La historia que no fue

Replanteo vecinal

Edición de Diciembre 2009

¿Cómo habría cambiado la relación entre Chile y el Perú si algunos puntos clave en la historia conjunta de ambos países hubieran tomado otro curso?

Por Serapio Cazana

 

Hist__col1Históricamente, los entredichos y tensiones entre Chile y el Perú aparecen y desaparecen con algunos intervalos, y es indudable que continuarán quién sabe cuántos años más. Sin embargo, esa constantemente tormentosa relación ha afrontado puntos de quiebre que la han modelado para bien o para mal. ¿Se imagina usted la historia de los dos países sin la guerra del siglo XIX? ¿Cómo estarían ahora las economías y la integración entre las naciones más dinámicas de la región? ¿De qué se ocuparían la prensa local y chilena cuando quieren levantar los roces entre ambas naciones, y de qué otras oportunidades se valdrían los políticos para cohesionar sus fuerzas nacionales? El juego de la ucronía nos permite revisitar algunos pasados para tener otros presentes, acaso menos –o acaso más– tormentosos.

 

Si Almagro se quedaba con el Perú

Buscar la historia del principio siempre es complicado al imaginar historias alternativas. ¿Dónde comienzan las malas miradas entre el norte y el sur latinoamericanos? El historiador Luis Bustamante, profesor de la Universidad de Lima, afirma que la división entre el Perú y Chile comenzó a producirse antes de la conquista, y no precisamente por los habitantes de estas tierras, sino que en la misma empresa conquistadora se comenzaron a notar algunos resquebrajamientos.

Como es conocido, Diego de Almagro y Francisco Pizarro habían estado en problemas antes de empezar la conquista del Perú, en razón de que en España ya se había determinado que Pizarro iba a dirigir la expedición y conquista. Almagro quedó obviamente resentido desde ese momento, pero las cosas se calmaron un poco después de que se le prometió quedarse con la gobernación de las tierras que se descubrieran al sur del Cusco. Sin embargo, de su campaña en el sur regresó desilusionado, ya que no encontró las riquezas que esperaba y más bien sus fuerzas fueron diezmadas por los araucanos.

Ante esa situación, Almagro reclamó el Cusco para sí y la consecuencia fue la guerra civil. ¿Qué habría pasado si Almagro recibía el Cusco o, más probablemente, si lograba tomarlo por la fuerza? Para empezar, el virreinato colonial habría tenido otro mapa y además otra fisonomía étnica. “Chile habría dejado de ser la franja costeña y habría sido un país eminentemente andino, probablemente con su capital en la ciudad imperial. Y más bien el Perú habría sido una nación costeña, siendo abastecido por Chile y no al revés, como realmente pasó, al menos durante la colonia”, afirma Bustamante.

Pero aun si las disputas entre Almagro y Pizarro no se producían y ambos hubieran trabajado de manera conjunta desde Lima, ¿habría surgido una gobernación y posteriormente una nación distinta en el sur? “La suerte ya estaba echada, y la empresa colonizadora estaba en marcha. De todos modos se habría llegado al actual territorio de Chile, aunque con alguna diferencia de años”, afirma el historiador Jesús Cosamalón, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Probablemente, una colonización a la araucanía, dirigida desde una Lima cohesionada y organizada, habría configurado un mapa distinto de cara a la independencia. Por una parte, un virreinato más sólido y más grande territorialmente habría permitido un mayor control desde el valle del Rímac y ello habría generado que la Independencia se produjera mucho más tarde, dada la gran presencia española en la ciudad de Pizarro y que era reacia a la separación de España, posición que suele ser remarcada por algunos historiadores sureños. Por ejemplo, en una reciente entrevista en la televisión chilena, uno de los historiadores más nacionalistas de ese país, Sergio Villalobos, se quejaba de que durante la colonia Lima veía a Santiago como la periferia y que por ello al Perú le cuesta asumir el hecho de haber perdido la guerra del Pacífico.

Respecto del mismo tema, el historiador Francisco Quiroz, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, opina que con una empresa conquistadora más sólida en el Perú no necesariamente se habría facilitado la conquista en el sur. “Los mapuches o araucanos habrían tenido mejores condiciones para resistir, pues se habrían enterado de la presencia de extraños en las vecindades (o sea, en los Andes hoy pertenecientes al Perú, Bolivia y Argentina)”. Incluso el tráfico marítimo les habría dado posibilidades de contactar y "negociar" sus relaciones con otros estados europeos. En ese contexto, cabe la posibilidad de que hoy hubiera un Chile con muchas mayores raíces araucanas y mapuches, con una fisonomía cultural diferente de la que predomina ahora.

