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Una no tan odiosa comparación

Edición de Noviembre 2008

 Un perfil comparado para las regulaciones bancarias de Estados Unidos y el Perú ante la crisis 

 

 Por Juan José Marthans*

*Ex superintendente de Banca y Seguros y profesor de economía y banca

 

Para gran parte de los agentes económicos ha resultado un tanto sorpresivo enterarse de las falencias que viene reflejando la banca internacionalmente activa y, en particular, las serias limitaciones que viene mostrando el desempeño de la banca norteamericana. La crisis financiera internacional, cuya magnitud, duración y efectos aún son sinónimo de discusión y discrepancia, no deja hoy la menor duda en cuanto a que el origen de la misma ha sido producto, en gran medida, de errores y limitaciones en el ámbito regulatorio y de supervisión.

Esto es así porque la banca estadounidense en los últimos dos años vino mostrando niveles extremos de palanqueo financiero asociados a una clara laxitud en la canalización de créditos tanto al ámbito empresarial como al del retail. Si hoy alguien piensa que la debilidad de dicha banca está básicamente asociada a la estilización y presencia de nuevos instrumentos financieros del segmento subprime de los créditos hipotecarios, se queda distante de un adecuado diagnóstico. El segmento subprime de las hipotecas sólo nos da el punto de partida para entender el problema, y únicamente cuando empezamos a apreciar el deterioro en la dinámica de los créditos comerciales, corporativos, personales, vehiculares y de tarjetas de crédito, entre otros, nos topamos con la realidad de que los US$1.4 billones de pérdidas estimadas por el Fondo Monetario Internacional podrían quedarse cortos. En realidad, la crisis es crediticia, de liquidez, de solvencia, de confianza, corporativa, global y, sobre todo, de regulación y supervisión.

La actual crisis financiera no sólo difiere de las experimentadas durante los últimos 50 años en su magnitud. A la fecha, se estima que la pérdida de riqueza del pueblo estadounidense por efecto del menor valor de sus inmuebles y la pérdida de capitalización bursátil superaría el equivalente al 100 por ciento de todo su PBI. Esto es particularmente grave dado el peso de la economía estadounidense en el concierto internacional y la forma en que se ha articulado con las principales economías del mundo a nivel comercial y financiero. El desplome de su consumo, que es equivalente a cinco veces el que en conjunto tienen China e India, no hará otra cosa que acentuar las debilidades de su banca. Lamentablemente, esta historia recién comienza.

 

Controles no tan sólidos

En el frente bancario existen varias razones ligadas a la regulación y supervisión. Una primera está vinculada a la escasa unidad y consistencia del esfuerzo supervisor sobre las entidades bancarias.

En Estados Unidos, de acuerdo con la naturaleza nacional o regional de la banca, el ente supervisor difiere y hasta cierto punto se yuxtapone. En algunos casos esta labor corresponde a la Reserva Federal (FED), en otros tantos a la Oficina de Control y Supervisión Financiera (OCC) y, en otros particulares, compromete indirectamente el accionar de la Entidad encargada de Administrar el Seguro de Depósitos (FDIC). Son conocidas las discrepancias sostenidas entre estas tres entidades y su pugna por hacer prevalecer su presencia en el ámbito regulatorio y de supervisión.

Este es un punto inicial para la explicación de por qué se generaron serios vacíos y descontrol. En el caso del Perú la situación es diferente: nuestro ente supervisor dispone de tal autonomía legal, fuerza constitucional y exclusividad en su función reguladora y supervisora que no deja margen para efectos de esperar que cualquier indicio de arbitraje de carácter regulatorio pueda llevar a pérdidas de efectividad en su accionar.

 

Subdesarrollados para bien

Por otro lado, aunque en Estados Unidos no está permitido que los conglomerados financieros estén vinculados patrimonialmente a empresas de carácter comercial o productivo, esto no fue suficiente para evitar que la hoy extinta banca de inversión pudiera ampliar irresponsablemente los niveles de palanqueo financiero, llevando a colateralizar de manera desproporcionada valores con activos de dudosa calidad. La complejidad y sofisticación del mercado financiero produjo un embalse que hoy se viene descubriendo más y más a partir de la ya clara desaceleración de la actividad económica.

En este caso, el insuficiente nivel de detalle de la normativa con la que la Comisión Supervisora de Valores (SEC) regulaba este tipo de instrumentos llevó a que el proceso de creación de valor se sustentara en activos inexistentes o tóxicos. En contraste, en el Perú no se ha observado hasta hoy una exposición significativa de los recursos administrados por inversionistas institucionales en operaciones externas sofisticadas de alto riesgo. Esto, aunque suene paradójico, es propio de un mercado financiero todavía pequeño y de escaso desarrollo relativo como el peruano. En este caso, el subdesarrollo financiero ha jugado a favor de países como el Perú.

