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Cuatro ejes de presión

Edición de Julio 2009

No son los puntos cardinales, pero sí conforman una especie de brújula que no necesariamente apunta hacia el norte. Enclavado en el centro de Sudamérica, de cara al Pacífico y con cinco fronteras por custodiar –o aprovechar–, el Perú de hoy asiste al choque de cuatro formas de hacer política y llevar la economía: la pro-mercado, la populista, la china y la brasileña. Y cada una impacta a su manera en la agenda interna

  Por Serapio Cazana

 

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En la última Encuesta del Poder (Perú Económico, setiembre 2008), el presidente venezolano Hugo Chávez figuraba como el extranjero con mayor capacidad de influir sobre el Perú. Se convirtió así en el segundo personaje no estadounidense –luego del francés Michel Camdessus, ex presidente del FMI– en haber ocupado dicha ubicación en la historia de la encuesta que APOYO Publicaciones encarga hace 29 años.

En la misma lista, Evo Morales, presidente de Bolivia, ocupó el tercer lugar, tras el saliente mandatario estadounidense George W. Bush. Ello sugeriría que mientras que la teoría de las relaciones internacionales habla de que en el mundo la caída de la Cortina de Hierro reconfiguró el escenario bipolar a uno multipolar, en Sudamérica cada vez la geopolítica es más entendida por la gente como una de dos bandos claramente diferenciados, alineados a la izquierda y a la derecha en el imaginario colectivo.

En el Perú, no obstante, el escenario es a su vez distinto. Mientras en el ambiente político se discuten los intereses que el llamado eje chavista persigue a través de sus intromisiones políticas o las casas de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), en varias zonas donde estas últimas influyen directamente otras preocupaciones dominan la agenda popular. La construcción de la carretera Interoceánica es una de ellas, puesto que significará la integración con Brasil y la apertura directa al comercio exterior para pueblos que no lo conocen.

Simultáneamente, en la capital, el presidente García llama a Colombia “aliado estratégico”, y en paralelo compite por sonrisas con la presidenta chilena Michelle Bachelet cada vez que se refiere al diferendo marítimo en litigio en La Haya. Por su parte, varios sectores del empresariado celebran con tanto o más beneplácito que el promocionado TLC con Estados Unidos el que se ha finiquitado en abril último con China, para adherirse al discurso que habla del Perú como la puerta del Pacífico hacia la integración comercial con Asia.

Sea por ubicación geográfica privilegiada –lo de siempre– o estabilidad macroeconómica –lo de hace poco–, en el Perú confluyen claramente cuatro ejes que inciden sobre su agenda interna de modo decidido.

 

Bolivarianos al ataque

No obstante, Ariel Segal, periodista y analista político internacional, opina que las nominaciones tradicionales no son tan adecuadas para describir la actualidad política de América Latina. “No existe tal cosa como un eje socialista y otro capitalista. Lo que veo es más un país petrolero, monoproductor, y que importa casi todo lo que consume”, señala en referencia a Venezuela. Para él, más bien habría que hablar de países donde la democracia está más o menos fortalecida y de los otros donde ésta atraviesa un notable deterioro.

Pero, no obstante la pobreza teórica que pueda encarnar su llamado “modelo”, Venezuela no deja de preocupar a sus vecinos, en especial a Colombia y al Perú. Desde antes de la elección de Alan García, Hugo Chávez ha hecho manifiesto su interés de intervenir en la política peruana, al menos desde el plano de la arenga. Pero quizá contrariamente a sus cálculos, dicha pretensión favoreció a García mucho más que a Ollanta Humala –con quien frecuentemente se lo relaciona–, en la medida en que el gobierno peruano ha usado la pretendida intromisión para cubrir sus propios yerros.

Durante los últimos hechos de Bagua, por ejemplo, la política nacional volvió a echar mano de la teoría de la conspiración externa para poner a sus adversarios a la defensiva. ¿Pero cuán cierta es la tesis de la conspiración? Carlos Basombrío, sociólogo y analista político, asegura que si bien Chávez tiene la capacidad de influir, el gobierno peruano lo está sobredimensionando. “La influencia de Venezuela y Bolivia más bien perjudica a los líderes y sectores que en el Perú aspiran a ese modelo”, afirma. De similar opinión es el analista internacional Farid Kahhat, quien señala que si las pruebas de la influencia venezolana en el país fueran tan concretas, el Perú ya habría acudido a la OEA a denunciarlas.

