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¿La inflación siempre es mala?

Edición de Agosto 2010

Por qué es sano para la economía mantener algún grado de inflación

Por José C. Saavedra y Daniel Morales - Jefe de Análisis Macroeconómico y Analista de APOYO ConsultoríaImagine por un momento un mundo en el que los precios no aumentan, o sea donde la inflación es de 0%. Un mundo en el que el pollo que compra semanalmente, el automóvil para el que tanto ha ahorrado o la casa de sus sueños siempre cuestan lo mismo. A primera vista, este sería un mundo ideal donde nuestros ingresos y ahorros siempre alcanzarían para cubrir nuestros gastos planeados. La amenaza de un encarecimiento del pollo jamás podría obligarnos a cambiar el presupuesto de la semana como ahora, o alzas en los precios de vehículos y viviendas no nos obligarían a ahorrar más de lo planeado para hacer realidad el sueño del carro y la casa propia. Si éstas son las ventajas de un mundo de inflación cero, imagine usted qué beneficios traería uno en el que los precios bajaran siempre.

Si los beneficios de no tener inflación parecen claros, ¿por qué no buscamos que la economía peruana funcione con precios que nunca cambien o, mejor aún, que caigan siempre? En los siguientes párrafos, trataremos de absolver ésta y otras preguntas, así como algunos comentarios que usualmente surgen respecto de la naturaleza de la inflación y sus efectos sobre la economía.

 

“La inflación se debe siempre a un aumento de la cantidad de dinero”

NO. Si bien es cierto que hay cierto consenso en que la inflación en el largo plazo se explica básicamente por el aumento de la cantidad de dinero en la economía, lo cierto es que en cortos períodos de tiempo (algunos años) la inflación no sólo se explica por este factor.

Una de las razones que explican la inflación es lo que en economía se denomina “presiones de demanda”. Imagine que las familias y empresas deciden endeudarse para consumir e invertir más de lo usual, aumentando así la demanda por varios productos que se transan en la economía. Si usted fuera un vendedor y ve cómo todos sus productos se venden rápidamente, o si tuviese un restaurante y ve cómo la gente hace cola para entrar ¿no se vería tentado de aumentar sus precios ya que hay cada vez más gente que quiere comprarle? Así, cuando el gasto y la demanda crecen por encima de la capacidad productiva, se generan presiones inflacionarias.

Pero existen también otras razones. Por ejemplo, ¿qué tal si en el mundo se da un alza del precio internacional del petróleo, del maíz o de la soya? Al ser estos bienes insumos, su encarecimiento genera un aumento de los costos de transporte, así como del pan y del aceite, entre otros productos. Por ello, es de esperarse que una empresa que enfrenta fuertes aumentos de costos reaccione aumentando los precios finales de los pasajes, de la unidad de pan o de la botella de aceite.

Asimismo, puede haber factores que eleven la inflación temporalmente. Entre ellos, por ejemplo, huaycos que afectan el abastecimiento de productos agrícolas en los mercados y eleven sus precios. O también incrementos de los pasajes interprovinciales ante la fuerte demanda en períodos de fiesta.

En términos generales, podría decirse que en cortos períodos de tiempo todo factor que afecte la “deseabilidad” o la “escasez” de un bien o servicio determinado puede afectar los precios. Si este factor se da de manera generalizada, tenemos inflación.

Finalmente, los precios también pueden subir por mejoras en la calidad o características de los bienes. Por ejemplo, si la calidad de los restaurantes o de los colegios particulares ha mejorado en los últimos años es razonable suponer que los precios por estos servicios también lo harán. Del mismo modo, el metro cuadrado en Lima puede aumentar, en parte, porque cada vez las viviendas o departamentos gozan de mejores servicios o instalaciones (juegos, piscinas o seguridad). Ojalá viéramos este tipo de inflación en el servicio de transporte público.

 

¿Por qué la inflación alta es mala para una economía?

Esto debería estar muy claro para todo peruano. Una elevada inflación como la que se dio a finales de los ochenta en el Perú puede afectar seriamente el bolsillo de los consumidores y destruir una economía. En ese período, los precios aumentaban drásticamente de un día para otro haciendo que los ingresos de las personas no alcancen para poder adquirir incluso bienes tan básicos como la leche o el azúcar. Los más afectados por la inflación siempre son los pobladores de menores ingresos. Además, la reducción del consumo implica menor demanda por productos para las empresas, haciendo que éstas quiebren y despidan trabajadores. Éstos dejan de percibir ingresos, lo que se traduce en menor consumo activando el círculo destructivo nuevamente.

Un caso reciente de una economía con un severo problema de hiperinflación fue Zimbabwe. Cifras oficiales revelan que la inflación de este país africano para mediados del 2008 fue de 231’000,000%, y luego dejaron de publicarse. En adelante, cálculos de especialistas han revelado que esta cifra estuvo exageradamente subestimada y que la inflación verdadera alcanzó los 65 quindecillones nonidecillones por ciento para finales del 2008, es decir, un 6.5 seguido de 107 ceros. ¿Primera vez que ve esa cifra? Para ponerla en perspectiva, esto es equivalente a una inflación de 98% al día, lo que implica que los precios ¡se duplican cada 24 horas! Asimismo, su PBI acumuló una caída de cerca de 20% entre el 2006 y el 2009. Ante estas monstruosas cifras, el gobierno de Zimbabwe decidió dolarizar la economía y hoy muestra tasas de inflación de alrededor de 9%, altas para el promedio mundial, pero más moderadas que las cifras mencionadas anteriormente.

