Por David Tuesta*
Economista y blogger se Semanaeconómica.com
Se va un año y llega otro. Y en ese lapso el mundo ha seguido viviendo momentos de zozobra. Grandes dificultades en el plano político en Estados Unidos, que sin duda irán imponiendo cambios a las decisiones que se habían venido tomando hasta ahora y que complicarán el objetivo de encender la economía. Europa, por su parte, ha vivido momentos difíciles ante las dudas de los mercados respecto de su sostenibilidad financiera, lo que ha puesto realmente a prueba la posibilidad de que naciones con intereses divergentes encuentren los objetivos comunes que llevaron a su unificación económica hace algunos años.
En contraste, los emergentes continúan creciendo en solitario, con mucha fortaleza. China es el más grande de todos, con crecimientos importantes pero mostrando varias distorsiones en su plano interno (inflación sobre endeudamiento, burbujas), y otras dificultades más en el plano externo, dada su terquedad de no modificar su política cambiaria. Los emergentes más pequeños, tanto asiáticos como latinoamericanos, mantienen sus distorsiones contenidas hasta ahora, y avanzan como una “locomotora”, casi como si no existiera crisis.
El 2010 ha terminado y llega el 2011. ¿Qué tendencias vendrán?
El tiempo de los emergentes
¿Qué elementos han venido marcando la dinámica de la economía mundial y seguirán dejando huella durante el 2011? En primer lugar, queda en evidencia la consolidación del cambio en la dinámica de crecimiento mundial, con prevalencia del conjunto de países emergentes respecto de los desarrollados. Los primeros están en mejor posición para crecer y/o enfrentar en buena forma la probabilidad de algún escenario complicado, mientras los segundos se ocupan todavía de arreglar el caos financiero generado. En efecto, Latinoamérica y Asia emergente han desarrollado en las últimas décadas un dinamismo propio, basado en buenas instituciones económicas, bancos centrales serios e independientes (con mandatos muy centrados en la estabilidad económica y la estructura de precios) y con desarrollos relevantes en sus políticas fiscales (reglas fiscales, para ser más exactos) que les han permitido desarrollar buffers desde los noventa, mientras el mundo desarrollado estaba en “plena juerga”.
Así, mientras el crecimiento del primer mundo seguirá estando por los suelos por un buen tiempo (muchos hablan incluso de una década), el mundo emergente seguirá creciendo con mucha probabilidad el próximo año, a tasas que rondarán entre 4% y 5% para el caso de Latinoamérica y alrededor del 6% para el caso de Asia emergente (sin contar China, que va a una velocidad mayor). Y lo más importante para los emergentes es que este crecimiento tiene una preponderante cuota basada en la demanda interna, y por el momento sin mayores visos de que se estén gestando burbujas de extremo cuidado.
Sin embargo, ello no quiere decir que no haya riesgos. El principal puede provenir de alguna situación global catastrófica, que, aunque es considerada poco factible por ahora, tampoco tiene una probabilidad de ocurrencia igual a cero. Ejemplos de estas situaciones de extremo riesgo para el crecimiento del mundo emergente podrían ser la confirmación de un double dip en Estados Unidos, que se quiebre Europa (ya hemos tenido varias situaciones de alarma en los mercados durante el 2010) o la explosión de alguna burbuja en China que la lleve a un ajuste importante. Pero, por el momento, pensamos que ello estará contenido.
El primer mundo contra la pared
Mientras los emergentes brillan, los países desarrollados están en penumbras. Estados Unidos y Europa (por no hablar de Japón, que la viene pasando mal desde hace dos décadas) enfrentan en general tres serios problemas: crecen poco o nada, no se crea empleo, y las finanzas públicas y privadas están de cabeza. Claramente, los dos primeros son la prioridad norteamericana, mientras la segunda es la urgencia europea, al menos si nos guiamos por lo que han venido imponiendo los mercados durante el 2010.