 

Si la frontera hubiera estado más al norte antes de 1879

Aventurar esta ucronía hace suponer a José Ragas, editor del portal Historia Global Online, que quizá una ciudad como Arequipa sería hoy la frontera peruana con Chile. Ello haría suponer por lo menos dos desenlaces: que la guerra no se habría producido o que hubiese tenido motivaciones y pretextos distintos.

En el caso de que Chile hubiera aspirado a integrar a su soberanía los suelos ricos en minerales en la sierra sur del Perú, difícilmente la victoria habría sido para el país sureño. En tal supuesto, cabe la posibilidad de que la elite arequipeña, de haber contado con una dotación natural de recursos, se hubiera aliado con capitalistas británicos o de otra potencia de la época y así ofrecido una suerte de frente a las pretensiones chilenas, las cuales se tendrían que haber contentado con los territorios bolivianos del desierto. De cualquier modo, en tal caso, Chile habría pensado en otro plan nacional, puesto que su expansión se da justamente en razón de que en el norte había salitre y cobre y ello ya lo habría tenido entre sus dominios. La burguesía chilena quizá habría comenzado a pensar en otra región y en otra frontera, y en tal caso, las relaciones entre el Perú, Bolivia y Chile hoy serían muy diferentes en términos de fronteras. Y, con certeza, se tendría otro tipo de titulares en los diarios respecto de los recursos en disputa.

Por su parte, Quiroz piensa que si Chile hubiera tenido que conquistar territorios arequipeños, ello habría movilizado a la población no sólo arequipeña, sino a la de todo el sur del país, especialmente la de Cusco y Puno. Y dada la geografía de la sierra, como se vio posteriormente en las campañas de Andrés Avelino Cáceres en la Guerra del Pacífico, Chile difícilmente habría podido con un Perú de esa complejidad geográfica. Así, antes de cualquier intención de expansión, habría sido el país sureño el que habría pensado hacer una alianza con Bolivia para animarse a avanzar hacia el Perú.

 

Si los ingleses apoyaban al Perú en la guerra del Pacífico

En otra línea temporal, se podría alternar otros actores y factores en la Guerra de 1879. La historiografía peruana suele afirmar que Chile la ganó gracias al apoyo de los ingleses, lo cual da pie a preguntarse qué habría pasado si ese respaldo se hubiera dado en sentido contrario.

Así, cabe la pregunta sobre el motivo por el cual los ingleses apoyaron a Chile. Cosamalón refiere que el apoyo inglés no está totalmente claro, y que no es posible determinar hasta qué punto influyó en el resultado de la guerra, porque oficialmente la Corona británica nunca declaró a quién protegía. Por su parte, el historiador Daniel Parodi, también de la PUCP, opina que al margen de intenciones subjetivas, los ingleses jugaron en la práctica un papel importante, ya que es un hecho objetivo que durante el conflicto no dejaron de comprarle a Chile guano y salitre con el cual el vecino del sur financió la Guerra, cosa que no ocurrió con el Perú.

Ahora bien, ¿ello habría llevado a otros resultados? Bustamante afirma que con un apoyo inglés al Perú, la Guerra no se habría producido. Pero también cree que es difícil imaginar esa ucronía, ya que los ingleses apoyaban a quien le aseguraba una mayor rentabilidad a sus inversiones y Chile ofrecía, además de ello, estabilidad política, cosa que el Perú no tenía. Por el contrario, el país estaba en una crisis interna profunda, y peor aún, por entonces era el mayor deudor en el mundo de Inglaterra.

Ragas coincide con ello en razón de que buena parte de los capitales ingleses estaban orientados en ese momento hacia el salitre y a las alianzas con empresarios chilenos. En todo caso, un eventual apoyo inglés, más que asegurar un triunfo peruano, en el mejor de los casos habría impedido que la guerra se produjera, dado que la Corona habría evitado a toda costa que peligraran sus inversiones en ambos países.

 

Si funcionaba la diplomacia y no se producía la guerra

Hist_2_small“La diplomacia peruana ha sido la historia del error. Recién comienza a cambiar en los últimos 15 años”, opina Parodi. Para el historiador, uno de sus grandes errores fue la firma del Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia en 1873. Para empezar, en ese momento, el único país susceptible de ataque era Bolivia, ya que el Perú no era limítrofe con Chile. Por otra parte, si los diplomáticos peruanos hubieran sido perspicaces, habrían logrado convencer a Argentina de que firmara el tratado, pero ésta al fin desistió alegando algunas diferencias con Bolivia, aunque las razones hayan sido otras (ver Perú Económico mayo 2009). Sin embargo, en este punto Chile fue más hábil, ya que solucionó todos los problemas pendientes con el gobierno argentino. A opinión de Bustamante, el país sureño hizo un cálculo casi “empresarial” de costo-beneficio, puesto que renunció a sus intereses en la Patagonia a cambio de buscar mejores aventuras en el norte.

