Por Sin-ming Shaw* Ex profesor visitante en las universidades de Columbia, Harvard, Princeton y Oxford
BUENOS AIRES.- Durante 20 años, los estadounidenses han censurado el “capitalismo de amigos” de los países del Tercer Mundo, sobre todo los de Asia.Pero ahora que esas regiones han mejorado su gobernanza pública y corporativa –en Hong Kong un tribunal acaba de pronunciar una decisión trascendental contra un magnate de las telecomunicaciones que es el hijo del hombre más rico y poderoso de la provincia–, el capitalismo de amigos se está arraigando en Estados Unidos, un país al que el mundo consideró durante mucho tiempo el patrón de la igualdad de condiciones para los negocios.Las “pruebas de estrés” de los bancos estadounidenses que acaban de terminar son sólo la señal más reciente de que el capitalismo de amigos se ha asentado en Washington D.C.
No sorprende que los mercados de valores hayan recibido con agrado los resultados de las pruebas de estrés que el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, aplicó a los grandes bancos de ese país, ya que las conclusiones generales se habían filtrado desde hace algunas semanas.En efecto, la mayoría de los inversionistas profesionales calificó a las pruebas de deshonestas, aun cuando sus posiciones se estaban beneficiando por un mercado al alza.
Incluso, el Wall Street Journal, que generalmente es el partidario más ruidoso de los mercados financieros, descalificó abiertamente la integridad de las pruebas.El Gobierno había permitido a los banqueros “negociar” los resultados, como un estudiante que presentara un examen final y después negociara su calificación.
Se suponía que las pruebas revelarían las condiciones verdaderas de los bancos cargados con valores tóxicos sin auditar en préstamos hipotecarios y derivados financieros.La lógica para aplicar las pruebas parecía impecable.Pero, ¿lo era?
Como sabe cualquier banquero experimentado, un banco bien administrado debe someterse regularmente a “pruebas de estrés” internas para mantener las cosas en orden.Con la crisis financiera se debían haber aplicado pruebas de estrés continuas para mantener actualizados diariamente a los directivos. ¿Por qué, entonces, fue necesario que el Gobierno estadounidense llevara a cabo un ejercicio que los banqueros mismos pudieron y debieron haber realizado mucho mejor y más rápido?
Lo cierto es que las pruebas no estaban diseñadas para obtener respuestas.Los jefes, tanto de Wall Street como de la administración Obama, ya conocían la verdad.Sabían que si se daban a conocer al público las condiciones reales de los grandes bancos, muchos de ellos tendrían que ser declarados inmediatamente en quiebra, lo que requeriría una intervención del Gobierno para evitar un tsunami de corridas contra los bancos.
Pero la administración Obama no quería que se le tachara de “socialista” por nacionalizar los bancos, aunque fuera temporalmente, incluso cuando expertos como el ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Paul Volcker, habían recomendado eso precisamente.Además, nacionalizar los bancos habría exigido despedir a los directores de Wall Street y sus consejeros por mala administración de las firmas.
No obstante, los titanes de Wall Street habían convencido a Obama y a su equipo de que era esencial que ellos siguieran ocupándose de la administración de los bancos para sacar al mundo de la crisis. Lograron pintarse como víctimas del incendio y no como cómplices de haberlo provocado. Geithner y Larry Summers, el principal asesor económico de Obama, comparten la cultura de Wall Street como protegidos de Robert Rubin, el ex Secretario del Tesoro que después fue director y asesor de Citigroup.A ninguno de ellos le resultó difícil aceptar la lógica absurda de los banqueros.
Las pruebas de estrés tenían como objetivo mostrar al público que no había un peligro inmediato de quiebras bancarias.Se esperaba que este mensaje estabilizara al mercado, de forma que los precios de los valores “tóxicos” pudieran llegar a un nivel en que los banqueros estuvieran dispuestos a venderlos.Después de todo, los directivos de los bancos habían afirmado que los precios de los valores eran "incorrectos" y que fijarlos a niveles de mercado castigaría innecesariamente a los bancos.
Hasta ahora, Geithner parece haber tenido éxito con sus “pruebas”, puesto que el mercado de valores, en efecto, se ha más que estabilizado y los precios de las acciones de bancos como Citigroup y Bank of America se han cuadruplicado en comparación con sus valores más bajos.Parece que se evitó la temida implosión de Wall Street.
Pero nadie pensaba seriamente que Estados Unidos permitiría que Citigroup y Bank of America, por nombrar sólo dos, quebraran.De hecho, el mercado de valores tocó fondo el pasado invierno.Los mercados habían considerado como factor de los precios de las acciones la fe en que el Gobierno de Estados Unidos no permitiría que colapsaran más bancos.
Lo que el mundo deseaba era un panorama exacto de lo que valían los bancos y valoraciones a precio de mercado para dar una guía a los inversionistas sobre cuánto capital nuevo necesitaban. El mundo también quería ver que Estados Unidos volviera a tomar el liderazgo en reforzar la ética e integridad empresariales –que tanto escasearon en la administración anterior–.Puesto que los contribuyentes ya habían pagado sumas enormes para rescatar a bancos al borde de la quiebra, y ante la perspectiva de que hubiera más en el futuro, era indispensable llevar a cabo un proceso transparente que revelara cómo se utilizaba el dinero.
Se dice que se han desviado cantidades sustanciales de los fondos públicos de rescate a bancos extranjeros, a Goldman Sachs y a pagar bonificaciones al personal por motivos que no se relacionan con la protección de los intereses públicos.Las pruebas de Geithner no confirmaron ni desmintieron nada de eso.En cambio, parece que ahora los funcionarios públicos se han confabulado con Wall Street para crear un halo artificial de rentabilidad.
Además, el valor de los activos tóxicos sigue siendo tan turbio como siempre.Los principios de contabilidad que solían ser sagrados se han modificado a instancias de Wall Street a fin de permitir que los bancos informen esencialmente lo que quieran.Y ahora se han dado a conocer los resultados de las pruebas de estrés para “demostrar” que los bancos están mucho más sanos.Llamar a esto un esquema de Ponzi puede ser demasiado duro, pero pocos profesionales de las finanzas se han dejado engañar.
Mientras tanto, los jefes de Wall Street y sus consejeros no tienen nada que temer del Gobierno.Por el contrario, ahora son socios del Gobierno en una empresa conjunta para administrar este esquema deshonesto.
Al igual que la fiebre porcina, el capitalismo de amigos ha emigrado de los países corruptos del Tercer Mundo a Estados Unidos, que alguna vez fue el reducto de la gobernanza pública y privada sólida.¿Acaso debe sorprendernos que cada vez se perciba más a China como modelo creíble para gran parte del mundo en desarrollo, mientras que ahora Estados Unidos es considerado un símbolo de hipocresía y dobles raseros?
Copyright: Project Syndicate, 2009.
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