Estados Unidos tiene el problema de una economía que continúa arrastrando el duro golpe del desinfle financiero, que ha derivado en un crecimiento muy frágil y una elevada tasa de desempleo que se resiste a bajar. Si bien los últimos datos muestran una recuperación de algunos sectores económicos, una mirada más profunda señala que en gran medida ello responde a los remanentes de ayudas fiscales y a la política monetaria de la FED, que –como se sabe– tiene un doble mandato además de la estabilidad financiera: incorpora el crecimiento y la creación de empleo, hecho que complica sus objetivos. Así, aunque por ahora el “riesgo de cola” de un proceso deflacionario y el temido double dip parece haberse disipado (o sólo postergado, según algunos), ello no implica que la recuperación sea fuerte. Es más, es muy difícil que siquiera ésta regrese a su nivel potencial en el corto plazo, con lo que el output gap permanecerá abierto y el mercado laboral continuará mostrándose sin pulso, lo que mantendrá la inflación con presiones bajistas, algo que también dificultará la recuperación del balance financiero de las familias. Un elemento a tener en cuenta, y que requerirá una valoración adecuada sobre su impacto en el sector real, son las medidas de recorte fiscal de fin de año anunciadas por el presidente Obama, así como la manera como se enfrentará el problema de las ayudas de desempleo que están llegando a su límite.
Europa ha ido de uno a otro sobresalto, con movimientos de los epicentros desde Atenas hasta Dublín. En la primera parte del año el protagonista fue Grecia, país que fue salvado y, luego, terminando este 2010, el problema fue Irlanda, el cual a pesar de su negativa terminó también aceptando la ayuda combinada de Europa y del Fondo Monetario Internacional. Detrás de ello, siempre el temor de que esto pudiera significar complicaciones para países económicamente más importante en la Zona Euro (con España a la cabeza, de acuerdo con los mercados) y con ello colocar a Europa al “filo de la navaja”. Por el lado de España, todo parece indicar que el gobierno reaccionará según las exigencias que se vayan imponiendo –al menos esa ha sido la constante hasta ahora en los momentos más agudos de crisis este año–, lo que seguramente permitirá en principio salvar el problema. Pero todo esto irá dejando un escenario económico muy complicado para el viejo continente. De hecho estos eventos afectarán las relaciones de política, dados los diferentes objetivos existentes (si no pregunten a Merkel), lo que podría complicar los esfuerzos futuros para asegurar soluciones de largo plazo, que logren evitar decisiones de carácter proteccionista.
Quantitative Easing y el doble mandato de la FED
El primer mundo ha planteado un serio compromiso por defender el sistema financiero a como dé lugar. Para ello se ha dotado de la mayor cantidad de liquidez posible, y ha dejado clara la posición laxa de la política monetaria, en Gran Bretaña y Estados Unidos, aunque con mayor intensidad en este último. Esta situación no ha estado exenta de generar ya importantes desequilibrios, lo que ha traído movimientos bruscos a los mercados de capitales, y es de alguna manera una de las explicaciones de la “guerra cambiaria” (devaluaciones en busca de competitividad del tipo de cambio, e intervenciones de los bancos centrales), que ha generado y seguirá generando situaciones tensas entre Estados Unidos y China. El Quantitative Easing 1 (QE1), el QE2, anunciado en la última parte del año, y algún otro QE que puede darse en el 2011, serán las constantes a monitorear en el comportamiento y las decisiones en los mercados. Es interesante observar que también el propio Banco Central Europeo, más conservador que sus pares norteamericanos e ingleses, se ha mostrado últimamente algo más agresivo tanto en sus intervenciones en el mercado como en sus declaraciones.
Pero el caso paradigmático es el de Reserva Federal de Estados Unidos, dado su doble mandato de estabilidad y empleo. En principio ha logrado a duras penas lo primero, y ahora va en busca de lo segundo. ¿Será posible que lo logre? Hay serias dudas de que la política monetaria tenga suficiente poder para hacerlo, pues todo parece indicar que el problema estructural de la tasa de desempleo norteamericano es más serio de lo que parece. Si seguimos a Raghuram Rajam, catedrático de finanzas en la Universidad de Chicago, el problema central en Estados Unidos parece estar en el detenimiento en la acumulación de su capital humano. Rajan muestra con diferentes indicadores que éste ha dejado de crecer en promedio desde 1970 y que se ha convertido en la principal explicación del alto nivel de desempleo estructural e inequidad. En general, el número de años de estudio se ha estancado en Estados Unidos desde los ochenta, e igualmente se observa un menor porcentaje de graduados y mayores deserciones universitarias, justamente en un mundo donde se requiere mayor capacitación. Y estas caídas se concentran en gran parte en la población que es ahora incapaz de recuperar sus empleos. Los de mayores recursos, en cambio, han incrementado su capital humano, ganan más y son más ricos, lo que eleva el nivel de desigualdad. Si esto es verdad, el QE2 probablemente logre muy poco, y veremos pronto un QE3.
