FOZ

QUE NO PANDA EL CÚNICO

Edición de Enero 2008

Hoy resulta evidente que, durante el último lustro, después de la especulación sobre las empresas dot.com, la economía de Estados Unidos incubó una enorme burbuja de crédito inmobiliario, la que reventó el segundo semestre de 2007. Con el beneficio que da la perspectiva, la mayoría de los analistas coincide en que la causa de ella fue que la Reserva Federal (FED) mantuvo las tasas de interés indebidamente bajas por demasiado tiempo. Ello generó un subsidio cubierto al endeudamiento que fue aprovechado rápidamente por especuladores habilidosos, algunos de ellos no muy escrupulosos, que inventaron nuevos instrumentos financieros que permitieron distribuir recursos de manera muy dinámica a todos los que con entusiasmo los pedían, sin mayor preocupación por el riesgo y la capacidad de repago. Hay empresas especializadas que durante los últimos años otorgaban hipotecas sin preguntar siquiera cuáles eran los ingresos de los beneficiarios de las mismas.


Hay algo común en las burbujas sucesivas que se han dado en la historia mundial. Cuando surgen señales que alarman a algunos, estas preocupaciones son prontamente acalladas por una supuesta nueva lógica que explicaría las aparentes sinrazones de la razón anterior. Así, cuando en varias ciudades el precio de los bienes raíces empezó a subir hasta en 20 por ciento al año durante el último lustro, siempre hubo quienes justificaban dicha evolución en función de los cambios demográficos y la globalización. Y una vez incubada una burbuja, nadie desea que ella reviente por los beneficios inmediatos que ella genera para muchos.


En mayo de 2007, surgieron las primeras señales de que la burbuja inmobiliaria iba a reventar. Sin embargo, el presidente de la FED, Ben Bernanke, dio un discurso en el cual opinó que “el efecto de los problemas en el sector inmobiliario sobre la economía sería limitado”. Hubo un error de tiempo o cálculo porque, desde entonces, las pérdidas hasta ahora reconocidas por los principales bancos, como consecuencia de la burbuja, superan los US$100,000 millones. Las sospechas respecto de cuánto podían haber perdido los demás bancos en el proceso generaron un giro pendular en los mercados durante el último trimestre de 2007. Algunos bancos, por ejemplo, dejaron de prestarse entre sí, lo que podría haber ocasionado un riesgo sistémico por el pánico consecuente, situación que la FED supo evitar adecuadamente. Que recientemente el presidente George W. Bush haya solicitado al Congreso, con carácter de urgencia, un paquete de recortes fiscales por US$145,000 millones –1 por ciento del PBI– para estimular la economía, revela que la crisis trasciende a los sectores inmobiliarios y financieros. Por ejemplo, las ventas de Navidad en 2007 fueron en Estados Unidos inferiores a las de 2006. En la actual campaña electoral, la economía ha reemplazado a Irak como el principal tema de preocupación en la mente de los norteamericanos.  


Bernanke es un prestigioso académico que fuera decano de la Facultad de Economía de Princeton y director y colaborador estrecho en la FED de Alan Greenspan, su antecesor en el cargo. Sus personalidades son muy distintas. Greenspan, como banquero exitoso, seguía su instinto y hablaba como oráculo. Por ejemplo, en las reuniones del Open Market Committee (directorio de 17 miembros de la FED), siempre empezaba la reunión resumiendo sus ideas y proponiendo las acciones a seguir. En los momentos críticos, exigía unanimidad. Bernanke, en cambio, quien probablemente sea quien más sepa en el mundo sobre política monetaria, habla recién al final, intentando resumir el pensamiento colectivo que no siempre es unánime. Bernanke es más humilde que Greenspan. Así, compara su tarea, en tiempos de tormenta como los actuales, con la de “un piloto que maneja un carro sin limpia-parabrisa y con un velocímetro oscilante en el que no se puede confiar mucho”. Y su visión sobre el liderazgo es distinta. Su principal objetivo institucional es ampliar la transparencia de la FED. Recientemente afirmó: “Busco  consensos sin dejar por ello de ser líder. Yo no soy quien deba dar la respuesta a todo, pero tengo que estar cómodo con lo que finalmente decidamos. Lo que intento como líder es modelar un proceso de decisiones que generen un mejor resultado”.


Cualquier reducción en la tasa de interés ayudaría a evitar o atenuar la recesión en Estados Unidos, pero también podría estimular la inflación de precios –que en 2007 alcanzó 4.3 por ciento, el doble de lo que se planteaba como meta tope– así como una devaluación del dólar respecto de monedas más fuertes y el riesgo de una corrida. Actualmente hay más de US$2 millones de millones (trillion en inglés) de deuda norteamericana en manos de inversionistas extranjeros, algunos de los cuales han empezado a canjearla por otros activos. Y una pérdida de confianza en los mercados –Milton Friedman se quejaba de los bancos centrales que se ponían a jugar con las tasas de interés “como el tonto en la ducha con los caños de agua caliente y fría”– podría ocasionar “stagflation”, la perniciosa combinación de inflación con recesión que sufrió Estados Unidos a fines de los setenta. Paul Volcker, el antecesor de Greenspan, tuvo que elevar las tasas de interés a 20 por ciento anual dos meses antes de la elección que el presidente Jimmy Carter perdiera ante Ronald Reagan, para recuperar la confianza de los mercados. Volcker afirmó recientemente: “La FED no tiene mucho control de la actual situación porque demasiadas burbujas se han venido sucediendo por mucho tiempo.” Es un panorama complicado.

0 comentarios

Escriba su comentario *





Normas de uso:

Esta es la opinión de nuestros lectores, no de PERUeconomico.com

No está permitido dejar comentarios contrarios a las leyes peruanas o injuriantes

Su comentario no debe exceder los 1500 caracteres

Temas relacionados: FOZ

OBAMA, EL FAVORITO

Edición de Abril 2008

“Obama es considerado un visionario en la escena política. Pero también tiene tendencias minimalistas muy significativas”

Leer artículo >