Muchas personas admiten que el primer paisaje que vieron cuando eran niños llegó a ser parte de ellos, ¿en qué medida Lobitos y su mar han permanecido en usted y en sus obras?
Bueno, son situaciones que determinan incluso la conducta de uno y no se pueden obviar porque son parte de nuestra naturaleza. Yo siempre me remito a esa naturaleza para explicarme la razón de la creación. La naturaleza no es lineal; es tan pródiga que nos ayuda a desarrollar nuestras capacidades como seres humanos y nos permite tratar de descifrar el encanto, la maravilla de la vida. El paisaje tiene mucho que ver con nuestra forma de ser y conducta. Yo he vivido en Santiago, Puno, Ayacucho, no como turista, sino que he ido a vivir ahí. Cuando viví en Quito me decía “¿por qué no quiero vivir aquí?”, y era por la ausencia de mar, pues donde he ido, siempre he echado de menos el mar…. yo nací a 10 metros de la playa, en una casa diseñada con criterio de colonia minera inglesa. Uno ya nace ligado a su medio. Eso pasa con la creación; yo, por ejemplo, no puedo expresarme como un francés, un alemán o un ruso.
En sus obras con frecuencia aparecen animales, especialmente aves. ¿Esto se debe a sus vivencias con la naturaleza?
La vida es una necesidad de contradicciones. Mi padre fue un buen marido, no tuvo más que una esposa, y no tuvo hijos en otras familias; pero yo soy todo lo contrario y me pregunto por qué soy así. Lo mismo me pasa con la fantasía. Yo soy de la costa, pero vivo enamorado de la cultura precolombina que viene más del ande. Me encantan los tejidos puneños, la artesanía popular ayacuchana, cosas que no hay en Lobitos porque es un desierto. Yo fantaseaba con esto porque leía vorazmente desde pequeño. Felizmente la instrucción que daban en la compañía [petrolera donde trabajaba mi padre] era muy buena, los profesores eran contratados y venían de las mejores escuelas de Lima. En ese proceso de educación yo fantaseaba, y en esas fantasías aparecían las aves y todo ello. Pero también pudo ser que de niño viera a los pájaros y luego pensé que los imaginé. El contraste pudo hacer que permaneciera esa imagen. Pero si no los vi, entonces los inventé.
¿Qué le impresionó de Lima cuando llegó?Para mí fue todo muy natural. Yo nací bajo un signo especial porque yo nunca tuve complejos. Que hay prejuicios en Lima, que hay racismo, yo me he dado cuenta muy tarde; yo he entrado a los círculos sociales con una facilidad increíble. Yo era amigo de Rosa Alarco, de Doris Gibson, de gente de otra clase social. Sin embargo, Doris me adoptó, hasta ahora, como si fuera parte de su familia. Bellas Artes era también un centro muy democrático, casi todos los estudiantes provenían de provincias: Humareda era de Puno; Ángel Chávez, de Trujillo; Vinatea Reinoso, de Arequipa. Era un crisol donde no había distinciones; además, iban curas, militares, y hasta prostitutas como modelos. Era un mundo diverso, pero las lecturas eran iguales y los muchachos leían. Mi formación cultural en sentido estético la adquirí en la Escuela de Bellas Artes.
¿A qué personajes recuerda?A todos, pregúnteme por cualquiera, he tenido ese privilegio. No conocí a los que estaban en Europa, me hubiese gustado conocer a Vallejo, pero él muere casi cuando yo nazco. Pero he sido amigo de Arguedas, de Salazar Bondy, de Scorza, hemos bebido y cantado valses con ellos aquí en Lima, en Santiago o París. A Martín Adán lo ayudaba a veces cuando se pasaba de tragos y él era muy amable conmigo. Lima era un lugar en donde en la misma noche uno llegaba a diferentes ambientes, a los periodistas, actores de teatro, cada grupo tenía sus “guaridas”. Lima es una ciudad muy dividida ahora, muy fragmentada.
Como toda ciudad que va creciendo ...Claro, luego vino el cambio, el abandono de la ciudad misma, la gente de Miraflores y San Isidro se fue a vivir a las Casuarinas y quedó esto. Y la invadieron los provincianos en un dos por tres, y ellos no tienen la culpa, aunque debieran amar más el lugar donde nacieron. Debe ser terrible perder el lugar donde corrieron de niños. Pero Lima era el centro, aquí estaban los pensadores y poetas.
Y cuando llegó a Chile, ¿pudo conocer a algunos personajes de la cultura como lo hizo en Lima?
Conocí ahí a gente de teatro, escritores, en fin, he tenido buenos amigos. Y cuando llego a Chile también es en un momento muy interesante, cuando se producen las elecciones pre-Allende y había un movimiento político muy fuerte. Y yo como soy “metiche” entré a las manifestaciones a favor de Allende, salí a gritar y todo eso contra el tirano de turno. Mucha gente no entiende por qué mis relaciones con Chile son tan fuertes, que hasta el gobierno chileno me condecora.
