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-->Lucy Telge es sinónimo del ballet en el Perú. De ello dan fe sus muchos ex alumnos e incluso la Orden del Sol en grado de Comendador que recibió en el 2006. Dirige el Ballet Municipal de Lima desde hace 26 años y tiene más de medio siglo enseñándolo. Perú Económico conversó con ella en su academia de Jesús María y recogió un testimonio de intenso amor por el arte, enmarcado en una larga trayectoria dentro del difícil mercado cultural de Lima -sin caer en el intento-.

Por Héctor Collantes
Sí, bueno… He comenzado a los tres años pero estoy dedicada íntegramente desde mucho después. Al principio lo hacía porque a mí mamá le gustaba; yo de chica era floja y me sacaron de la academia porque no aprendía nada. Tenía tres años pues, muy chiquita, no se puede aprender gran cosa. Estaba con mi hermana y a ella sí le gustaba. Un día la profesora llamó a mi mamá y dijo: “Señora, está perdiendo su tiempo y dinero con esta chica, porque no aprende nada”. Entonces me sacaron de la academia. Pero cada vez que había funciones a fin de año siempre había alguna niña con sarampión o algo así, y me llamaban, yo aprendía el baile rapidito y salía a bailar. Eso sí me gustaba, a diferencia de practicar todos los días. He aprendido como una chica cualquiera.
Lo tomé más en serio cuando comencé a estudiar en la Asociación de Artistas Aficionados. Allí bailé hasta que me casé y mientras bailaba también estuve enseñando. Comencé a enseñar en 1958, por lo que ya cumplí los 50 años desde mi primera clase. Después me llamaron para enseñar en el Colegio Santa Úrsula donde había estudiado, luego fui al Beata Imelda en Chosica y luego desde aquí (su casa en Jesús María).

Se me ocurrió lanzar el Ballet Municipal porque en ese momento sólo había ballet moderno; su director creía que el ballet clásico no podía hacerse acá porque el físico peruano no era apropiado para hacerlo o porque había tantos problemas con los zapatos de puntas que sólo se dedicaban a hacerlo en el Ballet Nacional. Yo pensé que así como en Chile había un Ballet Municipal moderno y otro clásico, podíamos hacer lo mismo para que no me nieguen la entrada al Teatro Municipal. ¿Por qué no hacer una compañía clásica municipal? El arquitecto Orrego (alcalde de Lima por entonces) lo tomó muy bien y la resolución salió firmada el 29 de marzo de 1983. Acabamos de cumplir los 26 años.
Más dinero sería muy útil. Es una parte fundamental y le permitiría crecer a la oferta, pues ya existe interés del público y gente que trabaja en esto de mucha calidad. Invertir en una obra es muy caro, cierto, y podría no recuperarse el dinero en la primera temporada. Pero todo el escenario o vestuario ya está allí para una segunda oportunidad que pueda presentarse o una tercera donde casi toda la taquilla es ganancia. Esto no puede hacerse en la danza moderna, en la que no se invierte mucho en producción y donde los bailarines cambian muy rápido.
¿Qué le diría a los que pensaban que en el Perú no podía hacerse ballet?
Que sí era posible, ¿no? Que queriendo hacer las cosas todo se puede. Eso y gracias a la ayuda de mucha gente que me ha dado la mano incondicionalmente. En este momento el alcalde nos apoya, no de manera financiera porque el Municipio no tiene más medios, pero nos ha construido un salón lindísimo en el teatro donde se puede trabajar muy bien, y nos dan el teatro Segura para todas las funciones que necesitamos. Nos valoran; hemos pasado por épocas en que no nos tomaban en cuenta para nada y era difícil empujar y empujar contra la corriente.

