“Estamos convirtiendo un pueblo en una ciudad”, afirma Pedro Salinas, gerente municipal de la Municipalidad Provincial de Camaná, acerca de su comuna. Pero la frase bien podría aplicarse tanto a otras localidades de la región como a la propia capital, en este último caso con el respectivo cambio en los términos: se está convirtiendo una ciudad en una metrópoli.
Una primera idea que parece recorrer la región es que el famoso “Arequipazo” del 2002 “no sirvió para nada”, en palabras de Rubén Collazos, director de la edición arequipeña del diario Correo. “A partir de ello se tuvo cinco años de letargo muy fuerte. Recién ahora se están mostrando signos de inversión propios de una ciudad moderna, como el desarrollo de centros comerciales”, afirma Collazos.
En el caso de la ciudad de Arequipa, un primer problema urbano por resolver es el del transporte público, poco ordenado y dominado por una flota de automóviles antiguos que contaminan la urbe. Adicionalmente, la inseguridad –si bien menor a la de otras zonas del país– comienza a percibirse como un reto incipiente. “No se puede dejar crecer esto. Según investigaciones de Correo, ya habría unas 150 pandillas en la ciudad”, señala Collazos. Finalmente, la expansión urbana de Arequipa ha venido ejerciendo una fuerte presión en los precios de los terrenos, que en algunas zonas ya se habrían hasta triplicado y alcanzado valores nunca antes vistos, como US$600 el m2.
En las provincias de la región, mientras tanto, el manejo del agua es visto como la primera prioridad estratégica. Así, además de megaproyectos de irrigación como Majes-Siguas II, también resaltan proyectos de escala menor, como renovaciones de redes de agua, desagüe y alcantarillado. Asimismo, varios de los “pueblos convirtiéndose en ciudades” deben manejar adecuadamente los retos del crecimiento económico, inmobiliario y poblacional
La lista de obras que maneja Salinas para Camaná es un reflejo de ello. Así, está desarrollando un anillo vial para descongestionar la avenida principal y el paso por la ciudad de la Panamericana Sur. Además, está desarrollando nuevos polos de crecimiento urbano para descongestionar el centro de la ciudad; por ejemplo, en el cono norte, donde anteriormente se ubicaba una pista de aterrizaje, el municipio buscará desarrollar complejos habitacionales, un nuevo hospital, un estadio y espacios de recreación.
El Pedregal es otro ejemplo de los retos de la erupción arequipeña: en los últimos años, su población ha pasado de 29,000 habitantes a 54,000 habitantes en los últimos años. “Crecemos a un 11.2% anual, mientras que la media nacional de crecimiento demográfico es de 1.6%. Así, en cuatro años podríamos llegar a ser 100,000 habitantes”, estima Luis Céspedes, jefe del departamento agropecuario y de pymes de la Municipalidad Distrital de Majes. El boom agrario y comercial de la zona ha traído dos consecuencias sobre las cuales habrá que trabajar. En primer lugar, un aumento en el costo de la mano de obra agrícola, sobre la cual el desarrollo de Majes-Siguas II podría ejercer una presión aun mayor. “Acá el más “misio” está ganando entre S/.600 y S/.700 mensuales”, dice Céspedes. El segundo, que va dejando de ser una anécdota para convertirse en un problema de seguridad y urbanismo, es el desarrollo de una pujante zona roja. “Ese problema debe afrontarse ya”, afirma Collazos.
Así las cosas, aunque Arequipa ha visto amenazado en los últimos años su sitial de segunda ciudad del país, hacia el futuro su mayor reto no será crecer, sino manejar adecuadamente ese crecimiento, para que las presiones ambientales, demográficas y sociales no se desborden. Ciertamente, la región deberá tener los pies puestos sobre la tierra y acometer proyectos más realistas que inalcanzables, como la quimera que surgió hace unos pocos años de hacer una especie de “Sillicon Valley peruano” en Punta de Bombón (Islay), con una multimillonaria inversión de origen coreano para una ciudad de 150,000 habitantes y 500 empresas que jamás se concretó.
Como fuere, Arequipa, como el Perú mismo, será imposible de clasificar con un solo adjetivo: será, a la vez, una región minera, agrícola, comercial, industrial y turística, conectada al exterior no sólo por las rutas ancestrales que la vinculan con el Altiplano, sino también con el mundo, a través de un puerto ejemplarmente eficiente y de un aeropuerto próximo a ser concesionado. Está en las manos de los propios arequipeños encontrar liderazgos políticos que no arruinen esta visión.

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