Tengo una opinión que digo pero nunca me la publican, no sé por qué. No hay razón como para estar peleándonos como al comienzo de la historia. Por mí no deberían existir ejércitos, me parece la peor calamidad, algo que mantiene en vilo a los países, uno se compra un juguete, el otro quiere comprarse otro juguete, en fin. Apenas hay un poco de plata y a gastarlo en tonterías.
Hay que dejar la idea de la guerra con Chile. Chile podrá comprar las armas que quiera con el dinero que tiene, pero el Perú es una potencia cultural, estoy seguro de que todo el mundo lo va a cuidar cuando esté en peligro. Cuando la gente sensible del hemisferio se dé cuenta de que el Perú es una joya –porque tiene Machu Picchu, las líneas de Nasca, en fin–, entonces van a decir “nadie toca eso”. En cuanto a la economía, hay tantos intereses internacionales, tanto en Chile como en el Perú, que cuando se mueva una máquina de esas para hacer daño vendrán los “gringos” y dirán… “¡un momento!”.
Y esto de Allende, más la Marcha de los Cuatro Suyos, hay en usted un activismo político...
Frente a todo lo que sea injusto, a todo lo que me parezca que no es correcto voy a salir a la calle. Soy un contribuyente y que se gasten el dinero en helicópteros que se caen, en herramientas para la muerte, no es buena inversión. Al menos mientras haya niños que no tienen para comer o fonavistas a quienes no se les reconoce sus derechos. Ya estoy a punto de salir a la calle. Y esa es la obligación moral de los intelectuales, porque se supone que son los más indicados para entender una causa, porque tienen conocimiento, cultura, conocen las historias feas de su patria que no se deben repetir.
María Rostworowski, en una entrevista para Perú Económico, dijo que las elites son descastadas y culpables de la situación del Perú. ¿Usted cree lo mismo?
Más bien yo creo que la derecha en el Perú es la única organizada. Ellos van a defender sus intereses hasta la muerte. Porque la otra parte, las izquierdas, nunca se han preocupado por estructurarse, y no entienden que no puede haber país donde no haya buena discusión política. Aunque de hecho, va a llegar el momento en que van a coincidir, para salvar… lo que tienen que salvar todos.
Rostworowski dijo también que ahora ve a los jóvenes mucho más conscientes de la situación del país.
Pero sería el colmo que no lo fueran, los pobres han crecido con apagones, con secuestros, con desaparecidos en nombre de la seguridad, en fin.
Y viendo a estos jóvenes más conscientes, ¿usted es optimista en cuanto al futuro?
Yo pienso que sí. Lo que pasa es que los medios se encargan –la mayoría– de invalidar esta fuerza con la frivolidad, con la criollada, y todas esas idioteces.
Y esto de las migraciones internas, la regionalización, los procesos sociales en general, ¿cree usted que son un paso importante para integrarnos como país?
No tenemos otra salida. Pero no va a ser fácil. El Perú es como un costal que si se le saca el amarre sale el sinvergüenza, el acomplejado, el racista y el pendejo. Porque ser pendejo es ser más eficiente que ser cojudo.
¿El acomplejado es tan culpable como el racista?
Claro, porque si no tuviera complejos, se pararía en sus dos patas, como decía Doris Gibson, y hace rato que el Perú habría cambiado. Pero estamos acostumbrados a decir: sí, mi coronel; sí, mi comandante.
¿Y por qué cree que no se ha parado en sus dos patas?
Porque desde niños nos han convertido la escuela en un cuartel. Creen que el patriotismo es cantar el himno nacional. No quiero mencionar nombres pero casi todos los que han ido al cuartel de Chorrillos han ido a aprender a obedecer. Cuando yo era niño, mi padre, que era un obrero de una compañía petrolera, nos reunía a todos sus hijos un sábado como hoy, y formaba un gabinete. Al que estaba más arregladito le decía tú vas a ser ministro de relaciones exteriores, y tenía que ir al carpintero, al profesor para pedirle un libro, etcétera. A otro le encargaba ser ministro de obras públicas, y tenía que arreglar el jardín y todo eso. Y al más inteligente le encargaba ser el plenipotenciario. Todo ese lenguaje era mejor que aprender a marchar.
Si llegábamos con algo que no era nuestro, mi mamá nos mandaba devolverlo. Ahora un hijo llega con una bicicleta y el padre no pregunta, llega con un carro y el padre no pregunta, se compra una casa en la playa y el padre no pregunta. Luego, abre el periódico y se da cuenta que su hijo estafaba al banco.
Otra cosa es eso de mandar a los hijos apenas nacen al Kindergarten, que en realidad es un gran negocio. Los niños deberían jugar hasta que se cansen, que jueguen, que se peleen, sino serán seres pusilánimes sin saber dónde está la mentira, la verdad; dónde está la libertad y la vida, ya después se irán ajustando las clavijas.
Volviendo a lo personal, ¿quién fue el amor de su vida?
