Un análisis de los perjuicios causados por el contrabando que circula en el sur andino
Por Raúl Saldías*
*Presidente de la Comisión de Lucha contra el Contrabando de la Sociedad Nacional de Industrias
Hace mucho tiempo venimos escuchando sobre las nefastas consecuencias del comercio ilícito en el Perú (contrabando, narcotráfico, piratería, entre otros), y sólo deben ser muy pocas personas desinformadas que desconocen los perjuicios fiscales, laborales, éticos y de competencia que acarrea. En estos años, la mayor parte de los peruanos ha visto al comercio ilícito como un problema económico, algunos como social y, hoy en día, incluso son pocos los que lo ven como un problema político.
Lo cierto es que el comercio ilícito, al no haberse visto enfrentado oportunamente por los distintos gobiernos que se sucedieron en las últimas cuatro décadas, ha hecho que un problema de origen económico se agrave y se transforme en social, puesto que sectores cada vez mayores de la población descubrieron que involucrándose en ciertos delitos encontraban mejores formas de subsistencia. Posteriormente, estos pobladores fueron organizados y alcanzaron la capacidad de elegir autoridades que les proporcionaran una mayor tolerancia y complacencia a sus actividades ilícitas, por lo que el problema económico acabó convirtiéndose en un problema político que amenaza la viabilidad del país.
Odiosas y paradójicas comparaciones
Cada vez son más extensas las áreas de nuestro territorio en que el Estado no está presente. Y si lo está, no cumple con su función, por lo que es desplazado por organizaciones locales que llegan incluso a administrar justicia y decretar la pena de muerte a autoridades que fueron elegidas por ellos mismos.
Hoy en día se escucha que Juliaca es el Medellín peruano (narcotráfico). O en Tilali que “aquí a la policía se la mata” (contrabando). O que los funcionarios públicos no toman las vacaciones que les corresponden por ley ya que “pierden plata”. O que a las autoridades en Desaguadero se las denomina “tragamonedas” debido a que cruzar la frontera sin ser revisado o identificado sólo cuesta unas monedas. No siempre el Perú fue así: antes se escuchaba decir “vale un Perú”.
Cuando Francisco Pizarro llega a Tumbes, encuentra una sociedad que tributaba, y descubre la existencia de un Estado bastante distinto de Norteamérica, donde los pobladores estaban organizados en tribus y eran cazadores y recolectores. En el siglo XVII los españoles pensaban en los ingleses que estaban en América del Norte como huérfanos del destino: cómo comparar las maderas y los campos del norte con la plata y el oro del Perú. Pero nada es permanente, y las comparaciones del ayer son la historia actual del Perú.
Desde 1528 a 2008 han transcurrido casi cinco siglos, y la novedad es que en el Perú sólo tributamos la mitad de los peruanos y que en el departamento de Puno no tributa el 95 por ciento de los pobladores. Nos hemos alejado del feliz hallazgo de Pizarro y, en lugar de haber evolucionado a una sociedad moderna y organizada, hemos dado lugar al desarrollo de economías y redes subterráneas donde el Estado no impera y el éxito personal consiste en burlarlo. Qué dirían los conquistadores de las diferencias entre los dos hemisferios en el siglo XXI.
Desde la independencia a la actualidad han transcurrido casi 200 años, en los cuales hemos tenido gobiernos con aciertos y desaciertos. Es válido suponer que todos ellos asumieron la tarea de dirigir al país buscando lo mejor para todos los peruanos; sin embargo, hace 20 años estuvimos a punto de desaparecer a consecuencia de malas administraciones, despilfarros, corrupción y del desarrollo de ideologías extremistas. Con el sacrificio de muchas vidas y grandes esfuerzos, el país enmendó rumbos y en los últimos 10 años estamos viviendo un renacer que es elogiado mundialmente.
Salvando las distancias del tiempo, el sur andino fue el centro del poder que los españoles encontraron a su arribo al Perú; fue la región donde se libraron las batallas de la independencia y donde surgió a fines de los años setenta Sendero Luminoso. Este sur andino, en el presente, es un enclave del comercio ilícito, como zona de producción, de tránsito, de almacenaje y de consumo.
Cuantificando el delito
Según la Cruzada Antipiratería, en los últimos 10 años ha ingresado al Perú mercadería de contrabando por más de US$1,000 millones anuales a valor de mercado, y aproximadamente un 75 por ciento de esa suma ingresa por el sur del país, de acuerdo con Contracopia. Asimismo, Indecopi estima que el sector privado deja de facturar anualmente más de US$500 millones debido a la piratería.
Otras cifras, de la DEA y Devida, indican que de las 280 toneladas de clorhidrato de cocaína que se producen anualmente en el Perú, el 6 por ciento de esa cantidad sale de contrabando por Puno hacia Bolivia. El incremento de siembra de coca en esa región demuestra la incapacidad del Estado no sólo para erradicar los cultivos, sino para evitar que valle a valle se extienda este cáncer bajo el pretexto de que es para el consumo de sus pobladores siguiendo costumbres ancestrales. Asimismo, por Tacna sale hacia Chile el 7 por ciento de la droga que producimos, según la Dirandro. Siendo cuidadosos con los números, se puede afirmar que alrededor del 10 por ciento de la droga que se produce ilegalmente en el Perú transita por el sur andino, siendo parte de ella producida y consumida en la región.
