La historia que no fue

Página libre

Edición de Setiembre 2009
El golpe militar del general Juan Velasco Alvarado, en 1968, se excusó en la desaparición de la “página 11” en el contrato con la IPC. ¿Qué habría ocurrido si la página aparecía?

 

33_col1Por Serapio Cazana

 

¿A quién admiraría Ollanta Humala si el general Juan Velasco no encabezaba el golpe militar en 1968? ¿Es posible que, sin una década de militarismo de izquierda, se hubiera propiciado una economía de mercado a inicios de los años setenta y que los historiadores económicos vieran hoy a los ochenta como el período del despegue antes que como la “década perdida”?

Algunos historiadores opinan que un crecimiento económico habría sido improbable en esa década, y más bien especulan que de alguna forma el general Velasco, sin proponérselo, fue un propiciador de la economía de mercado que maduró en los años noventa. Bastaría ver el proceso con la distancia de algunas décadas para jugar con otras líneas del tiempo.

Naturalmente, las reformas que se iniciaron en 1968 han explicado gran parte de la historia económica posterior, y en buena medida se ha convertido en sabiduría convencional la idea de que después del 3 de octubre del año citado comenzó la tragedia económica de los quinquenios siguientes. Y que de no haberse producido la llamada revolución velasquista, el Perú habría proseguido por la senda del crecimiento anterior.

 

Inicio o culminación

No obstante, una lupa más amplia sobre los libros de historia abre la posibilidad a varios desenlaces. ¿Qué condiciones de los sesenta pueden tomarse como antecedentes para un crecimiento sostenido sin la intervención militar?

Lo curioso es que los últimos años de la década de los sesenta no eran precisamente de bonanza económica ni de estabilidad política. El gran crecimiento económico internacional del mundo de la posguerra comenzó a debilitarse y ello tuvo consecuencias inmediatas en la economía nacional. Después de varios años de déficit en el comercio exterior, las divisas disminuían y el sol se devaluaba continuamente frente a la divisa estadounidense. A ello se sumó la sequía en la costa, la cual afectó no sólo a la pequeña agricultura sino también a la agroexportación. Todo ello agudizaba cada vez más la crisis fiscal, que finalmente se tradujo en el aumento de impuestos y en la paralización de importantes obras públicas.

A juicio de Carlos Contreras, profesor de historia económica de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el contexto internacional se movía muy deprisa: “Todo se modernizaba, mientras que en el Perú la oligarquía no tuvo la capacidad para avanzar en ese sentido. No pudo crear una industria que pudiese absorber la creciente masa laboral que demandaba espacio en la sociedad urbana”. Quizá Manuel Prado, por ejemplo, fue uno de los pocos presidentes que de alguna forma previó esos cambios y organizó las corporaciones departamentales, creó la siderúrgica de Chimbote y otras grandes obras en la capital. Sin embargo, las circunstancias y la configuración social de esa época requerían medidas aun más audaces.

Una de las consecuencias fue que la opinión pública presionaba al gobierno para que los pozos petroleros de la Brea y Pariñas volvieran a dominio nacional.

En julio de 1968 se iniciaron las negociaciones con la International Petroleum Company (IPC), empresa petrolera que ingresara al Perú en 1914 como operadora de la London Petroleum Company. El 13 de agosto del mismo año se firmó en Talara el documento por el cual todos los campos petroleros pasaban a poder de la Empresa Petrolera Fiscal (EPF).

Sin embargo, la IPC seguía manteniendo el poder sobre la refinería y pactó los precios que pagaría por el petróleo refinado. Algunas semanas después, el presidente de la EPF, Carlos Loret de Mola, denunció que en el contrato de precios faltaba una página, la cual supuestamente contenía los derechos de la EPF. Esa fue la famosa “página 11”: perdida, sustraída o simplemente supuesta. Dicho suceso sirvió de pretexto para que el 3 de octubre de 1968 Velasco encabezara el golpe militar contra el primer gobierno de Fernando Belaunde.

No obstante, la historia sin la “página 11” sólo nos interesa para fijar los posibles cursos del destino con todas sus páginas completas, ya que como afirma el historiador José Ragas, el rumbo que se inició con Velasco ya tenía cierta maduración. ¿Pero qué habría sido del país, entonces, sin que las botas entraran en Palacio?

 

Ampliar imagenEl gobierno quimérico

Tal como estuvo configurado el terreno político en aquella época, Víctor Raúl Haya de la Torre habría sido elegido presidente en las elecciones de 1969, especula Contreras, ya que el Apra hizo gala de su capacidad para la negociación y las alianzas políticas, incluso con los partidos de derecha. Así, fue consolidándose como una propuesta viable hacia la presidencia, no tanto quizá por su consolidación política propia como sí por sus alianzas.

