Cuando observamos a un cardumen de peces en el mar, o a un conjunto de aves en el aire, o a un grupo de niños que juegan en el patio de un colegio durante el recreo, estamos observando un “sistema complejo”.
El análisis de esta calidad –el de la complejidad– se ha vuelto, sorprendentemente, en una de las disciplinas científicas más dinámicas, con crecientes y múltiples aplicaciones: el funcionamiento de variados mercados, la propagación de epidemias, los sistemas ecológicos, la evolución de las ciudades, etcétera. En apenas un cuarto de siglo, y gracias a la enorme potencia de las computadoras más recientes, la complejidad ha dejado de ser una colección suelta de intuiciones metafóricas para pasar a convertirse en una ciencia respetable que ofrece una diversidad de modelos e ideas a partir de los cuales se puede interpretar y entender mejor el mundo que nos rodea.
Todavía los términos se suelen confundir con facilidad. Complejidad no es lo mismo que caos, dificultad o complicación. Lo que finalmente se ha terminado precisando y definiendo como “sistema complejo” es aquel constituido por un conjunto de unidades diversas, que son interdependientes entre sí y adaptables a las circunstancias. Son éstas las cuatro características esenciales de la complejidad: la diversidad, la conexión, la interdependencia y la adaptación. Una máquina complicada, por ejemplo, no constituye necesariamente un sistema complejo si carece de esta última calidad: la adaptación.
Un mejor entendimiento de cómo funcionan los sistemas complejos resultaría de gran importancia porque ellos, actualmente, pueden resultar muy difíciles de predecir y, eventualmente, pueden sufrir grandes traumas: derrumbes bursátiles, huracanes o terremotos, desastres ecológicos, entre otros. Por lo general, estos eventos son tratados como abruptos o imprevistos, como ubicados fuera de la curva de la distribución normal, como hechos de Dios. Actualmente, sin embargo, se viene identificando nuevas ecuaciones que podrían ayudar a explicar estos comportamientos que hasta ahora resultaban impredecibles.
Algunos de estos sistemas complejos suelen adquirir una robustez significativa y también producir fenómenos emergentes que van de abajo a arriba. Por ejemplo, las aves o los peces cuando vuelan o nadan juntos. Hay un aparente formalismo que no es para nada impuesto. Los patrones que tales sistemas pueden adoptar son muy diversos y constituir –como cuando los niños juegan en el patio– una fuente perpetua de novedad. Tales sistemas no se encuentran en equilibrio, pero tampoco resulta muy válido calificarlos de caóticos. Un aspecto muy relevante de los sistemas complejos es que en ellos se puede alcanzar puntos críticos (tipping points) que los transforman radical e irreversiblemente. Por ejemplo, cuando un lago se contamina y pierde toda vida orgánica.
Es obvio que –conforme más diverso, conectado, interdependiente y adaptable se vuelve– nuestro mundo aumenta en complejidad. Y en cualquier sistema complejo resulta imposible predecir el futuro sólo con base en el análisis del comportamiento del pasado. Nadie puede pronosticar con precisión la marcha futura de una economía porque los elementos de ésta, interdependientes y adaptables, ya no son iguales a los que fueron, hasta hace muy poco. Los modelos utilizados hasta hace una década son muy aproximados. Y se basan en una optimización racional y una distribución normal de frecuencias que simplifican sistemas que son por naturaleza complejos y no simples. Pueden pronosticar al 95% de probabilidad, pero el 5% restante puede ser toda la diferencia.
Rick Riolo, del Centro de Estudio de Sistemas Complejos de la Universidad de Michigan, viene construyendo una nueva metodología modeladora, la cual permite explorar crecientemente sistemas complejos. Los llama modelos basados-en-agentes y por agentes entiende a elementos a los que les puede otorgar una limitada memoria, así como cierta habilidad cognitiva, y forzarlos al seguimiento de algunas reglas (las que pueden ser simples y fijas o sofisticadas y adaptables). Tales agentes están interconectados en red y ejercen un comportamiento interdependiente. Los modelos permiten también incorporar los tipping points; es decir, momentos en que el comportamiento de los agentes puede cambiar bruscamente como, por ejemplo, cuando el pánico se generaliza en un mercado.