Al margen de ello, lo concreto es que la replicabilidad del “modelo” venezolano exige indefectiblemente la subvención, la cual seduce a países de toda escala, desde Argentina –que, de acuerdo con Segal, busca que Venezuela compre sus bonos del tesoro– hasta San Vicente de las Granadinas, cuyo canciller justificó su ingreso a la ALBA diciendo simplemente que el país petrolero le aportaba más dinero que la Unión Europea. En esas condiciones, el venezolano no es un esquema “exportable” a otros países o imitable por ellos, salvo en términos de una ruptura del orden constitucional que facilite la reelección de un gobierno.

En cuanto a Ecuador, aunque es afín a las políticas venezolana y boliviana, no hay mayores cuidados. Las relaciones con Quito están en un buen momento, incluso después de las medidas unilaterales por parte de Ecuador que afectaron a las exportaciones peruanas, que más que agresiones pueden ser leídas como mecanismos –discutibles– de manejo económico interno. Al parecer, ello indicaría que Rafael Correa es consciente de que su política económica no es sólida y con las recientes medidas arancelarias buscaría subsanarla un tanto, aunque su impronta ideológica es muy grande como para alejarse de Chávez.

El caso de Bolivia es diferente, porque Evo Morales no representa un personaje aislado del radicalismo boliviano: hay movimientos aún más contestatarios que el mismo gobierno y que posiblemente le sigan la posta. A diferencia de Chávez –un militar que llegó a la política– y de Correa –que viene de la academia izquierdista–, Morales se convirtió de líder sindical en presidente, background que no deja de estar presente en sus actitudes y palabras. Y si bien Bolivia no proyecta gran influencia hacia el Perú como un todo, sí le ejerce una presión focalizada en zonas como Puno, dada su composición poblacional aymara y quechua, y sus vínculos comerciales con el país –el 35% de la canasta básica de La Paz proviene del circuito Arequipa-Cusco-Puno (Perú Económico octubre 2008)–.

 

Carnaval y sambas

El otro eje regional con pretensión de modelo propio es Brasil, país con el cual el Perú comparte más de 2,800 km de frontera y que, por su población y por la dimensión de su economía, es la gran potencia sudamericana. Se dice que es uno de los pocos países que tiene buenas relaciones con todos sus vecinos; de hecho, una encuesta reciente de Ipsos APOYO Opinión y Mercado señala que el 16% de los peruanos –la proporción relativa más grande entre los encuestados– considera que es el país “más amigo del Perú” en la actualidad .

Hasta principios de los noventa, con el vecino amazónico había una “cordial indiferencia”, según el analista Fabián Novak, la cual cambió definitivamente a partir de la alianza estratégica establecida en el 2003. Ahora se ha comenzado a desarrollar un interés mutuo, entre otras cosas, debido a la gran oportunidad que le representarían las carreteras Interoceánicas para llevar a cabo su comercio con el continente asiático, fundamentalmente con China, nación con la cual Brasil ha fortalecido notablemente sus relaciones. Los productos exportables de Brasil –los biocombustibles, por ejemplo– saldrían más rápidamente hacia Asia por el Perú que por Panamá. Incluso para su acceso al mercado estadounidense, el Perú es importante para Brasil, en razón del TLC suscrito con la potencia norteamericana.

Los analistas consultados coinciden en que la política exterior peruana hacia Brasil está bien orientada, ya que ha desaparecido el fantasma de los setenta, cuando el gobierno de Juan Velasco Alvarado congeló los proyectos de construcción de carreteras en el oriente por temor a una potencial invasión brasileña. La “izquierda moderada” que personifica Luiz Inácio “Lula” da Silva, por otro lado, ofrece una alternativa –más política que ideológica– al chavismo.

