Ciencia y tecnología

La perversión de la vejez

Edición de Marzo 2011

Recientemente la medicina ha dado importantes pasos en la batalla contra la degeneración del organismo humano

por GEORGE SIMONS

 

Se cree que la vejez es la perversión de la juventud; sin embargo, no hay proceso más natural que la decadencia del cuerpo humano. Ello se evidencia en la simple respiración. Es decir, al inhalar el oxígeno se forman en el organismo moléculas reactivas llamadas “radicales libres”. Éstas son las causantes de efectos negativos en aquellas células que se renuevan continuamente, como las células del intestino y del hígado. La piel, aquello que envuelve a todo individuo, y como tallo fino de una selección natural marca sus siluetas, se deja estirar por los gestos y la maduración de los músculos y cambia de color con el sol. Es ahí donde el paso de los años deja sus huellas más visibles.

Sin embargo, a pesar de los miles de años que lleva la especie humana lidiando con la decadencia del cuerpo, aún le resulta difícil aceptarlo. La obsesión por no envejecer ha llevado a crear mitos como el de la fuente de la eterna juventud. Éste fue registrado ya por el primer historiador de Occidente, Herodoto, quien en el libro Talía de su Historia recoge la conversación entre una embajada del pueblo Ictiófago y el rey de los etíopes. Dicho rey aseguró a los ictiófagos que la longevidad de los etíopes se debía a dos factores. Primero a su dieta, basada en carne cocida y leche; y segundo, a la costumbre de bañarse en una fuente natural cuya agua era tan leve que nada podía flotar en ella. Luego de bañarse los hombres en ella salían lustrosos como si la fuente fuera de aceite y con un aroma a violeta.

Ya en el mundo moderno, caracterizado por la desmitificación y desacralización de la tierra y de la historia, esta obsesión adquiere un cáliz comodón, cínico inclusive. El literato inglés Oscar Wilde la expresa así en su novela corta El retrato de Dorian Gray:“Para recuperar mi juventud haría cualquier cosa en el mundo, menos hacer ejercicio, levantarme temprano o ser respetable”.

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Telomerasa antiaging

Hoy las cifras recogidas por el Center for Drug Evaluation and ResearchdeMaryland, EEUU, respaldan este increíble ímpetu de la especie por dilatar a toda costa el paso de la madurez a la vejez. El volumen del mercado mundial de productos y servicios antiaging ascendió en el 2008 a un total de US$162 miles de millones. El mercado está dividido en el submercado comprendido por cirugías plásticas y medicinas, que ascendió en el 2008 a los US$66 miles de millones y en el submercado fitness y de cuidado de la apariencia, que va desde los spas y gimnasios hasta los cosméticos y las terapias regenerativas, que alcanzó los US$64.4 miles de millones. Según pronósticos de dicha institución, el mercado antiaging se incrementará en US$275 miles de millones para el 2013. No obstante, toda esta fortuna gastada a lo sumo sólo podría retardar lo inevitable.

Sin embargo, los descubrimientos científicos de Elizabeth Blackburn, Carol Greider y Jack Szostak respecto a la función de la telomerasa, que les valió en el 2009 el Premio Nobel en fisiología y medicina, han dado nuevas luces en esta batalla por la longevidad.

La enzima telomerasa es una inscripción genética molecular que cataliza las reacciones químicas en los telómeros, secciones del ADN que residen al final de los cromosomas, para que realicen los procesos de división de las células.

Bajo el microscopio, la telomerasa se ve como una especie de membrana que en sus secuencias se extiende hasta el final de los cromosomas, donde se guarda la historia del ADN y el ordenamiento de las proteínas. Cada vez que se produce una división celular, los telómeros reducen su tamaño, al punto que la división celular se ralentiza, y ocasiona una disminución progresiva de funcionalidad hasta que las células dejan de dividirse y mueren.

Por su parte, los estudios del Albert Einstein Institute for Aging Research demuestran que en personas mayores de 60 años, aquellos con telómeros cortos, morían de enfermedades cardiovasculares en una proporción tres veces más alta que los demás. No obstante, de acuerdo con el artículo “Physical Exercise Prevents Cellular Senescence in Circulation Leukocytes and in the Vessel Wall”, de la revista especializada Circulation, esta determinación genética se puede revertir. En efecto, los experimentos demuestran que practicar ejercicio intensivo durante varias décadas previene la reducción de los telómeros.

A partir de estas conclusiones, los científicos buscan reproducir por medio de medicinas la activación de la telomerasa. En efecto, los experimentos del Dr. Roland de Pinho, de la Universidad de Harvard, cuyos resultados han sido publicados en la revista Nature, muestran que los ratones genéticamente modificados para carecer de la enzima telomerasa envejecían prematuramente. Asimismo dejaban de desarrollar plenamente su cerebro, además de tener otros problemas, como la infertilidad y los daños al intestino. No obstante, cuando se les inyectaba la enzima los tejidos y en general los síntomas del envejecimiento se revertían.

Por su parte, la medicina Rapamicin mostró potentes propiedades antibióticas, y se cree que retardaría el envejecimiento de ratones hasta en 38%, según los estudios del científico David Harrison. Además, tal medicina se usa para frenar la acción del sistema inmunitario y evitar el rechazo de los nuevos órganos en los casos de trasplantes.

 

Obstáculos para la longevidad

Si bien se creyó que tales resultados aplicados a los seres humanos tendrían un impacto inmediato en la salud pública, existe una serie de obstáculos para ello. El principal es que los ratones generan su propia telomerasa a lo largo de sus vidas, mientras que en los hombres adultos la mencionada enzima deja de funcionar cuando se llega a la vejez. Por otro lado, de acuerdo con un informe de la Universidad de Michigan, publicado en la revista especializada Development Cell, la telomerasa es también lo que mantiene activo al 90% de las células cancerosas. Así, mientras que aquellos que luchan contra la vejez buscan drogas que promuevan el crecimiento de los telómeros para robustecer la telomerasa, los otros que luchan contra el cáncer buscan reducir la telomerasa en las células cancerosas.

Lo cierto es que, de acuerdo con la revista Trends E-Magazine, en la actualidad, además de las investigaciones antiaging relativas a la telomerasa, compañías como GlaxoSmithKline invierten fuertes sumas de dinero en compuestos antimicrobianos que se acumulan en algunas plantas, que no sólo prevendrían el envejecimiento, sino también la diabetes tipo-2. Sin embargo, según Trends, estas medicinas antiaging recién saldrían al mercado tal vez para el 2020. Mientras tanto, habrá que tener paciencia con los achaques de la edad, ya que no son los años que pasan sino los seres vivos.

 

 

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