En todo caso, a juicio de Parodi, de no haberse firmado el tratado, es una incógnita si Chile se hubiera conformado o no con el salitre de Atacama. También cabe la posibilidad de que el conflicto de todos modos hubiera seguido su curso, fundamentalmente porque el gobierno de Manuel Pardo había nacionalizado las salitreras de Tarapacá en 1875 y el gobierno boliviano de Hilarión Daza gravó con impuestos la explotación del salitre tres años después. Y con ello no sólo fueron afectados los intereses chilenos, sino también los británicos. De ese modo, aun sin el tratado con Bolivia de por medio, también los intereses peruanos y chilenos estaban contrapuestos y sólo era cuestión de que esa dicotomía madurara.

¿Pero por qué el gobierno peruano erró tanto en el ajedrez no sólo de evitar la guerra sino en la estrategia posterior? Al parecer, Manuel Pardo nacionalizó los recursos unos años antes de la Guerra no porque haya sido –ni por asomo– un “humalista de su tiempo”, como ironiza Parodi, sino porque estaba desesperado. Por aquellos años se había producido una crisis mundial similar a la de 1929, y por ende había muchas obligaciones por cumplir, como el costo de los ferrocarriles. La misma Casa Dreyfus se declaró en bancarrota ese mismo año y el Estado estaba a punto de colapsar; ni siquiera los diferentes grupos sociales estaban integrados, aspecto que reclamó Manuel González Prada. Todo ello, pues condicionaba negativamente la posición peruana.

En todo caso, Quiroz sostiene contraintuitivamente que sin la Guerra, el Perú habría tardado algo en salir de la crisis económica y financiera en que estaba desde aproximadamente 1872, visto el proceso de Reconstrucción Nacional emprendido a partir de 1895 con los bríos de recuperar el espíritu patrio. Pero, a la vez, cree que el país habría tenido un destino mucho mejor. El salitre del sur le habría dado los recursos al Perú para despegar económicamente, culminar las vías férreas y construir una infraestructura energética y vial que finalmente habría sido de gran valor para soportar el desarrollo industrial que se dio desde 1895. Así, es probable que el "remezón" por haber tenido que negociar en el área diplomática para evitar una guerra hubiera dado como resultado una toma de conciencia: la de la necesidad de estar alerta hacia un país que se menospreciaba de manera sistemática hasta ese momento.

 

Si el plebiscito acordado en el Tratado de Ancón se hubiera llevado a cabo Ante un plebiscito temprano –o mejor dicho, en el plazo acordado de diez años luego de la firma del Tratado–, no quedan muchas posibilidades ucrónicas: definitivamente Arica y Tacna habrían regresado al Perú. Los historiadores consultados señalan que la prueba más evidente de ello fue que 50 años después de la guerra Tacna pudo volver al país pese a las fuertes campañas de “chilenización” efectuadas. Lo mismo explica por qué el plebiscito se dilató durante tanto tiempo y por qué se inició una campaña de “desperuanización” tan intensa, sobre todo en Arica.

Sin embargo, debe resaltarse la opinión de Villalobos, quien sostiene que el ingreso de Chile al Perú tuvo un efecto positivo para las minorías, como los chinos y afroperuanos, a quienes el ejército chileno brindó asistencia durante la ocupación. Incluso afirma que los soldados invasores recibieron la orden de no atacar a la población indígena porque “la cosa no era con ellos”. Así, si bien el plebiscito tenía que ver con territorios en los que el sentimiento peruanista era más fuerte, también hubo grupos sociales que reordenaron su posición en la sociedad a partir de la ocupación.

 

Si las reformas económicas en el Perú se producían a la vez que en Chile

Tal vez la ucronía más deseable de los tiempos modernos por estos lares sea una reforma económica peruana al mismo tiempo en que dicho proceso se inició en el sur. En ese punto, Chile tuvo la ventaja de contar con una sociedad más homogénea, a lo que se sumó un gobierno dictatorial que mantuvo una política económica sin variación. Sus diferencias internas se centraban principalmente en el campo político, pero su vida social en su conjunto tenía una tradición y educación comunes. Sin embargo, su mérito estuvo en que se jugó solo con su modelo económico, sin una experiencia previa en Latinoamérica.

El Perú tenía, por el contrario, condiciones sociales mucho más complejas y una población que excedía a la de Chile en más de 5 millones, la cual se distribuía no solamente en una desigualdad en ingresos per cápita sino también en lo que ahora la sociología de moda llama “cosmovisiones distintas” respecto del desarrollo. No obstante, si el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado hubiera apostado por una política económica liberal, buscando alianzas con las potencias económicas que auspiciaban la apertura de mercados, el Perú y Chile se habrían desarrollado no sólo al mismo ritmo sino de una manera más integrada.