Además, el hecho de que el gigante sudamericano tenga buenas relaciones con el resto de la región le otorga el papel de moderador adecuado en las tensiones diplomáticas que podrían generarse entre los demás países. El Perú puede seguir ese camino de buena vecindad y seguir ampliando sus mutuos compromisos en desarrollo fronterizo, como los acordados en el 2009 en Acre. Si bien la balanza comercial es aún negativa para el Perú, las exportaciones nacionales están creciendo notablemente hacia Brasil. De hecho, la misma encuesta de Ipsos APOYO Opinión y Mercado ubica al país amazónico en el segundo lugar en las preferencias (12%) para intensificar las relaciones económicas.

 

En defensa del mercado

Con Chile y Colombia el asunto está más definido a favor del Perú en materia económica, aunque algunos analistas, como el especialista en seguridad Andrés Gómez de la Torre, tengan sus cuidados en el aspecto militar.

En ese punto, en términos de gasto militar, si bien el Perú debe tomar en cuenta los montos invertidos en Chile, la hipótesis que maneja Kahhat es que se trata de una estrategia más disuasiva que proactiva en un contexto político y económico como el actual. El analista recuerda que, además, en términos absolutos Colombia ha superado a Chile en gasto militar, aunque allí no existen riesgos mayores de un conflicto externo a pesar de tratarse de un país limítrofe. De hecho, las actuales relaciones con Colombia son similares a las que se tienen con Brasil, ya que también hubo una cordial indiferencia hasta hace pocos años, pero ahora existen acuerdos tácitos de cooperación en defensa y en relaciones comerciales.

En relación con la política económica, Chile nadó contracorriente primero y fijó el modelo liberal en la región; de hecho, su proceso fue bien estudiado por los que estuvieron a cargo del viraje peruano en la primera etapa del gobierno de Alberto Fujimori. Actualmente Chile es uno de los principales socios económicos del Perú, y ya no sólo por las inversiones chilenas en el Perú, sino también por empresas peruanas que empiezan a operar en el sur: en el 2008 las exportaciones hacia el vecino del sur ascendieron a US$1,183.4 millones, de acuerdo con la Asociación de Exportadores del Perú (Adex).

¿Cuánto podría afectar esta situación aparentemente armoniosa el diferendo marítimo llevado a La Haya? Desde la perspectiva de Kahhat, conviene llevar el diferendo marítimo y las relaciones económicas por cuerdas separadas, como se ha venido haciendo hasta ahora. El próximo cambio de gobierno en Chile no vislumbra variaciones significativas al respecto, aun si ganara la derecha, representada por Sebastián Piñera. Ocurre que este último es, ante todo, un empresario con grandes intereses en el Perú, por lo que muy posiblemente estará estimulado a que las relaciones entre ambos países sean cordiales. A ello se suma la ventaja ideológica, ya que la derecha chilena difícilmente sería sospechosa de falta de nacionalismo frente a sus opositores. En general, a ambos países les conviene mantener la turbulencia en el mínimo indispensable, ya que por requisito de la propia corte internacional el proceso tiene un carácter estrictamente reservado. Como el fallo se dará en cinco años, la coyuntura que se genere la enfrentarán gobiernos con relaciones bilaterales posiblemente más consolidadas (¿o todo lo contrario?).

 

Llamado de dragones

Finalmente, en lo que concierne a China, si bien no es parte de una vecindad territorial, su protagonismo económico en la región hace del Perú un espacio propicio para sus intereses en la región. Una vez más, la geografía juega un papel importante, ya que el Perú representa la puerta por excelencia hacia su socio Brasil.

Ya desde comienzos de los noventa, la integración sino-brasileña se ha acelerado notablemente. Incluso se han lanzado satélites de construcción y uso conjunto y actualmente Brasil es el primer socio comercial en América Latina del dragón asiático. Para Basombrío, China no tiene pretensiones políticas en Latinoamérica, y mucho menos se va a interesar en exportar su modelo de gobierno. Simplemente ve al Perú y a los demás países fundamentalmente en razón de sus pretensiones económicas, pues en muchos sentidos practica una economía capitalista.