Yo vivo enamorado todo el tiempo, el amor no tiene edad, sino lean la obra de García Márquez El amor en los tiempos del cólera. El amor es una necesidad y un gran invento de la cultura grecorromana, grecocristiana. Antes la naturaleza se imponía, incluso se unían entre familias, sin normas. Luego alguien dijo esto no está bien, por algo será, porque nada viene sin razón. Los hijos saldrían enfermos, débiles, por falta de intercambio en la naturaleza. Entonces se inventó el matrimonio y luego el amor. Eso hace que la relación sea más bonita, más elaborada.
Es una invención buena, entonces.Es una gran invención, pero la naturaleza le juega papeles bien fuertes, porque ella no entra en ese juego, sino que impone el instinto. Shakespeare decía, un poco dorando la píldora: “fuerte como la muerte es el amor”. Si hubiese dicho “fuerte como la muerte es el sexo”, habría sido más exacto. Porque el amor, que es una hermosísima invención, sirve para mucho pero no es tan fuerte como la naturaleza.
¿Y se podría decir que el arte es más naturaleza que invención?
Pero por supuesto. Desde que el primer hombre en la tierra empieza a vérselas para solucionar sus problemas de comida está creando. Inventa el anzuelo, la lanza, y ahí empieza la creación, pero después va decorando la creación, eso se ve en los huacos precolombinos, por ejemplo. Por eso, para mí no hay diferencia entre arte y artesanía, porque gran parte de la artesanía es obra de arte. Es una diferencia inútil, defendida por quienes quieren darle un sentido trascendente y filosófico a sus obras.
¿Y cómo entendería la relación que estableció Freud entre amor y muerte?
Bueno, el viejo mito se cumple, cuando uno toma conciencia de la finitud de la vida, y lo digo con gran pena, uno se vuelve más sensual, uno no quisiera que la vida terminara y está más dispuesto a disfrutar de los placeres de la vida… porque ya tiene conciencia de que la película se va a acabar, la vida es también dolorosa por eso, se convierte en un drama para el ser humano.
Pero ese “final de la película” ¿también es parte de la vida universal, si bien ya no individual?
Hay que estar preparado para ello, lo que pasa es que ese capítulo de nuestra existencia, esa estación de nuestra existencia, tampoco se menciona en la escolaridad. Le tienen miedo y por eso se ha inventado a Dios, para mitigar el miedo. Yo no creo en eso porque hay gente buenísima que pasa las de Caín y gente perversa que las pasa muy bien. Eso del bien y el mal hay que revisarlo.
¿Hay algo de lo cual se arrepiente?Bueno, hay tantas cosas, cientos de cosas que uno las va dejando porque la vida es tan apremiante. Yo tengo a mi patria por encima de todo, y pienso que 30 años atrás hubiese podido cambiar un poco la situación.
Para mí, la inteligencia es algo sencillo, puede que me equivoque, pero pienso que la inteligencia es colectiva, una especie de instinto, basta jalarla con un anzuelo; es parte de nuestro cosmos. Me explico, esa fuerza interior, que me permitió reunir a los jóvenes cuando salgo a las calles, es eso; muchos dijeron que yo los convoqué, en realidad ellos se convocaron solos. Después, en la Plaza San Martín, en vísperas de los Cuatros Suyos, estuve rodeado de miles de jóvenes, de alumnos de la Católica, de San Marcos, de todas partes. Era un trabajo de años por parte de ellos. Luego vinieron los líderes y dijeron que como yo era el único que no pertenecía a ningún partido político debía encabezar la marcha. Ahí estaban Gustavo Mohme, Javier Diez Canseco, Borea, los apristas, todos. Esos azares te van dando una energía que tú no tienes. De pronto me encuentro en la Plaza Francia con una bandera en una gran manifestación, y todos querían estar junto a mí, incluso el padre Gustavo Gutiérrez. De ahí ya no puedes parar, ya te metiste.
Si eso lo hubiese sabido hace 20 ó 30 años, ¡cuántas cosas pudiese haber hecho para mejorar el sistema democrático!
¿Usted le tiene miedo a la muerte?Nada… el otro día tuve un sueño hermoso. Dormí pensando en la muerte, cómo va a ser, cómo se viene, de qué manera anuncia. Porque no viene de porrazo, uno va perdiendo la vista, se va olvidando las cosas, aparece cierto síntoma; también se van muriendo los amigos, que es una manera de decirnos a ti también te toca; ya no quieres más datos y usas los que tienes. Entonces uno se preocupa por los hijos chicos, si es que los tiene. Pero eso es también una pretensión humana, uno se cree imprescindible, pero los niños van a tener una comida, hay millares de personas con sensibilidad que harán las cosas hasta mejor que nosotros.
Hace cuatro días, les decía, tuve un sueño en el que estaba ante la muerte, y lo que vi fue una mujer hermosa que estaba desnuda y que por único traje llevaba cintas de seda, de colores… los vi claramente. Era una especie de heraldo que avisa lo que va a suceder. Ahí me quedo, nada más.
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