Porque lo veo. Hemos hecho mucha labor de difusión por los distritos más populosos de la ciudad con un escenario portátil. Cierto, no es lo mismo y se pierde la magia del teatro, pues al aire libre no se puede poner los decorados o la iluminación. Hemos hecho mucha labor en ese sentido y si tú vas a esas funciones te das cuenta de con qué avidez mira la gente al espectáculo; es lindísimo ver ese entusiasmo.
Quizá hay quienes no saben mucho del tema y por eso no gastan en algo que les puede gustar, o piensan que deben ir muy bien vestidos y no tienen vestidos suficientemente elegantes; pero ahora en el teatro vas con la ropa con la que irías a hacer las compras. Por eso, al mostrarles lo que es el ballet, así no sea en su totalidad con luces y decorado, les da una impresión muy buena y muchos de ellos van a vernos al teatro. Lo digo con toda seguridad porque es enorme la cantidad de gente de San Juan de Lurigancho, Comas, Los Olivos, San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo y Villa el Salvador que se inscribe en las hojas que repartimos antes de las funciones para que se suscriban a novedades. Sabemos que han ido y les ha gustado el espectáculo porque quieren seguir recibiendo información.
No creo que el ballet haya influido en que la mujer se libere más, pero sí creo que sin mujeres con mayores libertades no se habría podido llegar a hacer todo lo que estamos haciendo. Antes las mujeres no tenían opción para dedicarse a estas cosas. Mi abuelo le prohibió a mi madre que hiciera ballet porque no quería que su hija se subiera a un escenario, pero eso no me pasó a mí e incluso mi esposo me dio todo su apoyo en esto. Diría más bien que la existencia de más interés por ver y aprender ballet es un reflejo. No es una causa, ni se opone a esa corriente: es una muestra más de la liberalización de la mujer.
Al menos, no es nada fácil. Debes aprender por mucho tiempo y disfrutarlo durante muy poco. Debes estudiar por lo menos ocho a diez años –o sea, más que una carrera universitaria de cinco años– y puedes desarrollarte mientras eres joven, como un futbolista. Un pintor puede pintar hasta que blanquee canas, pero una bailarina no puede hacerlo. Además, no siempre tuvimos suficiente apoyo. Hace 20 años, con los problemas de las guerrillas la gente no quería ir al Centro sin importar cuánto invirtiéramos en publicidad. Ahora las cosas han cambiado: tenemos mucha acogida y entre 15 a 20 funciones llenas. También hay más interés por aprender.
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Las piruetas de Lucy TelgeLucy Telge Luna nació el 30 de marzo de 1935 en Lima y es la segunda de cuatro hermanos. Creció en la Hacienda Cueva, donde se sembraba algodón y uvas (ahora el Museo Larco), “en medio de travesuras y alegrías”. Comenzó a bailar ballet a los tres años pero la sacaron de la academia “porque era muy floja”. ![]()
Luego de dictar en la Asociación de Artistas Aficionados, fundó su propio estudio de ballet en 1967 y más tarde, en 1983, el Ballet Municipal que dirige desde entonces “y hasta que me alcance la vida. Comenzamos sólo con 5 bailarinas y 5 bailarines, de administración sólo estaba yo. Ahora ya son 50 bailarines y de 10 a 12 personas de administración entre el pianista, el jefe de escena, la secretaria, la señora que hace lo vestidos, la que los conserva…”. En su labor, ha conocido a importantes personajes del ballet como Alicia Alonso, Fernando Bujones o Azari Plisetszky, pero recuerda con cariño y admiración a Esther Gnavi, su profesora de ballet. En el 2006, recibió la mayor de sus condecoraciones: la Orden del Sol en grado de Comendadora por parte del Estado peruano. “Ese premio reconoce al ballet en general. Es bello ver cómo en el Perú empieza a reconocérsele como algo importante”. Debe a su madre su amor al ballet y recuerda con afecto cómo su padre la esperaba en el carro hasta la madrugada cuando no quería dejar de bailar en una fiesta. Guarda mucho cariño por sus hermanos y considera que el amor de su esposo fue lo mejor que le ha pasado en la vida. “Al ver los años vividos, constato que me siento satisfecha de los logros que he obtenido. Pero admito de igual forma que aún me faltan algunos años por seguir trabajando en lo que siempre ha sido y será mi pasión, el ballet”. |
Ocurrió en Lima, cuando a una bailarina que se le rompió el botón del fuste del vestido. Ella sentía que se le caía y no podía hacer nada. Así, continuó bailando hasta que tuvo que sacárselo en plena función. Claro que llevaba un vestido debajo, pero el fuste era para levantarle la falda. Aunque también ha habido caídas, lo cual es más común en el ballet. A mí misma me pasó una vez que tuve una presentación en Arequipa y debía hacer una pirueta desde el suelo en un escenario muy inclinado del que me caí de narices. Fue muy gracioso.
En el ballet debes ser muy atrevida, es cierto. Pero, en general, yo he tenido mucha cautela. No me he metido en cosas que podían salir mal. En ese sentido, no creo que me arrepienta de algo en particular. Aunque, tal vez sí podría arrepentirme de haber sido tan floja y no haber estudiado desde chica. Me siento agradecida, más bien, de haber tenido la suerte de trabajar con tanta gente muy capaz y talentosa como Jimmy Gamonet, quien ahora enseña en Miami, o como Vania Masías.
sra lucy mi mas afectusodo saludo en nombre de nuestro señor jesucristo debo decir que usted es gran ejemplo para la juventud peruana mi nombre es carlos sanchez soy fabricante de ropa de ballet me daria mucho gusto conversar con usted si dios lo permite mi numero es 996463026 4267497 0 998783388 que tenga un buen dia y que dios siga bendiciendola
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