Comparados con los modelos relativamente simples que se utilizan actualmente, éstos permitirían una mayor fidelidad. Por ejemplo, un inspector de edificios podría simular, en su computadora, eventuales emergencias para así determinar el máximo número de personas autorizadas en un lugar público. Se podría suponer que este número depende del área del espacio, así como del diseño de las puertas disponibles. Rápidamente, se descubriría que un rectángulo de 80 por 20, con puertas por los lados estrechos del cuarto, permitiría a más gente que en un cuadrado de 40 por lado, a pesar de tener la misma área. Es que en un cuarto rectangular, las personas corren a la puerta con mayor orden y fluidez. El cuarto cuadrado, en cambio, aunque la distancia media de cada agente a la puerta sea menor, genera amontonamientos que pueden resultar desastrosos. Y jugando con el modelo, incluso, se puede identificar soluciones que vuelvan más seguros los cuartos cuadrados.
Y de allí a entender mejor problemas más complicados de la economía, los sistemas políticos, las redes sociales o las ecologías, no hay sino un paso. El resultado de cualquier sistema complejo es uno que fluctúa. Podríamos asumir que estas fluctuaciones son eventos del azar, pero ignorarlas tiene el peligro de que pueden generar traumas significativos, para los que podríamos estar mejor preparados, para evitarlos o atenuarlos.
La Teoría de Decisiones era una que tradicionalmente consistía en: determinar un conjunto de opciones; estimar el beneficio de cada opción en cada estado del mundo; computar la probabilidad de cualquier estado del mundo; y efectuar una selección racional sobre la base de ese análisis matemático. Este sistema es uno que funciona bien para escoger cuál computadora comprar, pero no es lo más adecuado para sistemas complejos. La complejidad no es lo mismo que la incertidumbre; es algo que se puede estudiar y modelar.
Brillante artículo Don Felipe, lo complejo no es caótico. Pero, siempre lo entenderemos? o Algún día lo entenderemos? Creo que no.
Excelente enfoque, y podría decirse hasta aterrador, cuando lo vinculamos al complejo sistema ambiental, cada vez mas cercano a "tipping points" relativos al agua, la cultura, el crecimiento poblacional, la contaminación atmosférica, etc, etc.
Ojala que Rick Riolo modele lo ambiental antes que la economía.
El ser humano hace de la creación algo sencillo con muchos defectos para un mundo complejo. Por ejemplo, vivimos en una selva de cemento, con las mismas limitaciones con las que fueron creadas. El caos, las epidemias, etc. se puede predecir, pero no basado en formulas o variables infinitas el cual nos pudiera dar un valor y en función a ello tomar una decisión.
"La naturaleza siempre hará lo que debe de hacer, por que formamos parte de ella"
Sin embargo, muchos seres humanos se preocupan en acumular "riquezas" destruyendo así la creación.
Entender para lo que fuimos creados en más sencillo que todas sus variables o complejidades de este mundo.
AE
No tengo una formación matemática, lo que en otras condiciones quizás no me habría permitido conocer el tema y de haberlo hecho quizás no lo habría entendido, pero por su claridad el artículo ha sido en extremo ilustrativo, felicitaciones Don Felipe.
Ojalá se puedan utilizar nuevos modelos matemáticos para predecir los comportamientos en situaciones complejas y evitar desastres como han manifestado otras personas.
Mientras leia se me vino a la cabeza el modelo matemático de "Psicohistoria" al que se refería Isaac Asimov, en su saga Fundación e Imperio, y las similitudes con el modelo bajo comentario.
Quizás peque de muy imaginativo, me surgió la pregunta de si ¿en algún momento podría utilizarse este modelo para predecir el comportamiento de grandes poblaciones? De ser esto afirmativo, se podrían imaginar una infinidad de aplicaciones para el modelo en distintos campos, siendo quizás uno de los primeros el mundo de los negocios, en el que solemos en aprovechar estos modelos para mejorar nuestros resultados.
En fin, es bueno poder leer estos artículos que no sacan de la rutina diaria y especialmente "divagar" un poco alrededor del tema.
Un saludo
Christian
Tratar de predecir el futuro es lo que muchos de los hombres de negocios e intelectuales desean hacer; para ello se diseñan modelos matemáticos; los sistemas son una forma de modelo que busca explicar fenómemos materiales, sin embargo, estos modelos presentan limitaciones; lo que se trata es de descubrir las leyes de los fenómenos que determinan las conductas o resultados en la sociedad; así por ejemplo, el fenómeno de la corrupción se da generalmente en una sociedad donde prevalece la propiedad privada y existe opresión, también es cierto que cuando uno gana otro pierde; si existen ricos, también habrán pobres.
Saludos
Rafael
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