
Aunque la teoría muchas veces sugiera lo contrario, los gobiernos regionales compiten entre ellos de modo permanente por recursos. ¿Qué estrategias de gestión pública son las más eficientes para que el país saque provecho de esa dinámica competitiva?
¿Son los gobiernos regionales los que deben trabajar para conseguir la igualdad nacional? No. En realidad, las regiones están en constante competencia por oportunidades de inversión. Los gobiernos locales, al ser conscientes de las características de sus economías, plantean políticas de gobierno para utilizarlas a su favor, volver a sus regiones más competitivas y así aprovechar mejor sus recursos, e incluso, si se puede, los recursos de otras regiones.
¿Cómo lideran, pues, esta competencia los gobiernos regionales? Primero, crean políticas que optimicen el uso de recursos y promuevan la inversión privada. Segundo, invierten en educación para mantener y potenciar el capital humano regional, y a la vez impedir que las personas migren a otras regiones en busca de mejor educación. Tercero, promueven la creación de puestos de trabajo para la gente de la región y para la mano de obra más capacitada o económica de las regiones vecinas. Cuarto, ofrecen calidad de vida a sus pobladores.
Cada quien baila con su pañueloLa Corporación Andina de Fomento (CAF) publicó en junio el reporte Desarrollo local: hacia un nuevo protagonismo de las ciudades y regiones. Esta sexta edición del Reporte de Economía y Desarrollo de la CAF busca subrayar el rol primordial que juegan los gobiernos locales para combatir la desigualdad entre regiones. Bajo su marco conceptual, los factores fundamentales e interdependientes que determinan la desigualdad regional son las economías de aglomeración y especialización, las migraciones y el capital humano y las instituciones.
Sin embargo, homogeneizar el país regionalmente no es consistente con los objetivos inherentes a un gobierno regional. De hecho, dichos gobiernos se concentran en potenciar específicamente el desarrollo de su región y no el de las demás. Es decir, ningún gobierno regional desaprovecharía alguna oportunidad de inversión o de acceso a recursos para cedérsela a una región más necesitada. Por ejemplo, son de ley las disputas entre regiones por el uso de agua o por la distribución del canon. En junio, Moquegua acató un paro para reclamar que por mandato Tacna recibirá un monto más alto de canon, a pesar de ser Moquegua la región que aporta mayor proporción de la producción final del mineral.
No se puede negar que los factores exógenos a los gobiernos regionales, como la geografía, incrementan las probabilidades de desarrollo de una región. Sin embargo, los factores endógenos pueden ser igualmente importantes, o hasta más. La CAF presenta recomendaciones finales a los gobiernos regionales y locales para que acaben con la desigualdad; no obstante, la idea de “acabar con la desigualdad” tiene un significado menos utópico y altruista del que indica la frase. En esencia, las recomendaciones van para que regiones pobres acorten distancia de crecimiento económico y social respecto de las más ricas. Sin embargo, dichas recomendaciones también pueden beneficiar a las regiones más desarrolladas para que aprovechen su ventaja y tomen aún más vuelo.
La teoría de la convergencia económica, para el caso regional, dicta que las regiones más pobres deberían crecer en forma más rápida que las más desarrolladas; y así, con el tiempo, las dinámicas económicas deberían llegar a equilibrarse. Esto asume un supuesto de retornos decrecientes de capital, por lo que el rendimiento de nuevas inversiones es más alto que el de inversiones en regiones más desarrolladas.
Así como en Argentina y Bolivia, esta teoría no puede ser aplicada en el Perú; casos contrarios de los de Chile, Colombia y Brasil, países que sí han mostrado una tasa de convergencia entre regiones. El desarrollo y crecimiento regional en el Perú, en cambio, es mejor explicado por economías de escala y de aglomeración; es decir, las regiones más avanzadas son las que tienden a seguir creciendo porque atraen industrias, inversiones y capital humano. Y todas éstas tienen un efecto en cadena, ya que una economía en la que las industrias son sólidas, va a atraer mayores inversiones de distintas empresas y éstas, a su vez, atraerán mano de obra al crear puestos de trabajo. De hecho, la locación geográfica pasa a segundo plano y la decisión de invertir en determinada región es dictada por la cantidad de dinero que mueva su economía e industrias.
