En su informe de setiembre, el FMI se mostró ligeramente más optimista de lo que estuvo en junio pasado respecto de las perspectivas de la economía global para 2010. La recuperación de los estragos ocasionados por la crisis financiera vigente será bastante lenta, frágil, con eventuales retrocesos, y desigual entre los diversos países. Entre las regiones, Asia –principalmente China e India, pero jalando también a Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam– logrará la mayor tasa de crecimiento comparativo. Pero, en conjunto, la economía mundial crecerá a un ritmo que será la mitad del vigente antes de la crisis.
Si bien la deflación constituye el mayor riesgo inmediato en varias economías, las políticas monetarias y fiscales aplicadas en muchos países para asegurar la solvencia de los principales bancos internacionales y para evitar los impactos de una caída drástica en el consumo privado requerirán, en el futuro mediato (tres a cinco años), de un manejo muy cuidadoso y coordinado de los bancos centrales para asegurar que el maretazo de la inflación no vaya a resurgir con fuerza.
Antes de la crisis de 2007 se generó entre China y Estados Unidos una relación inusual y perversa. China, preocupada por generar más empleo urbano para las masas que emigraban del campo, producía a bajo costo para una exportación creciente y sus individuos y familias ahorraban en exceso (en parte por valores confucianos, pero también porque sus trabajadores aún carecen de un sistema general de pensiones y seguro). Por su parte, Estados Unidos, en un contexto creciente de hedonismo consumista, disfrutaba de productos chinos en abundancia, para cuya adquisición recurría a un endeudamiento acelerado. Las familias norteamericanas, en el agregado, habían dejado de ahorrar antes de la crisis y se endeudaban cada vez más en el contexto de una burbuja inmobiliaria.
Cuando ésta finalmente reventó, los desequilibrios se volvieron evidentes para todos. Los bancos deberán reducir significativamente su exposición y capitalizarse, lo que eventualmente limitará y encarecerá el crédito. Con la teoría de “muy grande para quebrar”, el gobierno de Estados Unidos ha decidido rescatar sus principales bancos globales, pero muchos de los pequeños y medianos que actuaban a escala estatal pueden terminar cerrando o quebrando. Las familias norteamericanas se han visto obligadas a reajustar su consumo, lo que constituye la causa principal de la recesión en curso, y se ven obligadas a pagar deudas antes de contraer nuevas en un contexto de alto desempleo. El menor consumo en Estados Unidos ha generado una caída drástica en las exportaciones que venían de China y ha inducido al gobierno de este país a adoptar un ambicioso programa de gasto fiscal para compensar parcialmente los empleos que se pierden, así como a iniciar la aplicación de sistemas de pensiones y de mayor seguridad social que, al reducir la incertidumbre respecto del futuro, induzcan a las familias chinas a aumentar su consumo inmediato.
Todo este reacomodo genera dudas legítimas sobre si el dólar podrá mantener en el futuro el dominio ejercido en la economía global durante las últimas décadas. Una moneda tiene varios usos: como instrumento de ahorro, como unidad de cuenta, como medio para las transacciones. Cuando la crisis alcanzó su mayor gravedad, a finales de 2008, los ahorristas del mundo compraban dólares, a pesar de que era precisamente Estados Unidos el país con los mayores desequilibrios. Con una mayor normalidad en los mercados, el dólar ha perdido naturalmente valor respecto de otras monedas, incluyendo el sol peruano. Pero el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos sigue siendo, en el mundo, el mercado financiero con el menor riesgo y la mayor liquidez. Y en el comercio internacional, el dólar sigue siendo la moneda de referencia principal para fijar los precios, así como el medio de pago más utilizado. El presidente del Banco Mundial ha planteado recientemente que el dólar debiera ser reemplazado por una canasta de monedas, pero aún falta un diseño apropiado de cómo se podría implantar ésta. Probablemente, en los meses siguientes, el dólar se devaluará moderadamente contra las principales monedas y no se puede descartar, aunque es muy improbable, un eventual colapso brusco de su valor.
Los precios del petróleo han oscilado abruptamente durante los últimos años. El alza reciente, de US$30 a US$70 el barril en pocos meses, parecería no obedecer a cambios en las características fundamentales del mercado mundial sino a una actividad especulativa paralela. El gobierno de Estados Unidos pretende ampliar en el futuro la regulación en el funcionamiento de los mercados de futuros para intentar así atenuar la volatilidad en los precios de productos como el petróleo.
Debido a todos estos acontecimientos, el G 20 (donde participan Argentina, Brasil y México) ha reemplazado al G 8 (que carecía de presencia latinoamericana) como el foro principal de las decisiones económicas en el mundo. Incluso antes de la elección de Río de Janeiro como sede de las Olimpiadas de 2016, Brasil ha resultado un ganador neto del nuevo contexto internacional, tanto como China e India. Nuestro vecino amazónico es visto consensualmente como el país latinoamericano con mejor proyección.
El G 20 ha concentrado toda su atención en el manejo de la crisis financiera y le ha dado poca atención a avances en el comercio internacional. A pesar del estancamiento de la Ronda de Doha, se han dado algunos avances en acuerdos de libre comercio. Corea del Sur e India, por ejemplo, suscribieron uno en agosto. Hay también amenazas de proteccionismo como, por ejemplo, el alza de aranceles a las llantas chinas por parte de Estados Unidos. Es de esperarse que con la recuperación de la economía mundial, estas amenazas se diluyan y el comercio internacional también aumente.
En la reunión de noviembre en Copenhague sobre cambio climático se pondrá a prueba la voluntad de los principales gobiernos –los industrializados por un lado y China e India por el otro– para hacer frente unidos a esa amenaza global. Cabe señalar que un planeta más verde es una economía más costosa que la actual, razón por la cual, la recuperación puede terminar siendo más lenta que en el pasado.
INCLUSO ANTES DE LA ELECCIÓN DE RÍO DE JANEIRO COMO SEDE DE LAS OLIMPIADAS DE 2016, BRASIL HA RESULTADO UN GANADOR NETO DEL NUEVO CONTEXTO INTERNACIONAL, TANTO COMO CHINA E INDIA
No sólo se debe buscar la economía verde y el Desarrollo Sostenible. Ambos objetivos inscritos en el paradigma de crecimiento permanente resultan insostenibles.
Cuanto bien haría que FOZ nos escriba sobre los nuevos conceptos vinculados a la necesidad de cambiar el paradigma del crecimiento.
Espero de FOZ un artículo sobre el Decrecimiento Sostenible y el insostenible paradigma del crecimiento permanente.
Las más ilustradas fuentes cientificas indican que la actual tendencia de consumo de recursos y energía no puede sostenerse más de 15 años. ¿Que opina FOZ?
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