Es más: para Roberto Abusada, director del Instituto Peruano de Economía, fue el modelo que el Perú venía aplicando desde los años cincuenta el que inspiró en buena medida las reformas en Chile. “Muchos escritos de los militares peruanos eran incluso atractivos incluso para algunos teóricos estadounidenses; los veían como militares de izquierda, pero reformistas y progresistas”. Para él, pues, la ucronía no sería muy compleja: “La respuesta mecánica es que de haber continuado esa política en los setenta, no habría razón para creer que la economía no habría continuado creciendo después de 1972. Pero lo que hay que ver es cuáles son los elementos fundamentales de la ruptura, que tienen que ver con el proceso de nacionalización en una economía pequeña que, por principio, no puede ser autárquica”, opina Abusada.

Hist_3_smallAsí, por el ritmo de crecimiento que se ha visto en los últimos años, quizá hoy la región del Pacífico tendría su propia versión del Mercosur, y probablemente habría integrado a su bloque a Ecuador y Bolivia –con correspondientes ecos amortiguadores de las fuertes tensiones sociales de estos dos países–. Los analistas consultados concuerdan en que ahora ya no se verían con preocupación los más de US$7,000 millones de inversión chilena en el Perú porque las empresas peruanas quizá ya habrían duplicado las actuales inversiones que tienen en el sur –y no solamente por parte de los grupos Romero y Brescia–.

 

Si Perú le hubiera declarado la guerra a Chile en los setenta

En este punto, a pesar de que haya cierto consenso sobre la superioridad militar peruana en los años previos al centenario de la guerra, un conflicto moderno difícilmente tiene vencedores. Basta citar la Guerra de las Malvinas, donde Inglaterra obtuvo la victoria militar y, si cabe el término, la derrota económica. Además, tomando como referencia las guerras actuales que se libran en Oriente Medio y en otras regiones, los balances son nefastos no sólo para los vencidos. Así, paradójicamente, lo que la sabiduría convencional considera el punto más ventajoso para el Perú habría conducido a una crisis sin precedentes, quizá de mayores dimensiones que la de la posguerra de 1879.

“El primer golpe lo habría dado el Perú y posiblemente habría ganado, pero después las cosas habrían sido muy complicadas”, asevera Parodi. A su vez, Cosamalón recomienda pensar en todos los factores que estaban presentes en la escena latinoamericana de los setenta. Por ejemplo, quién apoyaba a Chile en ese momento: si bien Velasco comenzó a adquirir armamento de la ex Unión Soviética, no es un secreto que Chile era un socio estratégico en la región de Estados Unidos, por lo que el equilibrio de fuerzas habría tomado los tópicos de la “Guerra Fría”.

Fuera de los mitos militares al respecto, Ragas duda incluso que haya sido una posibilidad real que Velasco hubiera decidido iniciar la Guerra. “En ese momento la situación económica en el Perú estaba muy complicada, y las reformas introducidas por el gobierno militar no daban resultados. La principal preocupación habría sido cómo zafarse del problema devolviendo el gobierno a los civiles”, sostiene el historiador.

No obstante, aún en el supuesto caso de que Velasco hubiera lanzado el ataque y tenido éxito, lo ganado no habría compensado el valor de la inversión en la guerra. Además, aunque el militarismo chileno tenía el gobierno de su país, habría sido probable que intentara por todos los medios evitar la guerra, sobre todo teniendo en cuenta la política de costo-beneficio manifestada a lo largo de su historia diplomática. Pero lo más previsible es que un Chile derrotado en los setenta y bajo un gobierno militar habría logrado mucho más rápido una cohesión interna como la que gestó para emprender sus reformas. Y siendo, en ese supuesto caso, su resentimiento hacia el Perú mucho mayor, posiblemente se habría armado para contraatacar en los ochenta, los noventa o la década actual, según cuánto le hubiera tomado su periodo de reconstrucción. En esas circunstancias, evidentemente, sería harto difícil que el Perú pudiera estar hoy con indicadores económicos tan favorables.

De cualquier forma, una guerra en los setenta habría sido desastrosa en el balance para ambos países, lo mismo que sería hoy en día. “Se habría tratado de una guerra de desgaste, y la habría ganado quien obtuviera recursos adicionales con intereses demasiado elevados. Las implicancias económicas habrían ido más allá de las dos décadas”, afirma Quiroz.

 

Después de la historia

De cualquier forma, más allá de los titulares presentes y de los eventuales nacionalismos, la ucronía sirve, sobre todo, para recordar que ningún destino está echado completamente, y que la evolución de las relaciones futuras entre ambos países dependerá más de su capacidad cooperativa que de exabruptos o compras de armas. Porque al final, queda claro que las historias del Perú y de Chile no podrían escribirse por separado, aun cuando cada uno de los puntos revisados hubiera tenido un cariz distinto.

 

 

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