La CAF hace un mapeo de la distribución de las poblaciones y de la producción e ingresos en las distintas regiones dentro de ocho países latinoamericanos. En el Perú, claramente, la concentración, tanto de la población como de la riqueza, está en el litoral (ver gráfico Población y PBI). Sólo Lima congrega aproximadamente un 30% de la población y 50% de la actividad económica del país. Asimismo, las regiones con mayores ingresos son las que tienen mejores indicadores de bienestar.
El capital humano –es decir, la suma de destrezas y conocimientos de las poblaciones– es determinante para el desarrollo regional. Por ello, un factor importante es la migración. La CAF realizó entre junio y julio del 2009 un estudio basado en una muestra de 23 ciudades de Latinoamérica, entre ellas Arequipa, Lima y Piura. Dicho estudio muestra los motivos primordiales de las migraciones y sus principales características (ver gráfico Migraciones). Y efectivamente, aquéllas contribuyen a aumentar la desigualdad entre las regiones. La razón principal que las motiva es la búsqueda de trabajo, que va de la mano de los efectos de las economías de aglomeración.
Ahora bien, la llegada de migrantes a distintas regiones trae importantes ventajas para la economía de dichas regiones. Por un lado, una mayoría de emigrantes es, en promedio, mano de obra barata. Este es el caso de las migraciones de Puno a Arequipa: de acuerdo con cifras del INEI, al 2007, en cinco años, Arequipa había recibido 21,325 inmigrantes puneños. Luego de un largo estancamiento precedido por el “Arequipazo” del 2002, la economía de la región ha repuntado y –les guste o no a los arequipeños– una de las razones la presencia de personas de Puno es la que ha revitalizado la economía.
Por otro lado, los emigrantes, en ciertos casos, son personas con el nivel de educación y capacidades más alto de su región que buscan un nivel educativo o retos profesionales que ciudades no les ofrecen. Ellos representan una gran pérdida para sus regiones de origen, e incluso para el país. ¿Cuántos médicos educados en provincias, por ejemplo ejercen en Lima porque los sueldos son mucho más altos?
Asimismo, la muestra de la CAF presenta el nivel de satisfacción por servicio (gráfico Servicios) y la confianza en la seguridad ciudadana regional (gráfico Seguridad). Como ya se sabe, y como concluye la muestra, en temas de seguridad ciudadana, el Perú tiene aún mucho por desarrollar. Y al hacer foco en este aspecto en la ciudad de Lima, también se exhibe una desigualdad en los planes de seguridad entre municipios. El presupuesto de cada municipalidad dirigido a seguridad ciudadana es muy variable entre distritos. Efectivamente, a niveles socioeconómicos más altos, el presupuesto es mayor.
Claro que no. Combatir la desigualdad regional es menester del gobierno nacional. De hecho, el punto de partida es el opuesto. El gobierno, al menos en teoría, busca contrarrestar las economías de aglomeración que favorecen al litoral del país y ofrecer herramientas y recursos a las regiones más pobres. Asimismo, diseña políticas que ofrecen mayor equilibrio entre regiones al promover el crecimiento de industrias e inversiones y facilitar la conectividad entre regiones, que trae desarrollo a las menos favorecidas. Por ejemplo, gracias a la carretera Interoceánica, Madre de Dios va a triplicar su potencial de mercado. Además, de la mano de la generación de industrias, el gobierno central invierte en escuelas, servicios y carreteras para desincentivar las migraciones regionales.
Todo esto no quiere decir que los gobiernos regionales trabajen en dirección opuesta al gobierno nacional. Si este último implementa políticas para combatir la desigualdad, prepara el terreno para que la competencia entre regiones estimule el desarrollo, incentive la especialización y, por tanto, la eficiencia regional y nacional.
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