Disquisición acerca de las relaciones de poder en los hogares peruanos actuales
Por Rosario Mellado
*Consultora asociada senior de IPSOS Apoyo Opinión y Mercado
¿Se ha preguntado quién tiene realmente el poder dentro de su hogar? ¿Es el que aporta más dinero a la familia? ¿O más bien quien decide cómo gastarlo? ¿O tal vez será quien logra mantener más tiempo en su poder el control remoto del televisor?
Aristóteles afirmaba que “el hombre, salvo algunas excepciones contrarias a la naturaleza, es el llamado a mandar más bien que la mujer, así como el ser de más edad y de mejores cualidades es el llamado a mandar al más joven y aún incompleto”. El mundo ha dado muchas vueltas desde aquellos tiempos remotos y la dinámica interna de la familia ha cambiado notablemente, especialmente en las últimas décadas. Los roles y las actividades de cada uno de sus miembros tienen ahora nuevos matices y dan lugar al surgimiento de nuevos esquemas de responsabilidades, pero también de poder.
Entre los entrevistados de la Encuesta del Poder, mayoritariamente profesionales, funcionarios y empresarios de género masculino, el padre de familia destaca como el más poderoso en la mitad de los casos. Sin embargo, para ser justos, debemos recordar que no todos los hogares de Lima responden al modelo de familia tradicional. Sólo algunos cuentan con un padre de familia propiamente dicho entre sus miembros. Según revela el estudio de Dinámica de la Economía Familiar de la Gran Lima llevado a cabo por Ipsos APOYO Opinión y Mercado en el 2006, apenas dos de cada cinco hogares forman el típico hogar de padre, madre e hijos.
En este esquema tradicional, el padre es quien debe proveer la totalidad o la mayor parte del sustento. El poder doméstico tiene muchas facetas, pero si se define el rol de jefe del hogar como el principal sostén económico de la familia, encontramos algunos datos que pueden sorprender a muchos:
Uno de cada tres hogares en Lima está liderado por una mujer.
En uno de cada cinco hogares el “ama de casa” es hombre.
Sólo uno de cada tres hogares vive con los ingresos de un único aportante.
Esta realidad es reflejo de los diversos tipos de familias que no coinciden con el estereotipo ideal. Sabemos que hay padres o, mucho más frecuentemente, madres solas que sacan adelante a sus hijos. También parejas sin hijos y adultos que viven solos. Pero sobre todo, existe una importante proporción de familias ampliadas, que alcanza a algo más de la tercera parte de los hogares de Lima.
Así, bajo un mismo techo conviven, además de los padres e hijos, otros familiares como abuelos, tíos, primos, o cuñados. Con frecuencia, dos o más familias comparten una sola vivienda. Algunas veces es de modo temporal, como cuando llegan parientes de provincias a establecerse o a estudiar en la capital, o cuando parejas jóvenes inician su vida de casados en la vivienda de sus padres a la espera de encontrar una propia. Pero en la gran mayoría de los casos esta convivencia de la familia extendida es de naturaleza permanente, lo que conforma un grupo con una dinámica económica particular.
Dentro de estas familias ampliadas suele haber más de un aportante a la economía del hogar. El o la jefe de hogar es quien más aporta de manera regular y mayoritaria al presupuesto de la familia. Pero otros miembros actúan como colaboradores eventuales o asumen determinados gastos en el hogar, como la luz, el teléfono o el cable, o solventan la educación de uno de los hermanos menores, o financian alguna mejora en el hogar o la compra del anhelado televisor nuevo.
Esta participación incluso llega más allá de las fronteras, pues no son pocas las familias que reciben de manera regular remesas del exterior enviadas por algún sacrificado padre o hijo que emigró en busca de mejores oportunidades. En el plano del poder doméstico, este tipo de familia adopta un modelo participativo, en el que las decisiones se conversan entre todos y los gastos se planifican y distribuyen de la mejor manera.
Sin embargo, el poder doméstico dista mucho de ser un fenómeno puramente económico. En el día a día y de manera simple, viene a ser la capacidad de poder hacer algo en el hogar o de lograr que otros lo hagan. En este sentido más práctico es que debemos ahora analizar el rol de los verdaderos reyes de la casa: los hijos.
Una prueba tangible del poder de los hijos es la influencia que tienen en las decisiones de compra del hogar. Demasiadas veces acabamos comprando cosas sólo por dar gusto a los más pequeños de la casa o, por el contrario, dejamos de comprar determinado tipo de alimento porque sabemos que ellos no lo comerán. Con frecuencia adquirimos un producto sólo por una promoción que atrae a los niños con stickers, tatuajes, o cualquier otro objeto que tenga al personaje de moda de los dibujos animados. Definitivamente, los hijos definen gran porcentaje de lo que metemos o no en el carrito del supermercado, y además son fuente inacabable de compras no planeadas. La mejor forma de lograr llegar al ama de casa –y a su cartera– es a través de sus hijos.
Los estudios de Niveles Socioeconómicos y del Perfil del Ama de Casa de Ipsos APOYO Opinión y Mercado nos dan algunas pautas más sobre el alcance del poder de los niños y adolescentes. Un primer indicador es su influencia en la distribución del ingreso familiar. Después de la alimentación, la educación de los hijos es uno de los principales rubros del presupuesto y tiene prioridad sobre muchos otros ante un recorte en el ingreso. Por otro lado, más de tres cuartas partes de amas de casa opina que las mujeres no deben trabajar a tiempo completo con niños en edad preescolar o escolar. Tal vez los padres tomen las decisiones acerca de qué comprar, en qué gastar, cuándo ahorrar y qué hacer con su vida laboral, pero detrás de cada una de esas decisiones, con mucha frecuencia, existen motivaciones ligadas a los hijos.
Finalmente, es importante destacar que las nuevas generaciones han nacido en una era de crecimiento exponencial de los adelantos tecnológicos, lo cual les da un liderazgo claro en ese campo dentro del hogar con respecto a otros miembros de la familia. Con una mezcla de ternura y admiración podemos ver a niños de cada vez más corta edad manejando computadoras con total naturalidad y deditos cada vez más pequeños manipulando mouses con destreza y seguridad. Ellos, los niños y adolescentes, son los que más rápidamente entienden los manuales de los artefactos de última generación que se compran en la casa. Son los únicos que conocen el menú completo de opciones de nuestros teléfonos celulares. Y, a medida que van creciendo, logran acceso a ese mundo con idioma propio que se desarrolla en los mensajes de texto, los chats y las redes de amigos. Ésta es la versión moderna del poder doméstico.
La sociedad peruana sigue evolucionando de la mano con las tendencias globales y con ella, la familia. Nuestros hijos tienen ahora fácil acceso a una cantidad enorme de información que nosotros, en nuestra infancia, no hubiéramos soñado. Y como todos bien sabemos, la información es poder.
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