Razones por las cuales Ben Bernanke puede seguir al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos un período más, a pesar de la crisis financiera

BERKELEY. William McChesney Martin, demócrata, fue reelegido dos veces para el cargo de presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos por el Presidente republicano Dwight D. Eisenhower. Paul Volcker, demócrata, fue reelegido por el gobierno de Reagan (pero no dos veces: existen rumores persistentes de que el Secretario del Tesoro de Reagan, James Baker, pensaba que Volcker estaba demasiado interesado en la estabilidad monetaria y no lo suficiente en la producción de economías fuertes en años presidenciales con vistas a la elección de republicanos). Alan Greenspan, republicano, fue reelegido dos veces por Bill Clinton y ahora Barack Obama ha anunciado su intención de volver a nombrar para el cargo a Ben Bernanke, elegido por un gobierno republicano.
Como indica esa historia, es más notable que un presidente de Estados Unidos no reelija a un presidente de la Reserva Federal nombrado por el partido opuesto que reelegir a uno que desee continuar. Las excepciones principales son la de Volcker con Reagan y la de Arthur Burns con Jimmy Carter. La presidencia de la Reserva Federal es el único cargo del gobierno de Estados Unidos en el que se da esa circunstancia: es una señal de su estatuto excepcional como cargo tecnocrático no –o no demasiado– partidista y con un poder y una libertad de elección inmensos: casi una cuarta rama del gobierno, como dice David Vessel en su reciente libro In Fed We Trust (“En La Reserva Federal confiamos”).
La razón por la que los presidentes americanos están tan dispuestos a reelegir a presidentes de la Reserva Federal nombrados por el partido opuesto está estrechamente relacionada –creo yo– con una de las dos cosas que un presidente persigue: la confianza de los mercados financieros en que la Reserva Federal aplicará políticas no inflacionarias. Si los mercados financieros pierden esa confianza –si concluyen que la Reserva Federal está demasiado dominada por el Presidente para luchar contra la inflación o que su presidente no desea controlar la inflación–, las noticias económicas serán, casi con toda seguridad, malas.
Fuga de capitales, subidas bruscas de los tipos de interés, reducción de la inversión privada y desplome del valor del dólar son, todos ellos, efectos probables, en caso de que los mercados financieros pierdan la confianza en el presidente de la Reserva Federal; y si se producen, las posibilidades de que un presidente obtenga la reelección –o un vicepresidente que aspire a sucederlo sea elegido– son muy pocas. Al confirmar en el cargo a un presidente de la Reserva Federal elegido por otro, un presidente de Estados Unidos parece garantizar a los mercados financieros que la Reserva Federal no está demasiado dominada por él, lo que puede ser un activo valioso para un presidente en ejercicio de la Reserva Federal y que ningún otro candidato podría igualar.
Pero los presidentes de los Estados Unidos buscan algo más que un simple compromiso creíble ante los mercados financieros de que la Reserva Federal temerá la inflación y luchará contra ella. Buscan inteligencia, honor y un profundo sentido del interés público y del bien público. El futuro de los presidentes –su capacidad para obtener la reelección, para conseguir otros objetivos políticos y dejar un legado respetable– depende de la fuerza de la economía. Puede ser cierto –o puede que no, en particular en estos días– que lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos y viceversa, pero de lo que no cabe duda es de que lo que es bueno económicamente para Estados Unidos es bueno políticamente para el Presidente.
En eso es en lo que el presidente Barack Obama ha tenido –creo yo– mucha suerte. La de Ben Bernanke es, a mi juicio, una buena elección para la presidencia de la Reserva Federal, porque es muy inteligente, honrado y pragmático y tiene una concepción lúcida de la economía. Ya ha dirigido a la Reserva Federal durante dos años muy tumultuosos y sólo ha cometido un error importante: la quiebra de Lehman Brothers.
El profundo conocimiento que Bernanke tiene de la Gran Depresión y de las crisis financieras es exactamente lo que Estados Unidos –y el mundo– necesitan ahora en la presidencia de la Reserva Federal y su compromiso de no errar subestimando la dificultad de la situación ni la importancia del mantenimiento del empleo al máximo harían de él –creo yo– uno de los mejores candidatos posibles para el cargo, aun cuando no fuera ahora su titular.
Copyright: Project Syndicate, 2009
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