Estudios recientes sugieren que la inteligencia animal es muy superior a lo supuesto
Recientemente, el investigador francés Stanislas Dehaene declaró a la revista alemana Der Spiegel que en el cerebro de un primate existe un verdadero alfabeto. En efecto, el mono podría identificar letras como la E, la F o la O, entre otras. Ello implicaría que la cultura humana en su conjunto no es consecuencia de una total invención abstracta, sino de una disposición biológica ya existente en la red neuronal. Por otra parte, ello abre la discusión sobre la inteligencia en los animales no sólo en términos de su capacidad de adaptación a un medio particular, sino de formas básicas universales que compartirían incluso con los humanos.
Por mucho tiempo, el hombre se preguntaba por qué es el único ser inteligente. Pero ahora, probablemente, tenga que competir con otras especies que al parecer tienen capacidades que hasta hace poco no se les atribuían.
Una interesante investigación al respecto corresponde al profesor Antonio Moura, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. El científico realizó sus observaciones en el parque nacional de Sierra Capivara, en el noreste de Brasil, y encontró que los monos capuchinos son capaces de crear una especie de “cultura”, ya que golpean rocas –unas con otras– para producir ruido con el fin de ahuyentar a los predadores del área. Los investigadores sostienen que dicha habilidad no es un acto instintivo, sino que es aprendida; incluso los capuchinos mayores enseñan la misma “práctica social” a los más jóvenes o a los que se integran al grupo.
Ese uso de piedras como herramientas para conseguir alimentos ya ha sido conocido mucho antes, pero el hecho de buscar un material adecuado y generar una especie de “tecnología” para producir sonido que pueda ahuyentar a sus cazadores o dar aviso a sus compañeros constituye una práctica que por primera vez ha sido observada. Esta costumbre del grupo no está presente en otros grupos de capuchinos, y si los miembros de otro clan son llevados a Sierra Capivara, entonces los recién llegados asimilan la nueva “cultura” mediante la práctica.
Aún se está muy lejos de descifrar el misterio de la inteligencia abstracta del hombre, pero de acuerdo con las investigaciones de Dehaene, la disposición de las neuronas, la cual se ha ido formando en millones de años permite captar una imagen y asociarla a un significado. En el cerebro de un chimpancé, por ejemplo, existen neuronas que son estimuladas por formas geométricas asociadas a las letras del alfabeto. Así, el asa de una taza puede tener la forma de una “T”, un árbol la de una “V”, por ejemplo; reconociendo ello, el animal se va adaptando a su medio de la mejor manera posible.
De manera similar, el alfabeto latino es el resultado de ensayos y errores por muchos más de 5,400 años. Dicho proceso indicaría que la escritura actual, más que una invención, es un descubrimiento: una adaptación de las formas geométricas que el hombre encuentra en su entorno. ¿Por qué, entonces, existen muchos alfabetos y no uno de uso universal? Dehaene afirma que en la pluralidad de representaciones alfabéticas o formas de escritura se describe una regularidad universal subyacente. Dicha tesis estaría apoyada por la investigación del norteamericano Mark Changizi, quien ha investigado 115 formas de escritura y ha encontrado regularidades sorprendentes en los signos.
Otro aspecto importante de la inteligencia animal es la capacidad de reconocimiento propio. Desde hace varias décadas se ha sabido que ello no era exclusivo de los humanos y que la mayoría de primates era capaz de reconocerse en un espejo, algo que también podían hacer los elefantes y los delfines. Pero ahora se sabe que incluso la urraca tiene cierto nivel de autoconciencia. Un equipo de investigadores de la Universidad Goethe, en Alemania, liderado por el doctor Helmut Prior, encontró que la capacidad de auto reconocimiento ha evolucionado no sólo en los mamíferos superiores sino también en las aves, una línea evolutiva que se separó hace 300 millones de años.
Así, los investigadores colocaron adhesivos rojos y amarillos en el cuerpo de la urraca, de manera tal que ésta no pudiera observarla. Pero cuando se le puso un espejo delante, el ave se dio cuenta de que tenía el adhesivo y trató de retirarlo con el pico o sus garras. Sin embargo, el equipo de Prior considera que la autoconciencia tiene grados, y el hecho de que algunas aves tengan esta capacidad no significa que su nivel de conciencia sea similar al que tienen los humanos.
384-322 a.C. Aristóteles afirma que la diferencia específica del hombre frente a los animales es la razón.
1856-1939 Sigismund Freud postula que lo que define al hombre es lo irracional, a un grado mayor que lo racional.
1788-1860 Arthur Schopenhauer promueve los derechos de los animales.
2009 Russell Gray y sus colegas de la Universidad de Auckland observan a los córvidos fabricando y usando herramientas.
2009 Un tribunal rumano juzga a un perro mastín napolitano por producir ruidos superiores a los permitidos por la ley.
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