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Cuando los goles dejan de ser amores para convertirse en buenas razones, el supuesto pasado glorioso del fútbol peruano se desmitifica y deja de ser tal
<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->Por Roberto Castro Lizarbe
Para varios, el fútbol importa poco o nada. Para otros, el fútbol es lo más importante que existe. Para la mayoría, acaso, es la más importante de las cosas que no importan.
Pertenezca usted a cualquiera de los tres grupos, es altamente probable que haya oído el discurso de que alguna vez, en uno de esos tiempos pasados que siempre fue mejor, las canchas locales fueron escenario privilegiado de un fútbol poderoso, envidia de otros en Sudamérica. Un repaso –crudo, desapasionado– de algunos de los supuestos hitos del balompié peruano puede, sin sudar demasiado la camiseta, rebatir esa idea por goleada.
"El fútbol peruano ya no obtiene logros internacionales"
LA PREGUNTA ES CUÁNDO LOS OBTUVO. La selección peruana jugó su primer partido oficial en 1927. Desde entonces a la fecha, ha obtenido sólo dos títulos continentales: el Sudamericano de 1939 y la Copa América de 1975. El primero lo ganó en Lima, en un torneo en el que no participaron Brasil ni Argentina y en el que su único rival de fuste fue Uruguay –por entonces, la gran potencia del continente–. El segundo lo obtuvo en un certamen de extraño formato que dejó demasiado para la leyenda suspicaz, sobre todo cuando se clasificó a la final tras eliminar a Brasil por sorteo –con la supuesta "balota fría" sacada por la nieta del entonces presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, el peruano Teófilo Salinas–. En lo estrictamente deportivo, ojo: aquel Brasil no estaba conformado por las máximas estrellas de ese país, sino en su mayor parte por una selección de jugadores del estado de Minas Gerais.
En el nivel de clubes, el palmarés es tanto o menos significativo. La Copa Libertadores de América se disputa desde 1960 y el máximo galardón obtenido por equipos peruanos se reduce a las dos finales alcanzadas por Universitario en 1972 y Sporting Cristal en 1997, perdidas en ambos casos. Por ello, los únicos títulos internacionales de un club peruano son la Copa Sudamericana y la Recopa ganadas por Cienciano en el 2003 y el 2004, tras vencer a cinco equipos de renombre en el continente: Universidad Católica de Chile, Santos de Brasil, Atlético Nacional de Colombia y River Plate y Boca Juniors de Argentina. Estrictamente, entonces: ¿cuándo obtuvo logros internacionales el fútbol peruano si no fue hace muy poco?
“El fútbol peruano habría sido campeón olímpico en Berlín 1936 si no hubiera sido por la intervención de Adolf Hitler”
FALSO. Convencionalmente se cree que la selección peruana fue eliminada de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, tras haber derrotado en cuartos de final a Austria, por haberse negado a acatar la orden del Comité Olímpico de jugar nuevamente ese partido debido a que la cancha no tenía las dimensiones reglamentarias, según el reclamo supuestamente presentado por la delegación austriaca. ¿La razón? Según la tradición, una influencia directa del propio Adolf Hitler por negarse a aceptar que un equipo de raza aria, reconocido en la época como uno de los mejores del mundo, fuera derrotado por uno de origen sudamericano en el que había jugadores de color.
La versión anterior ha quedado desbaratada en el tiempo y todas las investigaciones realizadas apuntan a sucesos muy distintos. Una investigación realizada por la revista Don Balón Perú en el 2000, refrendada y ampliada en el libro Ese gol existe, publicado el año pasado por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha mostrado clara evidencia en torno a que la orden de repetir el partido Perú-Austria fue producto de un reclamo del cuadro europeo que nada tuvo que ver con dimensiones de la cancha. La razón, como consta en el acta oficial del Jurado de Apelación, fue la invasión al campo de juego de aficionados peruanos que ingresaron en pleno partido y agredieron físicamente a algunos jugadores austriacos. Eso generó que Austria, en una época en que el reglamento del fútbol no permitía la ejecución de cambios, jugara el tiempo suplementario –lapso en que el Perú anotó los dos goles decisivos– en inferioridad numérica. Los delegados peruanos, además, llegaron hora y media tarde a la cita pactada para presentar su alegato.
