Un análisis de la relación entre emprendedores y desarrollo económico en el Perú
Por Adriana Roca*
*Analista de Perú Económico
¿Cuántas veces a la semana (por no decir al día) escucha la palabra mype (micro y pequeñas empresas)? Probablemente más de dos, ya que desde hace por lo menos cuatro años ser empresario y ser pequeño en el Perú (y en el mundo), combinados, se ha puesto más de moda que nunca.
Dicha popularidad, además, ha traído consigo varios portavoces de “la causa”, que supone que hacer empresa, tener espíritu emprendedor, o –como es más conocido en todo el mundo– ser un entusiasta del “emprendedorismo” (entrepreneurship) sacará al país de la pobreza. Incluso, sólo en los últimos años han surgido guías prácticas para ayudar y abogar por los emprendedores: Perú.21 lanzó a finales del 2005 un suplemento llamado Pymes21. El Comercio lo siguió y rápidamente estrenó Mi Negocio los domingos y una página dedicada a las mujeres emprendedoras los martes[1], por sólo citar algunos ejemplos. Hoy, entonces, casi cualquiera en el Perú podría ser un emprendedor.
Lo interesante de este fenómeno –relativamente reciente– es que pareciera que toda la parafernalia a su alrededor partiera de la premisa de que, por lo general y en la gran mayoría de los casos, el “emprendedorismo”, en todas sus formas, colores y expresiones, genera desarrollo. Es decir, que el simple hecho de fundar una empresa creará nuevos puestos de trabajo, integrará a personas de bajos recursos a la economía, y aportará a la redistribución de la riqueza.
¿Pero cuál es la contribución (si en realidad existe una) del espíritu emprendedor a la economía de un país y/o de una región?
Más que un debate teórico
Para algunos, “en el nivel macroeconómico resulta cada vez más claro que la iniciativa empresarial es una de las claves para el dinamismo económico y la generación de empleos”, según explica el estudio del 2003 Desarrollo económico e iniciativa empresarial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este documento, además, agrega que “el nacimiento de nuevas empresas genera el impulso para el empleo eficiente de los recursos al elevar el nivel de la competencia en el mercado de productos (…) y acelera el proceso de generación, difusión y aplicación de las innovaciones tecnológicas y organizacionales”.
Con dicha posición coincide Tarun Khanna, profesor de la Harvard Business School. Él acaba de publicar Billions of Entrepreneurs, en el que compara las posiciones emprendedoras de China e India. En el caso de la primera, el Estado es el emprendedor y fomenta (y financia) la creación de riqueza, mientras que en la segunda es básicamente el sector privado el que genera un espíritu emprendedor con un Estado que suele dificultar el proceso de creación de empresas.
En su libro, Khanna argumenta que, según las proyecciones económicas actuales, es muy posible inferir que, en menos de una generación, China e India se convertirán en la economía más grande y en la tercera economía más grande del mundo, respectivamente. De acuerdo con el académico, las proyecciones demográficas basadas en las poblaciones que ambos países tienen hoy en día (1.3 mil millones de personas en China y 1.1 mil millones en India) sugieren que el peso de la economía mundial migrará de las actuales economías desarrolladas hacia ambas economías en el futuro cercano. “Billones (miles de millones) de emprendedores potenciarán esta transición”, asevera el experto.
Y no es cualquier afirmación la que hace, ya que de ser verdad y posible que eso ocurra así (cita múltiples ejemplos para ilustrar que sí puede ser así, incluyendo el caso de Andrónico Luksic para Chile), el statu quo que adquirían los emprendedores no sólo sería de súper estrellas del desarrollo, sino que se convertirían en los agentes económicos más importantes en una sociedad actual, dándole razón al reconocido economista Joseph Schumpeter. La teoría magna de Schumpeter –para muchos, una suerte de profeta económico– supone que los emprendedores están “poseídos por el sueño y la voluntad de fundar un reino propio”, y con eso “se convertirán en los agentes de la innovación”. Según él, la innovación no sólo es la fuerza que impulsa al capitalismo, sino que también catapulta hacia el progreso económico, en general.
Necesidades, oportunidades
Pero para entender bien el impacto que pueden tener estos últimos en la economía hay que saber bien a qué tipo de emprendedores se refiere Schumpeter. “Existen dos tipos de “emprendedorismos” en el mundo: aquel que surge por oportunidad y aquel que sirve para cubrir necesidades, por lo general, básicas”, precisa el decano y director ejecutivo nacional de la Escuela de Empresarios del Instituto Peruano de Administración y Finanzas (IPAE), Iván Mifflin. El primer tipo de iniciativa, dice, es la que genera innovación y tiene un impacto positivo en la economía de un país, mientras que la segunda suele no generar tipo alguno de avance tecnológico u organizacional (hasta puede ser considerada negativa).