El factor China
China, como siempre, será un actor relevante para el globo en el 2011, y a partir de este año habrá que estar muy atentos a varios eventos de carácter político que afectarán futuras tendencias. Por ejemplo, merecerán especial atención las conclusiones que traerán Conferencia Central de Economía en pocas semanas, así como el alineamiento de posiciones hasta la transferencia del poder a llevarse a finales del 2012. Qué conclusiones se tomen, qué facciones (los llamados tecnócratas, o los líderes provinciales) ostentarán mayor poder, cuál será la línea relevante de cada uno de ellos, todo ello será en extremo importante.
Las circunstancias económicas que enfrenta China, con riesgos crecientes de inflación, burbuja inmobiliaria y visos de sobreendeudamiento, anticiparán un mayor papel de los tecnócratas en el corto plazo. De hecho ya el partido ha anunciado un viraje hacia una “posición monetaria prudente”. Con ello, creemos que el escenario base es de uno en el que China tome decisiones de ajuste en su política monetaria intentando amainar la tendencia de la inflación, al mismo tiempo que seguirá con sus políticas de desincentivar la expansión del crédito y con mayores cuidados en el manejo del presupuesto público.
Entonces, para el 2011, es muy probable ver varias subidas (entre cuatro y cinco) en las tasas de interés que no necesariamente impliquen cambios paralelos en las tasas de depósito o crédito (por ejemplo, puede decidirse subir más las de créditos para frenar su crecimiento y protegerse contra la erosión de los depósitos). Seguramente también irán imponiendo mayores reservas requeridas a los bancos en los próximos meses; algunos incluso se aventuran a señalar que posiblemente se incluya algún mandato para mantener una proporción de sus reservas en divisas extranjeras, con el fin de reducir la carga que le significa al Banco del Pueblo el proceso de esterilización.
Por el lado de la política cambiaria, es muy probable que en el 2011 se realicen apreciaciones marginales del remimbi respecto al dólar, y, como siempre, seguramente jugando en función de las presiones y los discursos que reciba de la FED y del G-20. Sobre mayores apreciaciones del remimbi, queda por verse el rol que tendrá el grupo de tecnócratas en el control de la política económica. Varios expertos señalan que cuando esta facción tuvo mayor control en el período 2007-2008, la divisa china se apreció más rápido.
Por tanto, con el ajuste en marcha en China, se espera que el crecimiento el 2011 sea algo menor, pero es poco probable que se ubique por debajo del 8,0%, que seguramente será la meta que el gobierno se planteará. Aunque –como hemos visto en ocasiones anteriores– nunca se sabe con los chinos.
¿Una nueva definición de normal?
Todo indica que estamos aterrizando en un nuevo equilibro, una nueva situación de normalidad, con cierta estabilidad, y, por tanto, no cabría esperar un double dip en el 2011. ¿Por qué? Primero, el mundo desarrollado ha experimentado un proceso de ajuste importante, tanto público como privado, que va limpiando la posibilidad de riesgos financieros a la vista. Así, no cabe esperar un escenario de crisis financiera amplia y estructural en el mundo desarrollado.
Lo que se aclarará es la presencia de un escenario de bajo crecimiento en el 2011. En primer lugar, la confianza en los mercados seguirá deprimida dadas las altas tasas de desempleo que al parecer permanecerán. Si alguna recuperación se dio en el 2010, ésta dependió de las ayudas fiscales que –como sabemos– será muy difícil que se mantengan al mismo nivel. Por otro lado, el proceso de desapalancamiento privado sin duda seguirá, no obstante las tasas de morosidad que continúan elevadísimas en el primer mundo. Éste es un proceso que puede durar un par de lustros.
El mundo emergente, por su lado, brillará de manera contrastante, pues mostrará mayores fortalezas, lo que le permitirá dotar de sostenibilidad a su crecimiento y –claro está– tendrá que enfrentar un año de fuertes presiones por apreciación de sus monedas. Un nuevo equilibrio nos espera en el 2011, muy distinto al que se solía ver antes tras una crisis cuando los países emergentes eran los que terminaban casi moribundos. El mundo claramente ha cambiado.
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