<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->
Por Gianfranco Castagnola*
Hasta hace pocas semanas, muchos analistas vinculados al mundo de los negocios sentían que el Perú avanzaba inexorablemente hacia otra liga, gracias a su excelente performance económica: crecimiento sostenido en los últimos ocho años, grado de inversión, equilibrios macroeconómicos, solidez del sistema financiero, dinamismo sin precedentes en los sectores más modernos del interior del país, reducción de la pobreza, etcétera.
Sin embargo, la crisis de Bagua llegó como un baldazo de agua fría para hacernos conscientes de las tremendas carencias irresueltas que nos aquejan como sociedad y Estado: un sistema político que no funciona como instrumento para procesar y resolver intereses contrapuestos y que, por ello, empuja a los sectores más alejados del poder a canalizar sus demandas a través de actos violentos; un Estado inoperante, que sólo se ocupa de apagar incendios, donde las instituciones no actúan a menos que el ministro se encargue personalmente del problema y donde los gobiernos regionales no asumen el rol que les compete; una parte de la población –históricamente marginada y abusada por gente inescrupulosa– que desconfía del Estado y es ajena a los avances en materia económica; y sectores políticos radicales, sin propuestas consistentes e incapaces de ganar una elección, que pretenden traerse abajo el régimen democrático para “refundar la República”.
Por eso, resulta tan difícil ponerse en el escenario del “despegue definitivo”.Ese escenario está lejano. Chile tiene 35 años perseverando en el mismo modelo económico y 20 años de retorno a la democracia, y aún no es un país desarrollado. El Perú es un país mucho más complejo, institucionalmente inmaduro, y recién hace apenas 19 años empezó a aplicar políticas económicas sensatas. Todavía no hemos llegado a un “punto de no retorno” que nos asegure que, sea cual fuere el resultado de las elecciones, se mantenga una política económica que nos permita seguir creciendo a tasas mayores al 6%, por varios años. Sólo así es posible generar riqueza, empleo y recursos para el Estado, indispensables para mejorar la calidad de vida de la población y para fortalecer sus instituciones. Sólo de esa manera será posible enfrentar los desafíos sociales pendientes.
Aún así, podemos ser optimistas y asumir que la crisis de Bagua se resuelve favorablemente y que en los siguientes meses se crea y asienta un clima político pacífico en el que el Estado y las instituciones van ganando credibilidad y confianza ante la población. Asumamos también que en el 2011 el electorado favorece una opción política que no tiene en su agenda la “refundación de la República”, que no cuestiona los fundamentos de la línea económica y que se compromete a trabajar por mejorar la competitividad de la economía y por resolver los problemas institucionales y sociales pendientes.
Si ello ocurre, no hay razón para que el Perú no haga un “despegue definitivo”, lo que significará progresivas y consistentes mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos. Para empezar, si creciéramos 6% anual durante 20 años, hacia el 2029 cerca de 3 millones más de trabajadores tendrían un empleo adecuado respecto del 2008. Además, habríamos reducido el nivel de pobreza a 13%, similar al que hoy en día tiene Chile.
Por el lado que le corresponde hacer al Estado, la disponibilidad de más recursos públicos permitirá asignarlos a obras infraestructura y –¿por qué no soñar?– de transporte público urbano en las principales ciudades. ¿Será posible contar algún día en Lima con un sistema de transporte masivo que desaliente el uso de vehículos particulares y taxis?
Si la capacidad de gestión mejora, el Estado estará en la situación de brindar mejores servicios públicos: seguridad (disminución de las tasas de criminalidad), atención de servicios de salud y educación. Y también podremos dejar de tener un Poder Judicial tercermundista.
El despegue no estará libre de “dolores de crecimiento”, como ha ocurrido en otros países. Seguramente otros nuevos desafíos surgirán, que demandarán capacidad de gestión del Estado y creatividad.
Normas de uso:
Esta es la opinión de nuestros lectores, no de PERUeconomico.com
No está permitido dejar comentarios contrarios a las leyes peruanas o injuriantes
Su comentario no debe exceder los 1500 caracteres
En 1988, nadie pensaba que Alberto Fujimori sería presidente por más de una década. Quizá lo suponían tantos como los que creían en 1999 …
Leer artículo >El Colca es uno de los destinos turísticos con más potencial de desarrollo en el Perú. ¿Qué hace falta para convertirlo en una maravilla …
Leer artículo >Las organizaciones estudiantiles se multiplican en el país: ¿son sinónimo de desarrollo de nuevos líderes?
Leer artículo >Sector público y sector privado: los dos caminos –acaso no tan contrapuestos– que un líder puede elegir
Leer artículo >Ocho líderes expositores en el CADE Universitario rememoran sus épocas en las aulas y las visiones de liderazgo que tenían por entonces.
Leer artículo >¿Cuál sería la estrategia más eficiente para que un líder sea efectivo en su accionar personal y en el de su organización? Perú Económico …
Leer artículo ><!-- @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } PRE.western {"Nimbus Roman No9 L" } P { margin-bottom: 0.21cm } --> La meca del …
Leer artículo >Para seguir aprovechando el estímulo de las computadoras, se podría investigar la mecánica cuántica (la ciencia) detrás de sus microchips y así mejorarlas (la …
Leer artículo >Las Tecnologías de la Información evolucionan en sus desarrollos corporativos, en tanto que las empresas locales hacen esfuerzos por mantenerse actualizadas y competitivas
Leer artículo >La difícil coexistencia entre regulación e innovación en materia tecnológica
Leer artículo >