
NUEVA YORK. Las tibias señales de que el ritmo de contracción económica se está reduciendo en los Estados Unidos, China y otras partes del mundo han llevado a varios economistas a predecir que volverá a haber crecimiento positivo en Estados Unidos en el segundo semestre, y que en otras economías avanzadas ocurrirá una recuperación similar. El consenso emergente entre los economistas es que el año próximo el crecimiento se acercará al índice de tendencia de 2.5%.
Los inversionistas están hablando de “aciertos” en el camino hacia la recuperación y de positivos “derivados secundarios de la actividad económica” (la contracción económica ininterrumpida es el primer derivado negativo, pero el ritmo más lento sugiere que se está por tocar fondo). Como resultado, los mercados de valores han comenzado a repuntar en los Estados Unidos y el resto del mundo. Parecen creer que hay luz al final del túnel para la economía y para las adoloridas utilidades de las corporaciones y las firmas financieras.
Mi opinión es que este optimismo no se apoya en los hechos. De hecho, veo que, si bien el ritmo de contracción bajará en valor absoluto de -6% en los últimos dos trimestres, el crecimiento estadounidense seguirá siendo negativo (alrededor de -1.5% a 2%) en el segundo semestre (a diferencia del optimista consenso de que será superior al 2%). Más aun, el crecimiento el año próximo será tan débil (0,5 a 1%, a diferencia de la opinión generalizada de que será de un 2% o más) y el desempleo tan alto (sobre el 10%) que todavía sentiremos que estamos en recesión.
En la Eurozona y Japón, las perspectivas para el 2009 y el 2010 son incluso peores, con un crecimiento cercano a cero incluso el año próximo. China tendrá una recuperación más rápida más entrado el calendario, pero el crecimiento alcanzará apenas un 5% este año y un 7% el próximo, muy por debajo del promedio de 10% de la última década.
Considerando este sombrío panorama para las economías más importantes, las pérdidas de los bancos y otras instituciones financieras seguirán en aumento. Mis últimas estimaciones son 3.6 billones (millones de millones) de dólares para los préstamos y valores emitidos por instituciones estadounidenses, y 1 billón de dólares para el resto del mundo.
Se dice que el Fondo Monetario Internacional, que este año revisó al alza su estimación de pérdidas bancarias (de US$1 billón a US$2.2 billones), anunciará una nueva estimación de US$3.1 billones para activos estadounidenses y US$0.9 billones para activos extranjeros, cifras muy similares a las mías. Según esto, muchos bancos estadounidenses y extranjeros son, en la práctica, insolventes y tendrán que ser intervenidos por los gobiernos. La crisis crediticia durará mucho más si mantenemos con vida a bancos "zombies", a pesar de sus enormes y continuas pérdidas.
Dadas estas perspectivas para la economía real y las instituciones financieras, el último repunte de los mercados accionarios estadounidenses y mundiales se debe interpretar como el repunte de un mercado a la baja. Por lo general, los economistas bromean diciendo que el mercado accionario ha predicho 12 de las últimas nueve recesiones, ya que a menudo caen abruptamente sin que siga a eso una recesión. Sin embargo, en los últimos dos años el mercado accionario ha predicho seis de las últimas recuperaciones económicas engañosas; es decir, seis repuntes de mercados a la baja que finalmente terminaron en nuevas bajas.
El último “rebote por inercia” del mercado accionario puede durar un poco más, pero tres factores harán que en su momento vuelva a bajar.
Primero, los indicadores macroeconómicos serán peores a lo esperado y el crecimiento no se recuperará tan rápido como lo espera la opinión de consenso.
Segundo, las utilidades y ganancias de las corporaciones e instituciones financieras no se recuperarán tan rápidamente como lo predice el consenso, ya que el crecimiento económico débil, las presiones deflacionarias y el aumento de los impagos de los bonos corporativos limitarán el poder de determinación de precios de las firmas y mantendrán bajos los márgenes de utilidades.
En tercer lugar, los shocks financieros serán peores de lo que se espera. En algún punto, los inversionistas caerán en la cuenta de que las pérdidas de los bancos son enormes y de que algunos bancos son insolventes. El desapalancamiento por parte de firmas altamente apalancadas –como los fondos de cobertura– las llevará a vender activos no líquidos en mercados sin liquidez. Y algunas economías de mercado emergentes –a pesar de un masivo apoyo del FMI– sufrirán crisis financieras masivas, con efectos contagiosos sobre otras economías.
Así, aunque este último repunte del mercado bajista pueda continuar por un tiempo más, es inevitable que se renueve la presión a la baja sobre las acciones y otros activos riesgosos.
No hay duda de que, en muchos países, las mucho más decididas medidas de política económica (flexibilización monetaria masiva y poco convencional, mayores paquetes de estímulo fiscal, rescates de firmas financieras, alivio de las deudas hipotecarias de las personas y mayor apoyo financiero para los mercados emergentes en problemas) adoptadas en los últimos meses han reducido el riesgo de una cuasi depresión. Ese resultado parecía altamente probable hace seis meses, cuando los mercados financieros globales casi se desplomaron.
Aun así, esta recesión global continuará por un periodo mayor del que sugiere la opinión de consenso. Puede que haya luz al final del túnel –es decir, que escapemos a la depresión y el desastre financiero–, pero la recuperación económica en todo el mundo será más débil y tomará más tiempo que lo esperado. Lo mismo se puede decir acerca de una recuperación sostenida de los mercados financieros.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
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