No obstante, Haya de la Torre se habría enfrentado al mismo problema de Belaunde. También habría tenido que resolver el “empate técnico” entre el Legislativo y el Ejecutivo, condición que previamente hizo complicada la tarea de gobernar al partido de las lampas. Los analistas creen que el problema iba más allá de las personas y de la década, y ven la causa de la crisis en el sistema político mismo. La Constitución de 1933 no brindaba una salida para cuando se produjera un estancamiento de la gobernabilidad como el producido en ese momento debido a la sistemática censura de los gabinetes de Belaunde por el Congreso. Es decir, el Ejecutivo no podía (como ahora) disolver constitucionalmente el parlamento ante un número determinado de censuras sucesivas. Y el resultado era que el parlamento simplemente bloqueaba las iniciativas del Ejecutivo, mientras que la conducción del país se hacía insostenible.

El padre Armando Nieto, historiador y teólogo de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, busca en su memoria los titulares de la prensa de aquella época sobre las ocupaciones diarias en el Legislativo: “En el Parlamento se dedicaban a redactar felicitaciones para las provincias que celebraban su aniversario y también se dedicaban a censurar los gabinetes. Los ministros duraban muy poco en el cargo porque se los censuraba por asuntos risibles. El sistema mismo parecía agotado, y todos esperaban un cambio. Ello explica la alta aprobación que al inicio tuvo el régimen”, recuerda el sacerdote. De tal modo, un curso distinto en la escena política era –o al menos parecía– inevitable.

En efecto, siendo así las cosas, la tradición política local habría continuado con las mismas prácticas, y así como en el período de Acción Popular la coalición Apra y Unión Nacional Odriísta (UNO) manipulaban el parlamento, los nuevos opositores habrían dispuesto alianzas para lograr lo mismo: hacer imposible la conducción del país. En aquella década, la fragmentación política no era signo de democracia, sino más bien sinónimo de ingobernabilidad.

 

¿Contrarreforma?

En otro orden de cosas, uno de los grandes capítulos por el cual se conoce al período de Velasco es el de la reforma agraria. Los militares se convencieron de que el proceso de modernidad no habría estado completo sin hacer grandes reformas en el sistema de la propiedad de la tierra. El mismo Belaunde ya había iniciado parte de ese proceso, aunque tímidamente; por ello muchos sectores de izquierda lo consideraron insuficiente. Sin embargo, tampoco un Haya de la Torre habría ido más lejos que su antecesor. A juicio de Contreras, quienes se oponían a la reforma agraria siempre se aseguraban de estar bien representados en el legislativo, independientemente de quién estuviese en el ejecutivo. En consecuencia, difícilmente se habría realizado la reforma una reforma agraria fuera de un régimen militar, porque la clase de los terratenientes que detuvieron la reforma de Belaunde seguían teniendo poder.

De todos modos, el Apra habría dado algunos pasos reformistas y esto habría conducido a muchos desenlaces. Por una parte, la oligarquía habría tratado de llegar a un acuerdo con el Apra para que las reformas económicas no fueran tan notorias. Primero hubieran intentado pactar con negociaciones políticas, como lo hicieron con Acción Popular, pero de no haberle dado ello buenos resultados probablemente habrían tocado la puerta de las Fuerzas Armadas. El éxito de este proyecto en frenar las reformas habría exasperado aún más las protestas que surgían en todas partes, y se habría dado paso a radicalismos de diferentes grados y niveles, especialmente en el sur andino.

Por lo demás, los partidos de oposición ya se habían hecho diestros en sacar provecho de la crisis y su ilusión de llegar al poder los alimentaba. Pero el cambio de gobierno los habría frustrado en sus expectativas, y no habrían visto alternativa mejor que radicalizar su oposición frente al gobierno del partido de la estrella. A ello se habría sumado el descontento de las provincias, las cuales ya habían puesto muchas expectativas en un primer gobierno del Apra –cuya opción eran, al menos nominalmente, los obreros, la clase media, los campesinos y los estudiantes–; no es difícil suponer que algún opositor habría llamado a Haya de la Torre “el gobernante de los ricos”. En muchos sectores habrían lamentado que el caudillo por quien habían apostado en 1969 les había fallado.

Esa condición, pues, no habría hecho más que postergar, por pocos años, el ingreso de las Fuerzas Armadas al campo político. Al fin y al cabo, el tema de la “página 11” no fue más que un pretexto para un cambio que la mayoría presentía y esperaba, ya fuera en 1968, en 1969 o simplemente algunos años después. La “página 11” fue como la cresta de la ola, pues la población más informada del momento pensaba que el gobierno no estaba poniéndose a defender los intereses de la mayoría.

En realidad, el tema de los contratos entre el Estado y las grandes empresas y los consiguientes cuestionamientos de la población ha sido recurrente en la historia republicana. Se puede especular que si no se hubiera perdido esa página del contrato el gobierno no habría tenido la imagen de “entreguista” y todo habría marchado bien. Pero lo cierto es que los militares sentían y creían que tenían la “sagrada misión” de entrar a palacio para devolver “el honor a la nación”, y de cualquier forma los años setenta habrían sido suyos.