 

Mejor, que sobre

Un tercer elemento que nos diferencia de la experiencia de crisis de la banca estadounidense es la holgura patrimonial que durante los últimos años se exigió a la banca peruana y la rigurosidad que se tuvo en la contabilización y exigencia de provisiones por malas deudas. El capital bancario óptimo sólo es adecuado cuando se estima más allá del corto plazo y trasciende la etapa expansiva del ciclo económico. Es decir, lo que es adecuado para el corto plazo en volumen patrimonial, para el mediano plazo, en un contexto depresivo del ciclo, podría resultar insuficiente. Por ello, desde inicios de la presente década, se indujo a la banca a presentar niveles holgados de patrimonio.

En el Perú aprendimos, hacia finales de los años noventa, que no se le debe permitir a la banca desenvolverse con niveles ajustados de capital en la etapa expansiva del ciclo, incluso si está dentro del marco exigido por Basilea. Esto porque al llegar la etapa depresiva del ciclo, las pérdidas de activos llegan a absorber parte del patrimonio, poniendo en peligro sus niveles adecuados de solvencia y dando inicio a cadenas de intervenciones y liquidaciones de entidades bancarias.

En contraste, en Estados Unidos la banca se ha desenvuelto con inadecuados estándares de cumplimiento de provisiones por malas deudas, tanto es así que algunos analistas estiman que si hoy se hiciera cumplir los requerimientos de ajustes de créditos deteriorados, muchas de las entidades financieras serían sujetas a potenciales liquidaciones. Sólo en los nueve bancos norteamericanos más grandes se discute la necesidad de reponer capital por alrededor de US$1 billón. De manera radicalmente diferente, en nuestra banca hoy se reconoce que la holgura patrimonial con la que se dejó a la banca en el 2007 nos dará un “colchón” adecuado como para enfrentar parte de los embates de la crisis financiera internacional sobre nuestra economía. En el Perú se actuó previsoriamente.

 

El escudo de la moneda

Un cuarto elemento está asociado con la consistencia estatutaria y constitucional para el accionar de la autoridad monetaria en el Perú. No es posible disponer de estabilidad bancaria sin estabilidad monetaria: son dos caras de una misma moneda. En ese sentido, tenemos que en el Perú nuestro Banco Central posee un solo objetivo básico: garantizar la estabilidad y equilibrio monetarios. En otras palabras, evitar sobresaltos inflacionarios.

En Estados Unidos, en cambio, la Reserva Federal se desenvuelve con dos objetivos difíciles de cumplir paralelamente. Por un lado, debe evitar crisis inflacionarias; por el otro, debe generar condiciones para el crecimiento permanente de su economía. Por eso, la tasa referencial estadounidense bajó hasta 1 por ciento hacia el 2003 y subió hasta 5.25 por ciento en el 2007 para, en alrededor de los 12 últimos meses, descender hoy hasta el nivel mantenido cinco años atrás. Con esos vaivenes de la tasa de interés, es imposible alcanzar crecimiento sostenido y menos aún lograr una lucha efectiva contra la inflación. Este es un tema por corregir por Estados Unidos en el marco de la definición de la nueva arquitectura financiera internacional. Solamente así se garantizará evitar que se reiteren los mismos errores en el futuro por parte de la FED.

 

Basilea hoy

Por último, un quinto factor por considerar es la inefectividad de las recomendaciones de Basilea II para evitar el deterioro de la banca internacionalmente activa. Las cargas de capital por efecto de riesgo de mercado, riesgo operacional y riesgo crediticio no generaron la holgura patrimonial para evitar el gravísimo deterioro crediticio que hoy enfrenta la banca internacional a nivel global. El desarrollo de modelos estandarizados e internos que comprometían un adecuado manejo de riesgos compatible con un proceso óptimo de determinación de tarifas en tiempo real para la intermediación financiera, ha quedado mal parado.

Desde el 2003 se constituyó un Comité Especial para la Aplicación y Adecuación de Basilea II en el Perú. La lógica de su constitución era simple: si no nos adecuábamos a estándares internacionales, podríamos ser castigados por el capital internacional en un mundo globalizado. Aunque en el Perú se trabajó mucho en Basilea II durante los últimos años, después de lo ocurrido a nivel de la crisis financiera internacional y la pésima administración de activos por parte de la banca internacional, lo que queda es esperar la discusión para identificar sus debilidades y errores para, luego, retomar el trabajo de adecuación.

