Pese a que el Cusco es uno de los departamentos con mayor flujo turístico en el Perú –lo que deriva en mayor cantidad de servicios (hoteleros, por ejemplo), comercio y una mayor apertura al mundo exterior–, el departamento sigue siendo extremadamente pobre. De hecho, la tasa de pobreza es de 58.4%; la tasa de pobreza extrema es de 29% y la desnutrición infantil alcanza al 31.7% de la población (la población cusqueña es de aproximadamente 1.2 millones de habitantes).

Así, el departamento, que cuenta con 13 provincias y un PBI de S/.10,262 millones (al 2008), se dedica principalmente a la agricultura, a la prestación de servicios (turísticos) y al comercio. Específicamente, el agro ocupa al 67.3% de la PEA (compuesta en total por 915,671 personas), y sólo representa el 13% del PBI regional (S/.1,710 millones). Los desbalances, vale considerarlo, son notorios en ambos conceptos respecto de otros sectores. Por ejemplo, el rubro de servicios emplea apenas al 11.9% de la PEA, pero representa el 61% del PBI regional; y por otro lado, la minería y los hidrocarburos emplean un mínimo 0.6% de la PEA y generan el 13% del PBI de la región (la misma proporción que el agro).
Sin embargo, el PBI regional creció 9.6% en el 2007 y 7.2% en el 2008. Pero dicho crecimiento se vio truncado en el 2009 dado que la crisis económica mundial tuvo un efecto particularmente devastador en el Cusco: muchos de los turistas que tenían previsto llegar no lo hicieron o pospusieron sus viajes a fin de no gastar mucho en un año complicado. Y cuando terminó el 2009 y las expectativas para el 2010 eran muy positivas, las lluvias torrenciales que azotaron la región en enero y febrero dejaron pérdidas económicas por más de US$236 millones.
Ahora bien, la puesta en marcha del programa “Cusco Pone”, así como un esfuerzo descomunal de una serie de empresas por reconstruir toda la infraestructura lograron revertir, en gran medida, las pérdidas (ver Semana Económica 1219 del 25/04/2010). Pero claro, no se logró crecer como se había esperado para esta temporada.
En línea con lo anterior, cabe señalar que si bien se logró ayudar a muchos de los desplazados por las lluvias en la región, las labores se han hecho con menos ahínco en las zonas de bajo impacto turístico, como por ejemplo en Piñipampa (en la ruta hacia Sicuani), donde los campos de damnificados aún son visibles y las inundaciones continúan.
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