Con eso en mente, cabría preguntarse qué tipo de “emprendedorismo” tiene el Perú. Todas las cifras, evidentemente, parecen indicar que en el país la gran mayoría de los esfuerzos emprendedores surgen a partir de la necesidad, lo que no es negativo per se. Según el estudio del 2006 del Global Entrepreneurship Monitor, el Perú tiene una tasa de actividad emprendedora (TEA) de 40.2 por ciento, mientras que el promedio mundial se ubica en 9.5 por ciento (ver gráfico Relación entre la actividad emprendedora y el PBI per cápita). En las conclusiones del estudio se afirma que, si bien la actividad emprendedora en el Perú es la más alta a nivel global, su impacto sobre la creación de empleos está muy por debajo del promedio mundial[2].
Asimismo, el país ocupa el puesto 114 de 131 en temas relacionados con la innovación y con la investigación en ciencia y tecnología, según el último reporte del World Economic Forum. “Los peruanos prefirieron emprender en actividades de comercio y distribución mayorista”, dice el informe, con lo que se confirma que la mayoría de los emprendimientos están relacionados con sectores poco sofisticados, sin muchas barreras de entrada, pero que tampoco generan impactos positivos a largo plazo.
En otro estudio del BID en el que se compara el “emprendedorismo” latinoamericano con el asiático, llamado Empresarialidad en economías emergentes: creación de nuevas empresas en América Latina y el Este de Asia, se encontró lo siguiente: las nuevas empresas del Este del Asia comienzan con un equipo de socios más numeroso que las de América Latina, invierten montos más elevados, crecen rápidamente en términos de volúmenes de ventas, aprovechan más las oportunidades creadas por el entorno empresarial local y compiten con productos o servicios más innovadores (además, suelen estar ligadas a sectores más sofisticados que las de Latinoamérica). “El tiempo utilizado para identificar una oportunidad de negocio en América Latina es un 80% más largo que en los países asiáticos, aunque la vocación empresarial se detecta en edades más tempranas”, reporta el informe. Entonces, si bien en América Latina hay más emprendimientos, el impacto que generan las nuevas empresas asiáticas es mayor y mucho más profundo que en la región latinoamericana. Y justamente la tesis central del libro de Khanna estipula que el “emprendedorismo” es mucho más profundo e impactante en países en vías de desarrollo por el simple hecho de que en éstos hay tanto más por hacer.
Aterrizaje forzoso
¿Qué implica eso para el Perú? Básicamente, que tiene un largo camino por recorrer para pasar de ser un país con emprendedores por necesidad a uno de emprendedores por oportunidades. En ese contexto, si se analiza el gráfico mencionado, se puede inferir que para pasar de ser un país con emprendedores por necesidad se tendría que recorrer toda la curva, en la que mientras el PBI per cápita va aumentando la tasa de “emprendedorismo” va disminuyendo, hasta que finalmente se llega a los niveles de Estados Unidos o Australia o Dinamarca, que tienen altas tasas de “emprendedorismo” –pero no exorbitantes como la tasa peruana actual– y un PBI per cápita muy alto (es decir, cuentan con “emprendedorismo por oportunidad”).
De acuerdo con Mifflin, la relación entre el PBI per cápita y la TEA no tiene una causalidad directa. Pero sí se puede inferir que mientras el país pasa por un proceso de desarrollo, los niveles de “emprendedorismo” tienden a bajar porque ya se está haciendo todo lo que faltaba o necesitaba –como consecuencia, por ejemplo, de lo planteado por la tesis de Khanna–. Es decir, si el país no tiene una vocación verdadera por la innovación y de espíritu empresarial, cuanto más se desarrolle más tenderán a bajar sus niveles de “emprendedorismo” (Japón podría ser un ejemplo claro de esto). Mifflin, no obstante, discrepa de ello y dice que la relación entre desarrollo y “emprendedorismo” es positiva. “Entre más desarrollo hay, el impacto en los niveles de “emprendedorismo” es tangible”, afirma el experto.
Pero si el Perú quiere llegar a obtener emprendedores que logren lo que predica Khanna para China e India, debería hacer una transición en plena época de crecimiento[3] y cambiar el tipo de “emprendedorismo” que tiene. De lo contrario, inevitablemente, transitará por el trayecto de la curva del gráfico. Además, según indicó Khanna en una conversación con Perú Económico, el modelo que debe adoptar el país no debe ser ni el de India ni el de China tal y como se conocen. “Cada país debe ver qué funciona, mirar qué países han tenido fórmulas exitosas y adaptarlas a su propia cultura”, dice el académico.
