La neurociencia crea hoy medicinas para potenciar la atención, la memoria e incluso compuesto a la medida según la tarea a realizar
por GEORGE SIMONS
De sus viajes por la India, el psiquiatra Joseph Moreau de Tours llevó a París el hachís. Éste, un derivado de la marihuana, es una resina de reflejos rojizos, negros y verdosos. A lo largo del siglo XIX, para consumir hachís se tenía que hervirlo y mezclar con azúcar y algunas especies. Moreau logró reunir a un grupo de artistas como Eugéne Delacroix, Gérard Nerval, Honoré de Balzac y Charles Baudelaire en el Hotel Pimodan, París. Allí, a mediados de la década de los cuarenta del siglo XIX, estudió y analizó sistemáticamente los efectos de esta droga sobre el sistema nervioso de los artistas. Así nació el Club des Hachischins; fruto de esas observaciones Moreau publicó en 1945 El hashis y la alienación mental, el primer tratado de farmacología moderna.
La evolución de esta ala específica de la farmacología ha desembocado en lo que hoy se conoce como neurociencia. Si antes se buscaba cómo alteraban el sistema nervioso sustancias como la marihuana, hoy la industria busca dar con los compuestos químicos idóneos para regular las sinapsis de ciertas funciones cerebrales para diferentes tareas de memoria a corto y largo plazo, y analíticas.
El farmacólogo Stefano Govoni, de la Universidad de Pavia en Italia, sostiene que la marihuana y otros psicotrópicos, como el LSD, la mescalina o la psilocibina, incrementan la creatividad. El pintor expresionista Edvard Munch usaba ciertos hongos alucinógenos para inspirarse y lograr pinturas como El Grito, y ejemplos tales van desde Baudelaire, Valle Inclán hasta la actual Lady Gaga. Pero también muchos otros escritores, como Hemingway, Edgar A. Poe e, incluso, salvando las diferencias, el escritor peruano Alfredo Bryce, usan el licor para estimular la creatividad. Especialmente licores de ajenjo, del que a través de cierta destilación se produce un trago verde y alucinógeno llamado absenta, y puede llegar hasta 89% de alcohol.
No obstante, hoy en día la industria de la neurotecnología busca dar con psicoestimulantes que no dejen efectos secundarios, como fatiga, resacas o insomnio. Conforme los neurocientíficos abren nuevas claves en los secretos de los circuitos neuronales, neurotrasmisores y eventos moleculares que disparan funciones en dominios cognitivos como la atención y la memoria, los piscoestimulantes se van sofisticando. Al punto que hoy en día logran modular las frecuencias de electricidad incrementando o disminuyendo los ratios de electricidad en las áreas del cerebro que controlan. Los productos farmacéuticos, o smart drugs, han tenido una gran aceptación en el mercado. De acuerdo con un estudio realizado en el 2008 en la revista especializada Pharmacotherapy, investigadores de la Universidad de Maryland interrogaron a 1,208 estudiantes universitarios: el 18% tomaba medicaciones para los trastornos de atención, como Ritalin o Adderall, a pesar de no tener prescripción.
En un mundo donde el multitasking está a la orden del día, donde para cada tarea se deben ignorar otras tantas distracciones, no necesariamente uno debe desarrollar un trastorno de atención para detectar un déficit en su performance. De acuerdo con la revista Discover, el 20% de más de 1,400 encuestados respondió que utilizaba pastillas para mejorar ciertos procesos cognitivos, la mitad de los cuales eran profesionales mayores de 35 años; pero no por razones médicas, sino para mejorar su rendimiento y adquirir una mejor concentración en el trabajo. De ellos, el 50% sostiene hacerlo diaria o semanalmente.
Existen ya compañías como Cortex, que están probando con compuestos a base de ampakines, tanto para los trastornos en la atención como para el Alzheimer. Los primeros tests en humanos sanos han sido un éxito y no tuvieron efectos secundarios, según Mark Varney, CEO de Cortex. No obstante, según Varney: “la mejora de la memoria y la atención se logra sólo hasta cierto nivel; éste muy probablemente coincida con el acmé que la memoria de cada cual tuvo durante la adolescencia hasta los 25 años aproximadamente. Luego ciertas neuronas mueren y su capacidad se reduce”.
Los recuerdos se crean por procesos físicos y químicos en la sinapsis: son las conexiones entre las células del cerebro que se remodelan continuamente en el proceso de recordar y guardar. El proceso varía si acaso las memorias son agrupadas en memoria de largo plazo o solamente temporal. Según Tim Fully, fundador de Helicon Harbor Laboratory, su compañía estudia un gen llamado CREB (según las siglas en inglés response element-binding). Se trata de una proteína que, entre otras funciones, actúa como factor de transcripción entre los recuerdos almacenados en la memoria de corto plazo en recuerdos de largo plazo. El principal problema que enfrenta el estudio de este gen es que el córtex prefrontal, involucrado en la memoria de trabajo, y el hipocampo, involucrado en la memoria de largo plazo, tienen químicos diferentes, lo que causa que cuando se estimula una, el otro tipo de memoria reduce su performance. Hasta el momento, la compañía tiene medicinas experimentales con nombres como HT 0712 ó HT 2157.
De acuerdo con Michael Minzenberg, de la Universidad de California, medicinas hoy de moda, como Modafinil y Ritalin, que actúan en los neurotrasmisores de dopamina y noradrenalina, estimulan la atención, función realizada en el córtex prefrontal del cerebro. Minzenberg ha investigado la acción de la droga a través de resonancias magnéticas, electroencefalogramas en 21 personas. Ésta inhibiría la reabsorción del neurotrasmisor, lo que permitirá enfocar la atención de manera más prolongada.
Por su parte, Timothy Buschman y Earl Miller, del MIT, han descubierto dos tipos de atención en dos regiones separadas del cerebro. Ambas partes sostienen la concentración gracias a la frecuencia de pulsos eléctricos emitidos entre las neuronas. El córtex prefrontal se encarga de la concentración a voluntad. Cuando se hacen tareas como escribir o dar un examen los ímpetus y las órdenes vienen de aquella parte del cerebro. En estos casos, las frecuencias de los pulsos cerebrales son más lentas. En cambio, si uno debe centrar su atención en algún hecho repentino en los que prima la automaticidad, trabajará con más preponderancia el córtex parietal. En estos momentos, las frecuencias de los pulsos eléctricos son más rápidas. Miller afirma que de entender completamente estos dos tipos de atención, podría calibrarse la atención según la tarea que se realice. Así, en un futuro, los compuestos acelerarán o disminuirán los ratios en ciertas partes del cerebro según la función que el individuo deba realizar, sea un piloto de avión de caza o un cirujano.
Nuevamente dependiendo de qué tipo de memoria se requiera para tal o cual actividad específica, los trabajadores podrán, en un futuro, medicarse para así incrementar su productividad. Todo indica que la neurociencia se encuentra hoy ad portas de crear psicoestimulantes a la medida del trabajador.
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