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Ciencia y tecnología

¿Quién mató a los antiguos americanos?

Edición de n 2010

No sólo los conquistadores, y sus plagas: las ciencias ambientales descubren otros agentes que ayudaron a diezmar a las poblaciones nativas

Por George Simons

 

Resulta incomprensible que Pizarro, con tan sólo 168 hombres y 62 caballos lograse reducir un imperio como el incaico; lo mismo para el caso de Cortez, cuya compañía sometiese la Triple Alianza Azteca cuando la población sólo en la meseta central de México era de 25.2 millones (según el libro The Indian Population of Central Mexico, de S.F Cook y W.W. Borah1). Por otro lado, según los estudios del antropólogo de la Universidad de Cornell, H.F Dobyns, la población india de América antes de 1490 fue de entre 90 y 112 millones; y aunque luego revisó dichas cifras en su libro de 1983, Their Number become thinned, queda claro que en el período precolombino las ciudades de las Américas vivían mucho más personas que en las europeas. 

La hipótesis al acertijo de la conquista fue escrita por H.F. Dobyns, An Outline of the Andean Epidemic History to 1720 (1963) en la revista especializada Bulletin of the History of Medecine. Dobyns sostiene que los Incas no fueron derrotados por el acero y los caballos, sino por las enfermedades víricas y la desunión. Cuando irrumpieron los europeos, aquellas culturas estaban ya erosionadas y fragmentadas. “Cuando una de las facciones estaba a punto de perder la pugna intestina, se aliaba con los invasores para obtener ventaja; pero la cual era apenas pasajera y terminaba con la muerte de éstos”, escribe Charles C. Mann en su libro 1491.

Se cree que las enfermedades que asolaron el continente fueron traídas por los primeros colonizadores. Sin embargo, ya en 1963 Dobyns sostenía que las enfermedades como la viruela, por ejemplo, se encontraron en el nuevo continente antes de que aparecieran los primeros colonizadores. Investigaciones recientes dan la razón a Dobyns. E incluso, el libro sagrado de los mayas, Popol-Vuh, relata la epidemia de una enfermedad llamada "xekik" (vómito de sangre) que se debió a la constante convivencia con los monos. Hoy en día, los epidemiólogos la han identificado con la fiebre amarilla. Asimismo, un reciente artículo de Bruce Stutz, Megadeath in Mexico, publicado en la revista Discover Science, relata las investigaciones de Rodolfo Acuña-Soto, un epidemiólogo mexicano, para comprobar que también la viruela era conocida por los aztecas con el nombre de zahuatl. De acuerdo con las crónicas de los colonos españoles, entre 1520 y 1531, cerca de 8 millones de personas murieron a causa de ella.

W.W Borah y S.F Cook, investigadores de la Universidad de California, afirman que estos virus y epidemias se prolongaron y mutaron como consecuencia del contacto con los europeos. Han calculado que la epidemia más devastadora en México fue la viruela: tuvo tres tandas durante 1518 hasta 1545 y se llevó consigo hasta 48 millones de personas. Ambos investigadores han dedicado décadas al estudio demográfico del reino azteca combinando datos de la era colonial y han estimado que para 1518 la población cayó en 97% en poco más de un siglo. Cifras parecidas ofrece el epidemiólogo E. Fenn en Pox americana: The Great Smallpox epidemic of 1775-82, donde afirma que Huayna Cápac falleció en la primera epidemia de viruela, y que en el Tahuantinsuyo diezmó la población en 1533, 1535, 1558 y 1565.

La identificación de algunas enfermedades aún no es del todo segura; los españoles llamaban peste a enfermedades que pueden ser del todo distintas. Tal es el caso de la epidemia de 1585 que la población nativa llamaba cocoliztli, padecida en Mesoamérica mucho tiempo antes de la conquista. Basándose en la dendrocronología, el estudio de los fenómenos naturales a partir de los anillos al interior de los troncos de los árboles. Acuña-Soto, comprobó que estas epidemias venían luego de un período de intensas lluvias; los científicos hoy consideran que puede ser un hantavirus transmitido por las ratas y las paupérrimas condiciones higiénicas tras el azote de lo que hoy conocemos como Fenómeno de El Niño; y dados los registros dendrocronológicos algunos debieron ser mega-Niños, según Acuña-Soto.

En estas circunstancias, las epidemias propiciaban reducciones vertiginosas de la población. Los indígenas sirionós del Beni, en Bolivia, quienes habían padecido pandemias durante casi veinte años, se redujeron en un 95% en menos de una generación. “Tuvieron que pasar por un cuello de botella genético, que tiene lugar cuando una población mengua hasta el punto que los individuos se ven obligados a procrear con sus propios parientes, lo cual da pie a muy perjudiciales efectos hereditarios”, sostiene Mann en 1491. Allyn Stearman, de la Universidad Central de Florida, descubrió que los sirionós tenían la posibilidad 30 veces mayor de nacer con deformidades en los pies y deficiencias genéticas que los convertían en presa fácil de epidemias más que cualquier otra población.

Francis L. Black, virólogo de Yale, afirma que los indios sudamericanos tienen menos antígenos de los leucocitos humanos (HLA) –moléculas presentes en la mayoría de las células humanas, claves para las defensas inmunológicas- que las poblaciones de Europa, Asia y África. Las poblaciones europeas poseen al menos 35 clases principales de HLA mientras los grupos de indios no llegan a los 17, lo que algunos podrían interpretar como una desventaja inmunológica.

 

Sin embargo, el libro de J.R McNeill, Mosquitos Empires. Ecology and war in the greater Caribbean 1620-1914 recientemente reseñado por Gabriel Paquette en el Times Literary Supplement señala que la inmunología presenta un factor diferencial, es decir, la mayor cantidad de clases principales de HLA que tenga un grupo humano depende del medio ambiente con el cual se haya relacionado y acondicionado. Según Paquette, mientras los locales se encontraban ya inmunizados contra la malaria, ésta fácilmente se transformaba en epidemias entre los europeos recién llegados al Caribe. Ejemplo de ello fue al asedio a la ciudad de La Habana por parte del ejército británico. Durante la época de lluvias la fiebre amarilla atacó al ejército dando como resultado 10,000 muertos, mientras que tan sólo 700 cayeron en batalla. Esta enfermedad se transmite mediante el mosquito hembra Aedes Aegypti; vino desde África con el tráfico de esclavos que trabajarían los cañaverales del Caribe, ecosistema idóneo para que la enfermedad se hiciera endémica en la región, tras aniquilar a la población autóctona y dejar la zona poblada prácticamente por españoles y negros inmunizados. La mejor defensa del Caribe español resultaron, pues, los mosquitos, factor medioambiental no considerado hasta ahora en la historiografía de la conquista de las Américas.

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