 

35_col1Adelanto horario

Quizá lo más sorprendente es que una alteración de los hechos, y quitando a Velasco del escenario, habría probablemente adelantado las actividades de Sendero Luminoso, y la violencia terrorista de los ochenta se habría producido en los setenta. El surgimiento de las izquierdas radicales no pasaba desapercibido para las Fuerzas Armadas: en el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) se debatía cómo hacer frente a esos “foquismos” intelectuales de izquierda que aparecían en la urbe y luego migraban a la sierra y la selva.

Estos movimientos radicales ya contaban con sus respectivos héroes fallidos a quienes aspiraban emular. Javier Heraud había intentado hacer la revolución en Madre de Dios con su Ejército de Liberación Nacional (1963). En el seno del Apra, surgió el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), liderado por Luis de La Puente Uceda (1965) y que llevaba en el bolsillo el manual de guerrillas del “Che” Guevara. Por otra parte estaba el Partido Comunista Peruano, fundado por el propio José Carlos Mariátegui, y que ya en los años sesenta era pro-moscovita. También figuraba la facción Vanguardia Revolucionaria, conjuntamente con un arco iris de grupos inspirados por los socialismos latinoamericanos del momento.

Los partidos de izquierda, pues, proliferaban y se multiplicaban, como se describe en la novela de Mario Vargas Llosa La historia de Mayta. Algunos de esos movimientos quizá habrían optado por la lucha electoral, pero sus impulsos de romanticismo político los habrían hecho ineficaces en la realidad. No habrían podido abrirse paso en la más preparada oligarquía limeña y, debido a su intelectualismo urbano, tampoco habrían conseguido un apoyo masivo en la sierra y la selva. Al experimentar esta frustración, optarían más bien por la lucha radical y subterránea, como lo hizo posteriormente Sendero Luminoso, eliminando a terratenientes y a campesinos por igual.

Si agotamos esta posibilidad, para finales de los setenta y principios de los ochenta, el caos nacional se habría hecho insostenible, y tal vez como causa-efecto de todo ello habría surgido un autoritarismo centralizador, ya fuera de parte de un “chino” militar o un “chino” civil. ¿El resultado? En el primer caso, se habría tenido un gobierno estatista, rentista y homogenizador, pero sin competitividad económica. Por su inspiración cubana y soviética, quizá el Perú habría tenido una buena educación y una pésima economía.

En el segundo caso, tal vez el Perú habría más bien apostado por una economía de mercado y habría llegado a la cita una década antes que en la historia real, y el líder habría sido primero héroe y después villano. Obviamente, como se decía en las novelas Natacha o Simplemente María, durante los años del gobierno militar, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 

PARA SABER MÁS:

“El Perú antes de la Reforma Agraria era mejor que el de ahora”, Perú Económico setiembre 2008

 

 

3 comentarios

  1. Rafael Guillén
    16Setiembre09 16:32

    En nuestro país muy pocas veces se revisa la historia de manera análitica. Felicito este artículo por ello. Pero me gustaría añadir que no se puede determinar a una sola variable como la causante de un cambio histórico de la magnitud que se comenta; se requiere más espacio que un solo artículo para exponer todas las causales. Espero que se pueda seguir analizando estos temas; sugiero comparar la distribución de la producción antes del gobierno militar y al finalizar ese mismo periodo.

  2. CARLOS OSCO
    16Setiembre09 18:27

    La famosa pagina 11 no existio, ya que NUNCA pudo demostrarse su existencia, recuerdo que en programas como Pulso (en la epoca de Tealdo) ese tema era recurrente y siempre desembocaba en que era imposible la demostración de la existencia de tal pagina. Me comento un caballero que ya no esta con nosotros que, tal pagina fue un invento muy bien articulado por el entonces ministro del interior y de defensa (ojo que era un solo ministerio y era uno de los ministerios manjados por militares) para que en concordancia con los planes de la cupula militar se pudiera dar el caldo de cultivo final (ya que tal "caldo" se estaba gestando antes del golpe) para que se diera el famoso y lamentable "Gobierno Revolucionario" que nos desgracio economicamente hablado a todos (con el pesimo planteamiento de una reforma agraria que bien manejada pudo haber transformado al Perú de exportador de materia primas no procesadas a Exportador de innumerable productos agricolas en la forma de producto terminado y a eso el valor agregado) lastima que muy pocos historiadores han planteado un analisis pragmatico de tales acontecimientos.

  3. Pablo
    18Setiembre09 09:15

    Muy bueno el análisis de la situacion política, pero le ha faltado un ingrediente que me parece muy importante: la situación moral de la clase política. En efecto, todos los que vivimos esa época y aún antes sabemos perfectamente que los políticos solamente se procupaban por sus propios intereses o por los de su partido y nunca realmente por el País y los gobernantes de turno siempre han estado prisioneros en Palacio de Gobierno de la feroz oligarquía. No justifico el golpe del 68, pero era inevitable y sus consecuencuas hasta la fecha no han terminado de manifestarse. Pero seamos realistas, no fantaseemos como en una película de ciencia-ficción. El Perú ya no es más propiedad exclusiva de pequeños grupos de poder, el sentido de nacionalidad  está creciendo cada vez más y eso a la larga es lo únjico que nos sacará de la condición de sub-desarrollados.  

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