Enfoques pertinentes
¿Cómo lograr, entonces, hacer ese trayecto hacia un “emprendedorismo por oportunidad”? Para comenzar, no hay que enfocarse en miles de iniciativas empresariales. “En general, yo siempre pensé que entre más emprendedores mejor, pero tras leer The Illusions of Entrepreneurship, de Scout A. Shane, entendí que los emprendedores que realmente importan económicamente son aquellos pocos que crean empresas totalmente innovadoras, y súper exitosas”, dice Luke Johnson, columnista económico del Financial Times.
“Los miles de mecánicos y peluqueros que hay que tienen sus propias empresas pueden ser personas muy valientes, pero en términos de aportar al crecimiento económico, incluso su impacto combinado es nulo”, prosigue Johnson. Por eso, concluye que, debido a ese factor probablemente todas las políticas públicas deberían reorientarse y focalizarse sólo en respaldar a las escasas empresas altamente productivas que tengan un potencial enorme de triunfar y convertirse en las próximas Google. “Sería injusto, pero sin duda más sensato”, puntualiza Johnson.
En lo referido a financiamiento, también han surgido nuevas dudas respecto del verdadero impacto que tienen las microfinanzas –consideradas las aliadas e impulsoras del “emprendedorismo”– en el crecimiento económico. En un reciente artículo de The New Yorker[4], James Surowiecki argumenta que, si bien no hay ninguna duda de que este tipo de préstamos ha tenido un impacto muy positivo en las empresas en el mundo, todavía tiene varias limitaciones serias que podrían poner en duda todo el modelo que usan. El artículo cita un estudio hecho por Kart Boudreaux y Tyler Cowen en el que se encuentra que, en su mayoría, los micropréstamos son usados para asuntos no relacionados con una empresa (mype). “Suelen ser usados para pagar deudas, o la educación de un hijo, pero rara vez se usan para contratar a una nueva persona o invertir en la empresa”, concluyen los investigadores. Por ende, no sirven para su verdadero propósito, que es generar una especie de efecto dominó en el crecimiento de la empresa.
Además, Surowiecki argumenta que el hecho de que el Perú tenga una tasa de 40 por ciento de “emprendedorismo”, mientras que Estados Unidos cuenta con una de 14 por ciento no se debe a que el Perú sea más emprendedor que la potencia mundial mencionada. Simplemente, “es porque el Perú no tiene otras opciones”, sostiene el artículo. Entonces, su sugerencia es que hay que mirar más a las pequeñas y medianas empresas, que tienen más oportunidades de salir adelante –además, de ser más innovadoras– y que, así, el “emprendedorismo” sí catapultará a la economía hacia un verdadero crecimiento.
Para Fernando Villarán, ex ministro de Trabajo, “es necesario aumentar la inversión en innovación en el país”. Al respecto, cabe notar que en el Perú se invierte escasamente el 0.16% del PBI en investigación y desarrollo, mientras que en Chile se invierte el 0.6%, en Brasil el 1.2% y en Israel –un país mundialmente reconocido por sus innovaciones– más del 4.5% del PBI en innovación.
En el Perú, los campos en los cuales se podría innovar son amplios. Basta con mirar a la minería, la pesca y la agricultura para encontrar miles de oportunidades. Pero habría que mirar más allá de lo obvio y ver que en temas relacionados con el medio ambiente, con ciertos deportes (como el surf, por ejemplo) y hasta en desarrollo de software el Perú tiene mucho por ofrecer. Sólo es cuestión de cambiar el chip, empezar a innovar y repensar las políticas actuales para los emprendedores para transitar bien el trayecto hacia el “emprendedorismo por oportunidad”.
[1] En el Perú, prácticamente, por cada hombre existe una mujer emprendedora; mientras que en el resto del mundo, aproximadamente tres hombres por mujer emprendedora, según .... (citar fuente).
[2] En el 2006, más del 68 por ciento de los emprendimientos generó empleo sólo para su propietario, y el 6.9 por ciento de los emprendedores percibe su negocio como un emprendimiento con alto potencial de crecimiento.
[3] Como actualmente, en que está creciendo a tasas de más de 8% al año, y cuyo PBI per cápita avanza rápidamente hacia la derecha en el gráfico).
[4] What Microloans Miss (Lo que se pierden los micropréstamos). James Surowiecki, 17 de marzo del 2008.
El emprendedor peruano debe dejar de ser un emprendedor por necesidad, pasar a la línea de ser un emprendedor por oportunidad y pensar en generar empleo no solo para el propietario, sino para una gran masa de desempleados
las universidades en peru fomentan el exito profesional de sus futuros egresados asumiendo que trabajaran como empleados y no como futuros emprendedores, tenemos que comenzar por alli, el estado tambien tiene que formentar un entorno de empredorismo que practicamente no existe. No se debe vivir de la esperanza que tienen que venir de afuera a crear empresa, aprovechemos nuestro talento humano, pero recordemos que el esfuerzo es no solo del estado si no tambien del sector privado.
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