El agua es un recurso bastante complejo. No tanto por su composición (dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno… ¿Cuán complicado puede ser eso?) ni por su procedencia, sino que para distintos sectores de la población tiene distintos significados. Para un campesino en la sierra puede significar la diferencia entre una campaña mala y una provechosa. Para un ama de casa en uno de los poblados que aún no se conecta a la red de servicio puede significar horas de caminata al punto en el que el camión cisterna repartirá (y cobrará) por él. Sea como sea, es lamentablemente indiscutible que poco a poco el agua será un recurso cada vez más escaso. Los más exagerados dirán que en un futuro las guerras por agua serán frecuentes. Y si uno ve cómo se pelean pobladores de provincias peruanas vecinas para definir el control de un río, quizá no haga falta apuntar muy lejos en el tiempo. Este escenario es en realidad una llamada de atención para tomar conciencia de lo importante que es comenzar a manejar de manera más eficiente este recurso a todo nivel. A nivel urbano, siendo más responsables y evitando su desperdicio. En el campo, Eduardo Zegarra, de Grade, insiste en una serie de medidas que hay que dictar para incentivar un uso racional del agua para el riego. Éste es el momento de tomar acción, de tal manera que en el futuro no se dé el hipotético deprimente futuro que Michael Moore describe en su libro Dude, where is my country?, en el que los niños resienten a sus abuelos por no haber sido responsables en su momento.El mundo no espera a nadieEn el año 2003, la siempre tan preocupada Naciones Unidas sacó un documento titulado World Water Development Report, el cual también se encuentra disponible en su página web. Tres años después, en la segunda versión del mismo documento, advierte que en apenas ese limitado lapso la situación se ha deteriorado considerablemente. Esto se evidencia en los grandes desastres naturales relacionados con agua que hubo en esos 36 meses: en el 2004 hubo un tsunami en el Océano Índico; entre el 2004 y el 2005 hubo huracanes en el Caribe, en el Pacífico Occidental y en los Estados Unidos; en el 2005 se inundaron zonas de Europa Central y Oriental. Ésos y otros incidentes son un recordatorio del poder destructivo del agua y de la miseria que se deriva de no preocuparse por él, tomando las medidas necesarias. Lo preocupante, según el documento de la ONU, es que las causas son en realidad una combinación de razones a nivel global que hacen muy complicada la solución final.La situación se vuelve más compleja si se toma en cuenta que las decisiones se toman a muchos niveles. Para empezar, para poder abordar el problema efectivamente hace falta que los gobiernos acuerden políticas entre ellos. Eso de por sí ya es terriblemente difícil, porque distintos países tienen distintos modelos de desarrollo, algunos más compatibles con el cuidado del medio ambiente que otros- recordemos la negativa de Estados Unidos a participar del histórico protocolo de Kyoto-.Luego, dentro de un mismo gobierno se tienen que poner de acuerdo los distintos departamentos o entidades que lo componen. En el Perú tenemos múltiples buenos ejemplos de eso. Por ejemplo, si bien el gobierno hace rato decidió reducir la emisión de gases nocivos, hay congresistas que aún abogan por la importación de autos usados –que son los que más contaminan- y hay agencias del gobierno que aún tratan de retrasar la reforma para que los combustibles contaminantes paguen más impuestos selectivos. A esto aún hay que añadirle la descoordinación entre el gobierno nacional y los estamentos subnacionales, de lo cual también abundan ejemplos en el Perú. La administración del agua de las cuencas es perfecta como caso de estudio.Juguemos a predecir el futuroPor todo esto, el futuro presenta dos posibles escenarios con respecto al uso del agua. No hay otra opción. El primer escenario, que llamaremos "sálvese quien pueda", es aquél al que según informes como el Living planet report 2006 de la WWF nos dirigimos con una determinación quirúrgica. Ese escenario en el que los recursos no van a alcanzar es aquél en que la contaminación llevará a que la temperatura siga subiendo, al igual que el nivel de los océanos, entre otras atrocidades ecológicas que son las que seguramente le quitan el sueño a Al Gore y a todos los demás guerreros ambientales que se encuentran actualmente en la arena política luchando por evitarlos. Todos hemos visto los documentales, todos hemos leídos las entrevistas y todos hemos visto las fotos de los glaciares esfumándose. No hace falta ahondar mucho más en eso.El otro escenario es el único que nos podrá salvar de la hecatombe ambiental. Se trata del escenario al que llamaremos "la utopía verde". Ése en el que logramos el nivel de coordinación y comunicación que se necesita para que todas las medidas que urgentemente necesitamos se apliquen y funcionen en la práctica. Para ello no solamente necesitamos creatividad y consideración hacia los demás grupos, sino además un nivel de educación críticamente superior al actual para los temas ambientales. Necesitamos que las nuevas generaciones entiendan la importancia de las pequeñas cosas: no botar basura en la calle, no dejar el caño abierto y no dejar que el desagüe sea arrojado al mar sin pasar por un tratamiento de aguas completo. Conforme los desastres ambientales se vuelvan más notorios y la evidencia del cambio climático sea más indiscutible, más gente caerá en la conciencia de la necesidad de hacer algo concreto para asegurar la sobrevivencia de nuestra generación y de la siguiente. En ese sentido, la labor de aquellas personas que se pasan dando vueltas explicando la información que existe sobre estos temas es heroica. En el Perú tenemos a un poderoso potencial socio en ese sentido con la reciente creación del Ministerio del Ambiente, que se espera supere en efectividad al CONAM. De lo contrario, vayan afilando sus lanzas y descolgando sus escudos. Porque la guerra por el agua será mucho más que un barrio jugando carnavales.En el escenario "sálvese quien pueda" no hay forma de saber lo que sucederá. Puede que se dé la imagen tétrica que presenta el comic underground Tank Girl, en el que una corporación maligna poco a poco se apodere del monopolio del agua, pasando a ser el principal poder dominante del mundo. En ese mundo, a dicha corporación lo último que le interesará será solucionar el problema de la escasez del agua, pues eso implicaría ceder el control que tiene sobre la vida de las personas. Quizá tengamos lo que plantea la clásica novela de ciencia ficción Dune, en la que la tecnología generará formas de aprovechar al máximo la humedad, porque -en fin- no habrá otra forma de sobrevivir y ya no habrá forma de salvar la ecología del planeta.De una manera u otra, lo cierto es que la escasez del agua llevará a mayor tensión y será una razón más para iniciar conflictos en un futuro pesimista. Como suele ocurrir con la administración de otros recursos, aquel que tenga más armas podrá poder tomar el control de las zonas abundantes en el recurso en cuestión. En ese sentido, un partidario de las teorías de la conspiración diría que tiene sentido que a Estados Unidos no le haya interesado firmar el protocolo de Kyoto, pues siendo el país con más armas en el planeta, si el agua comienza a escasear, puede mandar a sus soldaditos a invadir un país tropical, como lo hizo con países abundantes en petróleo.O quizá todo sea al revés. Quizá los países abundantes en agua serán las nuevas superpotencias, las que podrán imponer condiciones a los demás países. Quizá lo nuevos magnates del próximo cuarto de siglo sean los barones del agua. Ahora, si consideramos que países como Israel desde hace un buen tiempo vienen perfeccionando tecnologías para aprovechar el agua del mar para el riego o para sacarle el máximo provecho a la humedad, quizá no tengamos que llegar a esos extremos.Normas de uso:
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