

Debido a las últimas catástrofes naturales ocurridas a nivel global, como el reciente terremoto y el posterior tsunami que devastaron la costa noreste de Japón y los sismos de Chile y Haití en el 2010, valdría la pena revisar lo alcanzado por el Sistema Nacional de Defensa Civil (Sinadeci), creado en 1932, en materia de gestión de riesgos de desastres naturales como factor determinante en el proceso de toma de decisiones. A continuación, cuatro recomendaciones para optimizar las labores de evaluación de riesgos y reducción de la vulnerabilidad por parte del Sinadeci.
Se evidenció una falta de cultura de prevención tanto de las instituciones como de la población en general durante el sismo que azotó Pisco en agosto del 2007. La limitada organización y preparación de las autoridades regionales y locales hizo que éstas demoraran en asumir sus responsabilidades de organización y conducción de las acciones de respuestas requeridas después del terremoto. En tanto, los comités locales de Defensa Civil no tuvieron la oportunidad de realizar acciones de preparación en las zonas afectadas por el sismo, mientras que los sectores público y privado del Sinadeci mostraron falta de entrenamiento en la coordinación, comando y control en el manejo del desastre.
Con el objetivo de evitar futuras descoordinaciones, resulta necesario que el Estado planifique con antelación los mecanismos de respuesta a aplicar posteriormente a un desastre natural, así como la delimitación de las funciones específicas que debe cumplir cada uno de los organismos que conforman el Sinadeci. Actualmente no estamos preparados para manejar de manera rápida y eficiente los fondos de contingencia de que dispone el Estado ante una catástrofe natural.
El Estado debería impulsar la cultura de prevención en la población mediante la educación formal y la educación comunitaria con miras a mejorar el accionar de la comunidad en el mediano plazo. Para ello resulta necesario impartir en las escuelas cursos básicos de construcción, los cuales contengan conceptos elementales pero a la vez importantes sobre el tema.
Este último aspecto es un factor clave dentro del proceso de reducción de la vulnerabilidad. Los daños ocasionados por el sismo en distintas zonas urbanas tuvieron relación directa con la naturaleza de las construcciones, su antigüedad y la falta de cumplimiento de las normas antisísmicas. Según cifras del INEI, el número de viviendas destruidas e inhabitables en esta zona, la más afectada por el terremoto, ascendió a 65,000.
Debería informarse, a través de los medios de prensa o mediante el uso de otros canales de comunicación, acerca de la importancia de contar con edificaciones antisísmicas, así como de la construcción sobre suelos estables. Una posible solución a este problema estaría en la calificación y el entrenamiento de los revisores municipales de los planos de estructuras y de arquitectura. En la misma línea, una idea interesante de imitar en nuestro medio (y que tiene un éxito relativo en otros países) sería otorgar créditos hipotecarios condicionados al cumplimiento de ciertos estándares antisísmicos en la construcción de las nuevas edificaciones.
El aspecto de prevención frente a cualquier catástrofe natural está determinado por el grado de desarrollo científico de un país y este último factor, a su vez, por la proporción del PBI que se destina a la inversión en ciencia y tecnología. El Perú actualmente invierte alrededor del 0.1% del PBI en este rubro, cifra insuficiente para alcanzar un conocimiento experto en la materia.
Cabe señalar que la poca inversión de Haití en la prevención y mitigación de sismos (el país no contaba con sismólogos ni con un código antisísmico) influyó negativamente en su vulnerabilidad frente al sismo de 7.3 grados que devastó el país en enero del 2010. En contraste, la mayor inversión realizada por Chile en este campo (tenía un equipo de ocho sismólogos experimentados) se reflejó en un menor número de víctimas y daños materiales percibidos a raíz del sismo del 2010. Actualmente, el Perú sólo cuenta con dos sismólogos.
La información científica representa un elemento fundamental en todo proceso de gestión de riesgos de desastres, especialmente en las acciones de administración de una emergencia. Por ello resulta necesario implementar sistemas de alerta temprana para la obtención de fenómenos de origen natural. Es importante mencionar que, a la fecha, el Perú cuenta con un sistema de este tipo valorizado en S/.3 millones y posteriormente elevará su número de instrumentos de medición (acelerómetros) de 25 a 150.
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