Más versiones de fuentes oficiales y de historiadores olímpicos neutrales permiten ahondar en contra de la tesis convencional. Que el reclamo haya sido producido por las dimensiones de la cancha es, además, absurdo porque en el estadio Hertha se jugaron otros tres partidos de la competición sobre los cuales no hubo rectificación alguna. Además, el Jurado de Apelación no dependía del Comité Olímpico Alemán, organizador de los Juegos y sobre el cual Hitler tenía injerencia directa, sino de la FIFA, que controlaba la competición de fútbol; y en todo caso, si el Führer hubiera querido influir sobre algún resultado de la competición, bien podría haberlo hecho con el partido que ese mismo día Alemania perdió contra Noruega, y en el que el equipo local quedó eliminado. Por último, es falso que el Perú haya jugado aquel partido contra uno de los mejores equipos del mundo: esa selección austriaca era de condición amateur y ninguno de sus once jugadores había pertenecido al equipo que dos años antes había sido subcampeón en el Mundial de Italia, el famoso “Wunderteam” que tiempo después Hitler obligó a jugar con la camiseta alemana luego de la anexión de Austria.
“El fútbol peruano siempre ha complicado a los campeones mundiales”
LA CASUALIDAD NO ES CAUSALIDAD, Y COMPLICAR NO ES GANAR. Por esos azares del destino, en los cuatro mundiales jugados por el Perú, la selección ha debido enfrentar a los equipos que a la postre se consagraron campeones.
Así, en 1930, se dice que hizo una resistencia férrea ante Uruguay con notable actuación del arquero Pardón, pero al final perdió 1-0. En 1970, se dice a pie juntillas que jugó el mejor partido de la historia de los mundiales frente a Brasil, pero perdió 4-2; por cierto, la revista británica World Soccer –la publicación especializada en fútbol más prestigiosa del mundo– publicó hace dos años un completo ranking de los mejores 20 partidos de la historia del fútbol, entre los cuales no figuraba el Brasil – Perú y el primer lugar era ocupado por el cotejo disputado entre Italia y Alemania en el mismo Mundial de 1970. En 1982, el Perú empató 1-1 con Italia a falta de seis minutos para el final del partido, debido a un autogol del italiano Collovati. Por supuesto, en este repaso no califica el histórico 6-0 que Argentina le propinó a la selección en el Mundial de 1978, con visita incluida del dictador Jorge Rafael Videla al vestuario peruano antes del partido y que tantas suposiciones ha generado durante los últimos 31 años.
Estadísticamente, lo concreto es que el Perú ha ganado sólo cuatro partidos de 15 jugados en mundiales. Anote las víctimas: Escocia, que jamás ha clasificado a una segunda fase en la competición; Bulgaria, que se demoró seis mundiales (desde su primera participación en 1962 hasta 1994) en poder ganar un partido; Marruecos, que nunca ha sido un participante regular de mundiales y ha sido campeón africano una sola vez; e Irán, que sólo ha ganado un partido en los tres mundiales que ha jugado. Puede seguir celebrando.
“El fútbol peruano es la sombra del fútbol argentino”
DOS PARTIDOS NO HACEN UN VERANO (NI UNA SOMBRA). Argentina sólo ha dejado de asistir a cuatro mundiales a lo largo de la historia: a dos porque se retiró en plena Eliminatoria, a uno porque desistió de participar y a otro porque lo eliminó el Perú. Así como lo lee: aquel recordado 2-2 del estadio “La Bombonera” de Buenos Aires del 30 de agosto de 1969, con los goles de Oswaldo “Cachito” Ramírez, significaron la única eliminación de una selección argentina de una eliminatoria a un mundial de fútbol en el campo, luego de que en Lima el triunfo hubiera sido para el Perú por 1-0.
Sin embargo, es altamente pretencioso arrogarse el rótulo de “sombra” a partir de un hecho que ocurrió hace 40 años y tuvo sus bemoles. Para empezar, que si todos recuerdan los goles de “Cachito”, nadie evoca siquiera el nombre del árbitro chileno Díaz, quien en la última jugada del partido anuló correctamente un gol argentino por carga contra el arquero peruano Rubiños. Ciertamente, cumplió con su trabajo, pero no habría sido raro que hubiera podido tener pánico ante la presión de 60,000 espectadores enardecidos en uno de los estadios más famosos en el mundo por lo incómodo, y en ese caso la historia que contaríamos sería muy distinta.
