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¿El regreso del “quetejedi”?

Edición de Octubre 2010

Debido al triunfo de Susana Villarán en la alcaldía de Lima algunos temen que se abra una oportunidad de que el marxismo no sólo reviva, sino que tome el poder por las urnas. Pero las preocupaciones de los inversionistas serían más sofisticadas: para ellos el dilema no es si izquierda o derecha (moderadas), sino estabilidad versus impredictibilidad.

POR HÉCTOR COLLANTES Y DIEGO MACERA

 

No hay duda de que para algunos sectores es triste que la reciente elección de Susana Villarán en la alcaldía haya eliminado de golpe la posibilidad de que los movimientos afines a la izquierda –moderados o no tanto­– se sumen alrededor de su figura para competir por la Presidencia de la República el próximo año. Inesperadamente, la forzosa ausencia de Alex Kouri en la lid municipal puso los reflectores de la opinión pública sobre la candidata de Fuerza Social y motivó que hoy –por primera vez desde 1983– se pueda ver que un frente ubicado a la izquierda del espectro político sea recibido con el cariño de votos por más de un tercio de los electores. Sin embargo, según la periodista Cecilia Valenzuela, la verdad es que los movimientos de izquierda han venido cobrando cada vez más fuerza desde el denominado “arequipazo”, en el que la reacción del gobierno fue retroceder, sentando un pésimo precedente. “Hoy la izquierda está cosechando los frutos luego de un trabajo de largos años y con la ayuda de medios de comunicación que están copados de un pensamiento “caviar””, añade enérgicamente.

Por otro lado, con Villarán acomodándose en el sillón de Nicolás De Ribera, recobra fuerza la pregunta (o temor) sobre si personajes como Marco Arana o Vladimiro Huároc serán capaces de extender el triunfo de la izquierda al nivel nacional de gobierno. Hay que tener en cuenta que, en contra de las reflexiones de Abraham Valdelomar, Lima no es el Perú, y Susana Villarán no es Ollanta Humala. Si los movimientos de izquierda quieren capitalizar al máximo su reciente victoria electoral durante la próxima campaña presidencial, tendrán que esforzarse por diseñar una candidatura tal, que no se sienta ajena y extraña ante el votante medio del interior del país y que no espante a los votantes citadinos que apuestan por una izquierda moderna más parecida a la Concertación chilena que al Partido Nacionalista Peruano. ¿Es acaso siquiera posible semejante alquimia?

A pesar de que numerosos medios internacionales han sindicado a la ajustada elección de Susana Villarán como la resurrección de la izquierda peruana (El País de España) o como una disputa entre izquierdistas y conservadores (O’Globo de Brasil), el periodista Augusto Álvarez Rodrich señala que, en realidad, la pugna izquierda-derecha está cada vez menos presente en la mentalidad del electorado nacional, pues los votantes son cada vez menos ideológicos y más pragmáticos, sobre todo los jóvenes. “¿De qué otra forma podría explicarse que los votos de Kouri, asociado con el fujimorismo, hayan sido endosados a Susana Villarán, quien es vista como el extremo ideológico opuesto? Se trata de un pragmatismo salvaje, del fujimorista al caviar”, concluye el también economista. Por su parte, Carlos Basombrío coincide al señalar que es un error creer que ésta es una batalla entre la izquierda y la derecha, pues muy poca gente toma sus decisiones electorales por razones ideológicas.

La ausencia de una ideología sólida en el recién estrenado electorado de Fuerza Social explica además que dicho partido no haya sido capaz de conseguir una sola alcaldía distrital. Por consiguiente, es razonable suponer que los 2.5 millones de limeños que trazaron un aspa o cruz sobre el símbolo FS el domingo pasado no se sientan necesariamente tan atraídos hacia el programa político real de Fuerza Social como hacia la personalidad de la próxima alcaldesa, lo que restaría alcance al partido frente a las elecciones de abril del 2011. Basombrío indica que fue la misma Villarán, y no su ideología ni sus propuestas, la que animó al electorado a catapultarla a la principal alcaldía del país.