En abril pasado, el Perú firmó el TLC con el gigante asiático, el segundo que éste suscribió en Sudamérica luego de sellarlo con Chile. Con ello, el dragón asiático pasa a ser el segundo socio comercial más importante del país, y su población de más de 1,350 millones de personas representa un mercado enorme para los productos peruanos, amén de los 15 millones de millonarios chinos que son vistos como un filón por el sector turístico. De hecho, de acuerdo con la Cámara de Comercio Peruano China (Capechi), del total de las exportaciones peruanas a Asia, China ya recibe el 51%, superando notablemente a Japón, que recibe apenas el 16%.

 

3_col1Sangre común

Evidentemente, en el dócil ajedrez regional el Perú debe pactar y dialogar con todos los credos e intereses que lo rodean. Está muy lejos la posibilidad de que América Latina tenga una voz común hacia el exterior; el único punto en que todos parecen estar de acuerdo es en que el mercado es importante, aunque algunos lo hagan desde la mirada estatista, amén de todas sus deficiencias conocidas, proclamando modernidad del siglo XXI en sus procesos pero con resultados del pasado. Hasta los gobiernos autoritarios se sirven del mercado y comprenden su importancia: el Tratado Comercial de los Pueblos (TCP) entre Cuba, Bolivia y Venezuela o la misma existencia de la ALBA –que reúne a un número mayor de naciones– es un reflejo del convencimiento generalizado en torno de las ventajas y de las bondades del intercambio comercial.

Quizá la irreversible globalización ha hecho que los países de la región cada vez se necesiten más, porque hay una sana interdependencia para lograr su desarrollo, al margen de las posiciones políticas. Los flujos económicos y migratorios entre países con problemas diplomáticos entre sí no sólo se han mantenido, sino que han aumentado. En realidad, pues, hay más fuegos artificiales que fenómenos reales, pero ello quizá pertenezca a la misma lógica de la política. Y como el Perú está al centro del tablero, quizá sea testigo privilegiado de ese cuádruple cruce de centellas.

 

2 comentarios

  1. Luis E. Aguilar
    16Setiembre09 19:55

    Aúnque muchos no lo crean, en los proximos diez años se va a crear un eje Brasil-Perú-China que dará mucho que hablar a nivel de América Latina, basado en el crecimiento geométrico poblacional y económico del gigante sudamericano, y su necesidad de competir con USA y la Unión Europea a nivel mundial. Perú es la salida natural de Brasil hacia el continente asiatico tal como California lo es para USA, por lo tanto una vez que exista la infraestructura vial y portuaria en nuestro país, las mercancias fluirán sin parar de Este a Oeste amparados en los TLC y las reglas de la APEC.

    Nuestros vecinos chilenos ya se dieron cuenta de ello y por eso están tratando de monopolizar las privatizaciones de nuestros puertos, pues quieren repetir la historia de LAN quién después de la desaparición de Aerocontinente se ha convertido en la reyna de la aviación comercial peruana. Porqué no serán solo los puertos, sino también los buques mercantes, las compañias navieras, y todos los contratistas del transporte maritimo. Van a dejar los inversionistas nacionales que ésto ocurra?. Pués hay que ponerse las pilas y empezar a realizar Joint-Ventures con inversionistas brasileños, no solo para el transporte sino para crear polos de desarrollo agro-industrial, pesqueros, petroquimicos, etc. cerca a los puertos.

  2. Tomas Rodriguez
    17Setiembre09 19:09

     

    Además no debemos olvidarnos de que los países también competimos por los recursos y mercados globales, por lo que no tenemos todo el tiempo del mundo, si no lo hacemos nosotros, otros los harán. Por ejemplo Panamá viene trabajando en la ampliación del canal para que puedan fluir por allí los buques más grandes del mundo, los post Panamá y con ello mantener una de sus principales fuentes de ingreso. La tarea que tenemos los peruanos no es fácil, los demás jugadores del globo no se mantendrán estáticos, debemos ser rápidos, acertivos y unidos en una visión común superior que nos haga, para el 2021, bicentario de la independencia, una potencia regional.

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