones a la regla, por lo que el dominio aprista genera casi una partición perfecta del mapa político del país –sin entrar a hablar de la baja representatividad política existente con el Sur Andino, ya tratada en extenso en esta revista (Perú Económico octubre 2008). De hecho, las proporciones en afiliados oficiales a los padrones inscritos en el Jurado de Nacional de Elecciones a la fecha –con lo poco representativas que puedan resultar, son el único dato objetivo sobre magnitudes partidarias- muestran una relación entre el PAP, el PPC y AP menos clara a favor del partido de la estrella de lo que podría haberse supuesto: 303,370 para el primero, 218,200 para el segundo y 167,659 para el tercero.Sin perjuicio de todo lo anterior, un detalle puntual de la coyuntura política actual hace pensar que –acaso por efecto de la globalización de las ciudades- el piso sólido regional del APRA no es el mismo de siempre. En los últimos comicios regionales, perdió la Región Lambayeque a manos del Partido Humanista de Yehude Simon, a quien ahora ha llamado a su gobierno en un movimiento de piezas que en alguna medida tiene un componente estratégico. Y sobre todo, perdió la alcaldía provincial de Trujillo, en manos del independiente César Acuña. "La derrota en Trujillo ha sido golpe electoral más duro de la historia del APRA, incluso más que el 1.4% de Abel Salinas en el 2000. Para partidos con ese tipo de mística, los símbolos son fundamentales", opina Tuesta. Las raíces de Haya de La Torre hicieron que Trujillo irradiara su discurso político al resto del país, y que con el tiempo se fuera configurando el llamado "Sólido Norte", concepto que representa la unidad de votación existente en las ciudades importantes al norte de Lima en torno del símbolo de la estrella. Es imposible discutirlo: el PAP ha tenido la preeminencia en los principales cargos locales en la zona. Inclusive, Lisa North, en su tesis Orígenes y crecimiento del partido aprista y el cambio socioeconómico en el Perú (1970), encuentra evidencia para correlacionar el progreso económico de la Costa Norte con la explosión aprista a nivel nacional."El APRA es el único partido que ha sobrevivido después del retiro de su fundador"FALSO.Pero amén de las estadísticas –capciosas por naturaleza-, en este punto puede volverse a la inquietud inicial, planteada en términos convencionales: ¿lo que existe hoy es aprismo o alanismo? "El APRA de hoy tiene un plus en el caudillismo de García. Pero éste, a su vez, ha debilitado mucho su relación con las bases del partido: gobierna básicamente él, y las que existen son relaciones institucionalizadas con él", opina el sociólogo Sinesio López. Así, puede leerse la situación tanto en términos del tan mentado "giro a la derecha" que ha dado el mandatario en este gobierno como en la intención de evitar niveles de burocracia partidaria como los que se alcanzaron en el periodo 1985-1990; pero en el seno de la Casa del Pueblo, es muy posible que existan algunos disentimientos. Nuevamente los resultados electorales sugieren lo contrario. Es verdad que Alan García ha conseguido lo que Haya nunca pudo: ocupar la presidencia, y con eso ha renovado el liderazgo dentro del partido. Pero el PPC, después del retiro de Luis Bedoya Reyes de la política activa, también ha conseguido superar sus propios estándares de crecimiento electoral. A saber: el histórico líder socialcristiano obtuvo votaciones a nivel nacional de 9.6% en 1980 y 12% en 1985, las dos elecciones presidenciales en las que participó. Lourdes Flores, su heredera en el partido –impulsor principal de la Alianza Unidad Nacional- ha conseguido votaciones de 24.3% en el 2001 y 23.8% en el 2006. Ojo: la única vez que García superó el 33% de Haya fue en 1985."El APRA es el único partido que vota en bloque, y por eso va a decidir quién será el próximo presidente"QUIÉN SABE.Es imposible olvidar que, como se mencionó, el APRA ha sabido torcer votaciones a lo largo de la historia hacia candidatos que no fueran propios –Bustamante, Prado, el propio Fujimori-. Olvidar que Luis Alva Castro, protagonista del desastre económico del primer gobierno aprista, habría sido muy probablemente el presidente del Perú entre 1990 y 1995 si no hubiera aparecido el outsider de Cambio 90. ¿Pero este gobierno –que parece no estar preocupado por generar una sucesión en el partido- dejará saldo al interior del aprismo para endosar ese supuesto "20%" con facilidad? La forma en que discurran los dos años que se avecinan en Palacio, a la par de una potencial crisis económica tendrán, con seguridad, mucho que ver con ello. El presidente García desató polémica en los últimos días al declarar que un mandatario en el Perú "no puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiere". Más allá del sentido literal que el escándalo periodístico haya querido darle al asunto, es muy posible que el presidente haya estado pensando en el peso del caudal de votos aprista, que en las primeras encuestas de IPSOS Apoyo Opinión y Mercado para posibles candidatos presidenciales del 2009 aparece disgregado entre distintas tiendas políticas.
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