Un punto interesante en el marco regulatorio es que, a futuro, se debe establecer para la banca internacionalmente activa cargas de capital por efecto de riesgo sistémico a nivel global. Basilea II no quiso discutir este tema con seriedad, quizá por influencia de los mismos bancos que hoy en el mundo presentan serios problemas. Hay mucho por corregir en Basilea II y esto, que fue una prioridad sensata, hoy temporalmente debe pasar a revisarse. Existen en el Perú y el mundo otras prioridades de nivel bancario.

 

Prioridades en la banca peruana

Prioridad en la banca peruana es evitar y mitigar el impacto de la crisis foránea. Prioridad en la banca hoy es enmendar el error de haber exacerbado el crecimiento de sus créditos durante los dos últimos años. Prioridad es reforzar aún más sus patrimonios con capitalización de los resultados de este año. Todo esto requiere de una dosis de auténtico liderazgo que, como todo el mercado reconoce hoy, no se tiene.

Ésa es, quizá, parte de la historia que también nos aleja del caso estadounidense. Sin embargo, en el país del norte ni siquiera el liderazgo financiero que evidenció Greenspan fue suficiente para liberarlo de los actuales problemas que todos estamos enfrentando o enfrentaremos a lo largo del próximo año, si no es por más tiempo.

Los peruanos hacia el 2001 éramos conscientes de la presencia de un sistema bancario débil; hoy, disfrutamos de una situación radicalmente distinta. No es casualidad que esto sea así luego de ser considerados en el 2006 como el país con mejor supervisón bancaria de América Latina. En Estados Unidos, en el 2001 no se discutía la solvencia de su banca; hoy están a punto de experimentar lo que los peruanos enfrentamos hasta siete años atrás. La diferencia es que parte de tales debilidades las sentiremos nosotros como resultado de lo inadecuado de la supervisión y regulación estadounidenses.

 

 

Preocupaciones crediticias

Algo que sí preocupa al interior de la banca peruana hoy en día es que haya mostrado niveles de expansión del crédito que superan largamente la dinámica de la producción ajustada por precios. Los créditos totales en el 2007 y 2008 han crecido a tasas por encima del 40 por ciento anual y, como si fuera poco, existen casos en el segmento de crédito vía tarjetas que vienen mostrando una expansión anual sobre el 100 por ciento, de acuerdo con la estadística de la misma Superintendencia de Banca y Seguros.

Esto llevará a todos los peruanos a asumir costos de ajuste derivados del inevitable deterioro de la calidad de créditos en el Perú el próximo año. Éste se dará no sólo por el impacto de la crisis financiera internacional, sino por haber permitido durante los dos últimos años la presencia de un boom crediticio sin precedentes y a vista y paciencia del mismo ente supervisor. Se postergó la aplicación de provisiones para aquellas entidades que con inadecuadas políticas de seguimiento de créditos expandían en extremo los mismos. La norma estaba aprobada y se dejó de aplicar sin justificación técnica alguna. En Estados Unidos, una similar laxitud del accionar de los reguladores hoy es considerada una de las principales razones para explicar su crisis.

Hay en el Perú un daño que ya está hecho y que hay que llevar a un impacto lo menos significativo posible. Se dirá que los créditos se deterioraron en calidad como resultado de la desaceleración del crecimiento mundial y su impacto en el Perú. Gran error y falacia: parte importante del deterioro que venga será producto de la indisciplina que campeó en parte de nuestro mercado bancario los dos últimos años a nivel crediticio. Eso lo saben todo el Perú y especialmente los clientes bancarios.

Todos hemos sido testigos de cómo se continúa permitiendo que se ofrezcan tarjetas de crédito a personas de la tercera edad, trabajadores informales y jóvenes que desarrollan prácticas preprofesionales. Todos hemos sido testigos de cómo se duplican o triplican las líneas de crédito de tarjetas sin que los clientes lo soliciten; testigos de cómo se ha permitido que se asignen líneas de efectivo a sola firma en campañas navideñas, de fiestas patrias o cualquier otra ocasión, sin las evaluaciones correspondientes; testigos de cómo se ha negociado deudas de tarjetahabientes entre entidades financieras sin pedir como requisito que, al menos previamente, se anule aquella tarjeta del banco al que se compró el crédito.

Hay que hacer un llamado a la disciplina en el frente bancario peruano de manera urgente. Esa es una lección que no parece que hayamos aprendido de la experiencia norteamericana o española. No por el hecho de que estemos bien ahora se garantiza que lo estaremos mañana. De la disciplina de hoy depende el éxito de nuestra banca en el mediano y largo plazo.

 

 

 

 

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