Los últimos planes de los países latinoamericanos en materia de política espacial
Por Serapio Cazana
En la década del cincuenta, Estados Unidos y la Unión Soviética dieron inicio a una dura competencia por llegar al espacio. El asunto no era solamente tecnológico sino que, en el contexto de la “Guerra Fría”, la conquista del espacio tenía aplicaciones militares y además constituía un símbolo del poder en el mundo. Ya en el 2008 el lanzamiento de satélites parece ser el punto de competencia entre los países de la Comunidad Andina de Naciones.
En 1945 los satélites de telecomunicaciones comenzaron como ficciones literarias. El oficial de la Armada Británica Arthur C. Clarke publicó un artículo en la revista Wireless World, en el que proponía un proyecto muy ambicioso: poner un satélite a 36 mil kilómetros de altura, con la finalidad de captar señalas de radio y de televisión desde la tierra y reenviarlas a las estaciones estratégicamente ubicadas. De esa manera, las ondas de radio llegarían a cualquier punto del planeta sin interferencia alguna. El satélite debería estar en la línea ecuatorial y girar alrededor de la tierra a una velocidad aproximada de 1700 k/h, es decir, a la misma velocidad de rotación del eje terrestre. El proyecto pareció entonces tan fantasioso que posteriormente Arthur C. Clarke se hizo famoso como escritor de ciencia ficción.
Sin embargo, tiempo después el ejército estadounidense quiso hacer realidad la ficción y comenzó a probar con la transmisión de ondas de radio usando la luna como un reflector pasivo. En 1957, la entonces Unión Soviética lanzó el Sputnik-1, y un año después Estados Unidos puso en órbita el Store, primer satélite de comunicaciones propiamente dicho. Así comenzó oficialmente la era de las comunicaciones satelitales. Ya no era necesario encender fuego en las montañas o hacer humo para que los pueblos se comuniquen unos con otros.
Pero la alta tecnología no es patrimonio único de las naciones desarrolladas. Hace algunas semanas, Venezuela anunció el lanzamiento de su primer satélite de telecomunicaciones, el cual se construyó dentro del programa Venesat-1 y lleva por nombre Simón Bolívar. El proyecto comenzó hace cuatro años, luego del acuerdo entre el gobierno chino y venezolano para construir el satélite cuyo costo total ascendió a US$406 millones. El viceministro venezolano de Ciencia y Tecnología, Luis Marcano, declaró a Radio Nacional de Venezuela que el satélite llevará la señal de televisión, radio e Internet a miles de personas que viven en áreas remotas de su territorio, así como a otras naciones de la región, desde México hasta Chile.
En tanto, el diario El Tiempo de Bogotá informó que Colombia pondrá en órbita dos satélites antes del 2012. Los funcionarios de la Comisión Colombiana del Espacio (CCE) ya se habrían reunido con los representantes de varias agencias espaciales para adquirir un satélite de observación y otro de comunicaciones. Debido a su geografía accidentada, el 60 por ciento del territorio colombiano tiene a los medios satelitales como únicas opciones en materia de conectividad en banda ancha. Por otra parte, el satélite de observación permitiría localizar con precisión campos de cultivo ilícito y campamentos de la guerrilla, entre otras tareas.
En Chile, el diario La Tercera informó en mayo pasado que la adquisición de un tercer satélite de uso cívico-militar estaba ad portas. El artefacto será lanzado desde Guyana Francesa en febrero del 2010, y su costo asciende a US$72 millones. Mediante este medio, las Fuerzas Armadas chilenas controlarían sus fronteras terrestres y marítimas, así como la explotación de reservas en el océano. El aparato también permitirá a los expertos dar seguimiento a situaciones de catástrofes naturales.
Pero no toda la tecnología espacial es ajena. En el 2006, en el Perú se dio una ley para promover los proyectos satelitales, oficialmente a cargo de la Agencia Espacial del Perú (Conida). El gerente de Geomap Consultores (firma especializada en geomática), César Santisteban, informó que en Conida actualmente está en marcha un estudio de prefactibilidad a un costo estimado de US$190,000 para la construcción de un satélite que se encargará de enviar imágenes de todo el territorio. Por otra parte, tanto la Universidad Nacional de Ingeniería como la Universidad Católica están trabajando en la construcción de pequeños satélites, del tipo cubesats, que pueden ser muy pequeños (el satélite chileno, por ejemplo, es del tamaño aproximado de una lavadora) que pueden ser lanzados de Kazajistán a un costo de US$20,000 por kilogramo.
La gran pregunta pendiente sobre esta carrera tecnológica es si las fuertes inversiones tendrán su correspondiente retorno en términos de utilidad concreta o, simplemente, a escala pequeña se está reproduciendo una historia interesante que dinamizó los procesos políticos entre las superpotencias del siglo XX.
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