La fidelidad al programa de Fuerza Social puede ser un problema para la agrupación no sólo de cara a los electores, sino a nivel interno. Bajo el paraguas del movimiento de Villarán, agrupaciones como Lima Para Todos y el Movimiento Nueva Izquierda (MNI) han colocado a varios regidores que no pertenecen directamente a Fuerza Social; a decir verdad, de los 21 regidores de Villarán, sólo seis pertenecen a su partido. Conviene advertir que esto tiene el riesgo de traducirse en el mediano plazo en una fragmentación partidaria similar a la que vivió el Partido Nacionalista Peruano una vez que llegó al Congreso, haciendo de difícil manejo la gestión municipal y amenazando así la vigencia de Fuerza Social.

Por otro lado, José Luis Sardón, decano de la Facultad de Derecho de la UPC, opina (ver Semana Económica 1239 del 19/09/2010) que de la misma forma en que el triunfo de Ricardo Belmont en las elecciones para la alcaldía de Lima en 1989 precipitó el de Alberto Fujimori en 1990 –a través de la idea que no era tan grave apostar por alternativas antipartido–, la victoria de Susana Villarán puede tener un serio correlato en el éxito de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales –al transmitir la impresión de que es razonable apostar por alternativas de izquierda–. Valenzuela añade que lo más probable es que Humala sea el candidato de un frente izquierdista, “pues esa es una decisión que ya debe estar tomada desde Caracas”.

 

Del interior hacia Lima

Con respecto al impacto de los resultados de las elecciones regionales sobre el próximo inquilino de Palacio de Gobierno, Valenzuela opina que “los ganadores en las regiones van a ser fuerzas de poder determinantes en las elecciones del próximo año. Muchos gobiernos municipales y regionales dispondrán de grandes fondos en plena campaña presidencial; y escobita nueva barre bien”.  Tomando en cuenta los resultados del conteo rápido realizado por Ipsos APOYO, en 17 de las 25 regiones el partido más votado fue una agrupación independiente (pero sólo las que hayan superado el 30% se librarán de acudir a una segunda vuelta); y aunque existen movimientos regionales afines a organizaciones políticas nacionales, este evidente fracaso de los partidos tradicionales los obligará a sentarse a negociar durante los siguientes meses con varios líderes locales que tendrán la sartén, repleta de recursos, por el mango.

 

El mercado siempre escucha

Es igual de importante preguntarse si el triunfo de Villarán tendrá algún efecto en la economía del país. La peleada elección municipal no pasó desapercibida por los mercados, pero ocurre que la economía peruana está inusualmente sólida y el evento electoral no fue disrupción suficiente, debido al alcance de su acción y a las perspectivas que el mercado le confiere. Así, mientras se discute la verosimilitud del traslado de la votación de Fuerza Social hacia otras opciones de alcance nacional, más de un inversionista prefirió situarse a buen recaudo sin perder la perla en que ahora se ha convertido la deuda peruana.

A inicios de junio, era más barato protegerse de un eventual no pago de deuda soberana peruana que de la deuda de otros países con mejores calificaciones crediticias. Esto debido al alto crecimiento y bajas deuda e inflación del Perú. Los Credit Default Swap (CDS) pagan al comprador el valor de la deuda que un gobierno podría no honrar a cambio de lo que pueda pagar el gobierno caído en desgracia. Mientras que en octubre del 2008 –justo después de la caída de Lehman Brothers– costaba US$626,800 asegurar US$10 millones de deuda peruana por cinco años, en junio, a finales del primer semestre del 2010 bastaban US$135,400 para cumplir ese objetivo. Como referencia, asegurar un monto equiparable de deuda colombiana o brasileña costaba 8.5% y 6.2% más. Otros cálculos realizados por CMA Vision estimaban la probabilidad acumulada de default del Perú en 9.2%; mientras que México tenía 9.3%; Corea del Sur, 11%; Bélgica, 12.1% y Rusia, 13%.