Si nos referimos a volúmenes, este porcentaje del 10 por ciento de la droga equivale a 10,000 toneladas de hoja de coca y a 3,000 toneladas de insumos químicos que son requeridos para producir el clorhidrato de cocaína que transita y sale del país por esta región. Parte importante de estos insumos químicos controlados, precursores de la droga, ingresan de contrabando de Bolivia al Perú y son vendidos sin control alguno en el campo ferial Túpac Amaru en Juliaca. Tal es el caso del ácido sulfúrico, parte de la carga que ingresa dos veces por semana por el norte del lago Titicaca en convoyes de aproximadamente 100 camiones desde hace más de 10 años.
El sur andino, aparte de tener una impresionante balanza comercial ilegal (contrabando, narcotráfico y piratería), tiende a convertirse en tierra de nadie. Acciones violentas se suceden ante la pasividad de las IIEE, e incluso la población se enfrenta a la policía en protección de los productos ilegalmente ingresados al país o del clorhidrato de cocaína, o para evitar la erradicación del cultivo de la coca o el allanamiento de laboratorios. A las mafias peruanas se suman las mexicanas, las bolivianas y las colombianas. Es importante tener presente que estos delitos se fundamentan en la codicia y no en prácticas antiguas que los incas hubieran castigado amputando miembros o los españoles con la pena del garrote.
Como consecuencia del contrabando y de la piratería, el fisco deja de percibir anualmente más de US$600 millones; por ende, es una sangría a la vitalidad del Estado. Por otro lado se estima que el narcotráfico deja anualmente en el Perú alrededor de US$1,200 millones. De ellos, la tercera parte se gasta en la producción de la droga, y quedan US$800 millones que se suman a las otras modalidades del comercio ilícito para financiar a los que defienden la siembra libre de la coca, a la guerrilla narcoterrorista, a la corrupción, a promover el surgimiento de una clase política que frustra la promulgación de leyes o la acción eficaz del Estado contra estos delitos. Finalmente, queda todavía un importante remanente para el lavado de dinero que es invertido en bienes raíces, en el sistema financiero y en empresas que surgen de la nada y que son sumamente exitosas, generando una competencia desleal ante la que sucumben empresas honestas.
Francamente discutible
Grupos de presión insisten en la creación de nuevas zonas francas comerciales y en extender los beneficios de las existentes, a pesar de ser absolutamente conscientes de que el Estado carece de los medios adecuados para evitar que sean centros que propician el comercio ilícito. El narcotráfico financia parte importante del contrabando que ingresa al Perú. Las exportaciones de Zofri a Zotac suelen ser parte del mecanismo de lavado de dinero; de esa manera no se envían remesas de dinero al Perú, sino que se envía mercadería que es pagada al contado en Iquique.
La creación de Zofri en Chile en 1987 generó la primera ola del contrabando por el sur del Perú. La creación de Zotac en Tacna en 1990 sirvió de plataforma logística para facilitar el ingreso del contrabando al Perú. La creación de las zonas francas en Bolivia fue el complemento que requería Zofri para que sus productos ingresen al Perú por otra frontera y que ésta fuese aún más difícil de controlar que la del sur. Hoy existen autoridades que exigen la creación de la zona franca comercial de Puno; la pregunta que queda en el aire es a quién beneficiará o a quién perjudicará ello.
Si el Estado ya no recauda, no gobierna, no tiene control sobre las fronteras y las actividades ilegales son las que predominan, estamos indudablemente ante una anunciada descomposición del Estado en el sur andino, caos fomentado por las mafias que lucran del comercio ilícito y que amenaza a ser emulado en otras áreas del país. El no reconocer y enfrentar esta situación sólo llevará a que el sur andino (Puno, Arequipa, Madre de Dios, Apurímac, Ayacucho, Cusco, Tacna y Moquegua) se desestabilice en beneficio de las mafias y al interés de terceros países, amenazando al Estado en su propia existencia.
Es necesaria la decisión política de declarar a las fronteras en estado de emergencia. Para reducir la magnitud del problema se debe poner trabas insalvables al comercio ilícito, y para este fin se requiere tomar el control de caminos, puertos y aeropuertos. Para ello, además, la tecnología está disponible con los sistemas de inspección no intrusiva (léase rayos X). Con su correcto uso serían innecesarias las campañas de erradicación del cultivo de la coca si es que no hay caminos o puertos disponibles por donde exportar la droga: caminos por donde se niegue el tránsito de insumos químicos ilegales con los que se fabrica la droga; o caminos que emplea el contrabando cuando transita más de mil kilómetros para llegar a Lima, su principal mercado.
Para superar el atraso en el sur andino se requiere de estabilidad social, a fin de que el lugar sea atractivo para la inversión de capitales, así como desarrollar planes de educación y capacitación intensiva por lo menos a una generación. El comercio ilícito es sólo un síntoma de la enfermedad de esa zona; se requiere aplicar la medicación adecuada antes de que el enfermo empeore.
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