MEDIO AMBIENTE
El principal problema ambiental en Junín proviene de Doe Run, en La Oroya. La empresa, a la que en octubre del año pasado se le otorgó un plazo de 30 meses para poner en marcha la planta de ácido sulfúrico y modificar el circuito de cobre del Complejo Metalúrgico de La Oroya, es la principal responsable de la contaminación de la región.
El efecto negativo es alarmante a simple vista, pues cuando se llega a La Oroya, la vegetación previa de la Carretera Central termina completamente e invaden el paisaje cerros sin un asomo de verde –algunos de ellos incluso lucen negros en parte–. De acuerdo con un informe del Blacksmith Institute, basado en cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), La Oroya está entre las 10 ciudades más contaminadas del mundo. El informe también señala que el 99% de los niños de la ciudad tiene restos de plomo en la sangre, a veces hasta por 15 veces los límites permitidos por la normativa peruana y la de la OMS.
Sin embargo, los efectos no terminan en La Oroya, sino que se extienden a la cuenca del río Mantaro. Los metales en el río, que discurre por 80 kilómetros entre las provincias de Jauja, Concepción y Huancayo, exceden los límites permisibles por la OMS; al año, además, su caudal transporta 12.3 toneladas de cobre, 313 de hierro, 11.8 de plomo y 9.9 de arsénico. Con esta agua, por cierto, se riegan los cultivos de parte de la región.
Contra ello el Gobierno Regional, en su plan de inversiones hacia el 2015, tiene programados S/.260 millones para la protección de la biodiversidad y recursos naturales.
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