Tan así es que, a finales de setiembre, el Standard & Poor’s mantiene una perspectiva estable en la deuda peruana en soles y favorable en dólares. Esto, gracias a que estima un 7.5% de crecimiento del PBI nacional sin presión en la inflación y que se termine el año con una deuda pública neta/PBI de 16%, en la mediana del BBB, segundo escalón del grado de inversión. Sin embargo, las calificadoras aún están pendientes de los resultados en las elecciones presidenciales. S&P ha comentado que podría elevar la calificación de la deuda peruana una vez que hayan pasado las elecciones presidenciales, y prevé que el resultado de éstas estará influido por la reducción de la pobreza y el desempleo, que debilitan las posibilidades de triunfo de una opción antisistema.

Sin embargo, el mes pasado, una vez registrada la subida de Villarán, otra medida mostró resultados menos satisfactorios. Mientras que en agosto el rendimiento de la deuda peruana fue casi un punto porcentual superior que el rendimiento de la deuda del mundo emergente, calculada según el Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI+) del JP Morgan, en setiembre las cifras se invirtieron. Ese mes, los retornos colombianos, brasileños y mexicanos fueron 1.97%, 1.88% y 1.33%, respectivamente, mientras el peruano alcanzó sólo 1.17%. La deuda peruana rindió menos, pero es justo reconocer que tampoco encontró terreno negativo.

 

Existen motivos históricos para la preocupación. Barclays Capital revisó los números de los CDS cuando en el 2006 Ollanta Humala ascendió en las encuestas para argüir que el riesgo político clave para los mercados sería que éste llegue, al menos, al segundo lugar de las encuestas nacionales. El spread entre los CDS a cinco años para el Perú y Brasil se incrementó de 20 puntos básicos (febrero del 2006) a 100 puntos básicos en las vísperas de la primera vuelta electoral. Pero el mercado se ajustó rápido, pues hacia la segunda vuelta este spread se redujo sostenidamente a la par con las menores opciones de Humala. El banco de inversión inglés, sin embargo, también destaca ahora que no habría mucha presión en el tipo de cambio. Los US$5,400 millones comprados por el Banco Central en setiembre dan la idea de que, como comentó el reciente informe del Financial Times, el Perú en este aspecto está más bien lidiando con los problemas del éxito.

 

Más allá del horizonte

Los banqueros de inversión consultados refieren que el deterioro del rendimiento de los bonos soberanos peruanos no respondió a una venta masiva. Nadie vendió en corto los títulos peruanos por las elecciones municipales y regionales. El cambio en los rendimientos intermensuales fue marginal, por lo que no es del todo atribuible al efecto Villarán, sino al deseo de tomar ganancias aprovechando el sobresaliente desempeño de la fortaleza económica peruana antes de que incluya una prima por riesgo político como la vivida casi cinco años atrás. Del lado de los capitales de largo plazo el cambio fue casi nulo. Otros factores más estructurales en este año motivaron, por ejemplo, que Xstrata Copper apueste US$4,200 millones en Las Bambas y poco menos recientemente, que Melchorita sea realidad con un complejo financiamiento de US$3,800 millones.

No obstante, volvió a quedar patente que en el Perú puede literalmente voltearse el resultado de una elección (con la candidata pasando del anonimato del “otros” al triunfo) en pocas semanas, con un partido disímil y llevando en la espalda significativos pasivos políticos. El efecto específico de las elecciones municipales en Lima es acotado; sin embargo, el panorama en el interior del país es potencialmente mucho más preocupante, en vista de la desarticulación de los intereses detrás de los movimientos ganadores, la práctica erradicación de los partidos tradicionales de alcance nacional en el ámbito de los gobiernos regionales, y la paupérrima cultura política de muchas de sus principales figuras (ver artículo de portada de Semana Económica 1242 del 10/10/2010). Todo ello puede ser caldo de cultivo de algo a lo que los inversionistas temen mucho más que a la coqueta moderación izquierdista: los conflictos sociales institucionalizados y la inestabilidad política permanente. Y como si eso fuera poco, en algunas regiones sí han ganado opciones electorales de corte radical anti-empresa y anti-modernidad.

 

Las elecciones colombianas no fueron un evento de mercado. No parece que las brasileñas lo sean. Pero a pesar del avance del Perú en las últimas décadas, todavía –incluso con abril a seis meses– es muy pronto para decir algo concreto. La historia recién empieza.

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