 

 “Si es que mayores precios disminuyen el poder adquisitivo de la población, ¿deberíamos buscar que los precios bajen (inflación negativa)?”

DEFINITIVAMENTE NO. Si los precios caen constantemente, pocas personas tendrían el incentivo de consumir hoy. Resulta obvio, pues usted muy probablemente decidirá esperar que los precios caigan aún más para recién animarse a comprar más barato. Este menor consumo implica una menor demanda de productos para las empresas, las que se ven obligadas a recortar su producción y reducir personal. ¿Cuál sería el efecto? Más desempleados, otra vez menor consumo y el círculo destructivo comienza nuevamente.

Además, la cada vez menor producción y la constante reducción de precios de venta implica menores ingresos para las empresas y, por ende, menores utilidades. Esto reduce los recursos de las empresas para invertir y dinamizar la economía. Es más, este efecto se agrava si es que las familias y las empresas están seriamente endeudadas. Si los precios de venta de una empresa caen, entonces ésta tendrá que vender cada vez más para poder pagar la misma cuota de crédito mensual (el “peso” de su deuda aumenta). Si a eso se suma que sus ventas probablemente estén cayendo, prácticamente se hace imposible generar recursos para pagar las cuotas de los créditos, haciendo que las empresas eventualmente quiebren. Algo similar se daría en el caso de las familias.

 

“Ok, entonces la meta debería ser que los precios no varíen (inflación cero)”

IGUALMENTE NO. Imagine que un país con inflación de 0% cae en recesión. Frente a ello, el Banco Central tendría un impacto limitado sobre la actividad económica, pues si bien podría bajar su tasa de referencia a 0% también, con expectativas de inflación nulas, la tasa de interés real no podría ser negativa. En un contexto de inflación observada y esperada positiva, el BCR podría incentivar el crecimiento del crédito reduciendo más su costo. Más aún, imagine que la tasa de interés del BCR está ya en 0% y la economía, en vez de salir de la recesión, sufre una recaída. En ese contexto, el BCR ya no podría hacer uso de su principal instrumento al verse impedido de reducir más el costo del crédito.

Finalmente, ¿qué incentivos tendrían las empresas de mejorar la calidad de sus productos si posiblemente no podrán cobrar más por ellos? ¿Cómo se ajustarían las empresas si es que el costo de sus insumos aumenta? Tendrían que reducir sus márgenes de ganancia o reducir otros costos y recortar personal.

Una inflación de 0%, si bien no es tan dañina como una inflación negativa, no es beneficiosa, pues reduce la flexibilidad de las empresas y de la política económica, en particular la monetaria, para reaccionar frente a efectos adversos.

Por esta razón, el BCR más bien apunta a que la inflación se ubique dentro de un rango entre 1% y 3%, lo que le da al ente emisor una mayor capacidad de reaccionar efectivamente frente a recesiones.

 

Sin_t_tulo-2_col1Entonces, ¿cuándo es buena la inflación para la economía?

Una inflación positiva, pero baja y estable, incentiva a las familias a consumir hoy y no posponer indefinidamente sus decisiones de compra. De la misma forma, las empresas preferirán inversiones productivas que usualmente son más rentables antes que invertir en activos financieros cuyo rendimiento puede reducirse por la inflación. Ambos efectos son positivos para un crecimiento económico sostenido.

Adicionalmente, una inflación moderada permite que el mercado laboral funcione adecuadamente. Usualmente es difícil para las empresas reducir sueldos en el corto plazo, y en situaciones como una recesión o cuando el salario mínimo está por encima del nivel de equilibrio, el único mecanismo de ajuste que tienen éstas, en ausencia de inflación, es el despido y, por ende, el aumento del desempleo. Pero una inflación moderada permite que, al mantenerse constantes los salarios nominales, los salarios reales se puedan ajustar a la baja, permitiendo que el mercado laboral se “limpie” por precios y no por cantidades (despidos).

Finalmente, así como se mencionó que la inflación da margen de maniobra a la política monetaria, ésta también puede ayudar a las finanzas públicas. Como se mencionó anteriormente, una inflación baja y estable incentiva el crecimiento sostenido, lo que genera ingresos fiscales. Pero además, la inflación puede reducir el peso de la deuda pública cuanto ésta es a tasa de interés fija. Es decir, lo contrario a lo que pasaba cuando la inflación es negativa. Es por eso que se suele decir que la inflación actúa como un impuesto que contribuye a financiar las cuentas fiscales.

 

Saber que hoy el pollo volvió a subir de precio, que el automóvil que planeaba comprarme está algo más caro hoy o que la valorización de la casa de nuestros sueños trepó, sin duda puede molestarnos. Sin embargo, ya hemos visto que estas molestias no son nada comparadas con los verdaderos sufrimientos de un mundo de precios constantes o siempre cayendo, que no resulta positivo después de todo. Paciencia y buen humor, pues mientras la inflación continúe siendo baja (2.75% promedio entre el 2002 y ahora), el malestar será tolerable y podremos estar seguros de que la economía está funcionando bien.

 

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