Luego de ello, el Perú se jugó un partidazo contra Argentina en 1985, cuando lo derrotó 1-0 en Lima y Luis Reyna anuló a Diego Armando Maradona. Pero en el partido de vuelta en Buenos Aires, un nuevo 2-2 dejó más bien fuera del Mundial al Perú y clasificados a los locales. Fuera de ello, el Perú ha derrotado a Argentina sólo tres veces más en 45 partidos jugados en total entre ambos a lo largo de la historia: en el Sudamericano de 1957, cuando el equipo argentino ya se había consagrado campeón y jugaba para cumplir con el fixture; en el Sudamericano de 1963, en la altura boliviana de Cochabamba, que siempre es incómoda para los equipos del Río de la Plata; y en la Copa América de 1997, nuevamente en Bolivia –esa vez en Sucre– y en un certamen en que tanto peruanos como argentinos jugaban con sus equipos alternos.
La evidencia en el nivel de clubes es similar. Aunque se pueda evocar la gesta de Universitario en 1967, cuando derrotó en 48 horas en el propio Buenos Aires a River Plate (mejor dicho, a los suplentes de River Plate) y a Racing Club, en Copa Libertadores. Los números gruesos dicen que los equipos peruanos jugaron contra clubes argentinos 55 veces por dicho torneo: ganaron 11, empataron 12 y perdieron 31. ¿Un 20% de efectividad conforma una “sombra”? A la luz de ello, los triunfos de Cienciano contra River Plate (por Copa Sudamericana) y Boca Juniors (por la Recopa), que –como ya está dicho– pertenecen al pasado reciente, suenan a éxitos que la historia reconocerá como más importantes.
“El fútbol peruano no habría entrado en crisis si no se hubiera producido la tragedia aérea de Alianza Lima”
FALSO.De los 16 jugadores que perecieron en Ventanilla el 8 de diciembre de 1987, sólo tres eran jóvenes con perspectivas de crecer en la selección peruana, con la cual –además– ya habían debutado sin haber causado directamente ningún suceso extraordinario: Luis Escobar, José Casanova y Carlos Bustamante. Para 1987, por otro lado, el campeonato local ya contaba con el excesivo número de 30 participantes, divididos en enrevesados torneos regionales que conllevaron al colapso del sistema en 1991, cuando –con 44 equipos en Primera División y luego de haberse comprobado la existencia de “partidos fantasmas”, que no se disputaban en realidad y cuyos resultados se inventaban en actas– debió reformularse el sistema y reducir drásticamente el número de clubes a 16, un número más cercano a los estándares FIFA.
Por tanto, es más lógico pensar que la crisis actual del fútbol se enmarcó en un contexto de debacle económica del país que afectó directamente a las actividades de entretenimiento, y que más bien ha sido la incapacidad de quienes gestionan el espectáculo para desarrollar estrategias de marketing la que impide recuperar el interés generalizado en este deporte.
“El fútbol peruano hoy está peor que nunca porque no va a un Mundial desde 1982”
NO ES POR ESO. Está, quizá, peor organizado que nunca porque muchas decisiones se toman “al caballazo” y la actual administración de la Federación Peruana de Fútbol incumple sistemáticamente las normas que ella misma promovió (no dejar jugar a los equipos con deudas, exigir a los clubes tener infraestructura propia y divisiones menores y un largo etcétera). Pero en el nivel de resultados, fue hace muy poco (2007) que se consiguió por primera vez clasificar por méritos propios a un Mundial de menores, con lo cual se ratifica que un logro aislado –y la euforia colectiva que ello genera– no soluciona de un porrazo los problemas estructurales que afectan al fútbol en el país.
Con todo, al 2009, el Perú mantiene historial favorable (más partidos ganados por la selección mayor) en el nivel sudamericano sobre países como Colombia, Ecuador y Venezuela, a los que alguna vez –esto sí–- miró por encima del hombro y hoy lo superan claramente, además de Bolivia, con quien se disputa el último lugar del continente en cuanto torneo se disputa. Pero cuidado: colombianos (en los ochenta), ecuatorianos (en los noventa) y venezolanos (en la década actual) acometieron procesos de largo aliento para renovar sus estructuras futbolísticas, con técnicos que se mantuvieron años en sus cargos al margen de los resultados. Por eso, a veces los partidos no se pierden por retroceder hacia el propio arco, sino por no avanzar hacia el arco contrario al mismo ritmo en que avanzan los rivales hacia el de uno.
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