ABC del momento

Partido aparte

Edición de Marzo 2011

La gran cantidad de partidos nacionales presentes en estas elecciones deja dudas sobre el progreso de la política peruana

El reciente proceso electoral no puede evitar reflejar que, a pesar de los enormes logros conseguidos por el Perú en materia económica y que lo colocan en una privilegiada posición expectante dentro del mapa internacional para dar el salto hacia el desarrollo, en materia política aún el país está lejos de alcanzar la madurez institucional. Una de las señales más claras de su orfandad política es la amplia lista de partidos que aspiran a ocupar diversos cargos públicos a partir del 28 de julio. Los llamados debates electorales –conviene tenerlos en mente– no son lo único que se debilita cuando el número de candidatos presidenciales es suficiente para completar un equipo completo de fútbol.

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Uno más y nos vamos

Según José Elice, director ejecutivo de Reflexión Democrática, las democracias más estables cuentan máximo con tres partidos nacionales y resulta impensable la viabilidad de una democracia avanzada con tantos partidos como los que tiene el Perú. “Aunque en un país tan diverso como éste quizá podría haber espacio para más de dos”, matiza Javier Abugattas, profesor de Ciencia Política de la PUCP, al respecto, y añade que se debe trabajar en partidos que expliciten los mínimos comunes dentro de una sociedad. “Con eso podríamos avanzar hacia políticas de Estado que no cambien gobierno tras gobierno. Bastaría con una alianza firme entre pocos jugadores, y eso es más fácil de lograr”, dice Abugattas.

 

“Aunque el número exacto de partidos no importa, sino la calidad de éstos, la verdad es que ojalá fuese menor el número de partidos en el Perú para que la gente pueda comparar mejor sus políticas”, comenta Abugattas. En efecto, aunque no se puede decir que siempre menos es necesariamente mejor, diversos casos de la región ilustran bien el punto. Por ejemplo, en Chile, una de las democracias mejor consolidadas de la región, a las elecciones generales del 2009 postularon únicamente cuatro candidatos, mientras que en Haití, el país más pobre de Latinoamérica, intentaron hacerse de la presidencia nada menos que 19 ciudadanos en el 2010; la misma cantidad de candidatos presidenciales que tuvo el Perú en el 2006.

 

La necesidad de un número reducido de partidos pasa por disponer de instituciones serias que puedan canalizar las demandas ciudadanas a la vez que, cuando no les toca ser partido de gobierno, mantienen altas posibilidades de llegar a la presidencia en la siguiente elección. De acuerdo con Abugattas, los partidos además deberían ser capaces de mantener equipos técnicos de primera que fomenten la discusión política no sólo en época de elecciones, sino también de manera permanente. “La presentación del Marco Macroeconómico Multianual (MMM) del MEF, por ejemplo, es una excelente oportunidad para hacer política vigente con una suerte de ‘gabinetes sombra’”, añade. Este tipo de acciones, sin embargo, se diluyen cuando se intentan alzar más de diez voces partidarias para opinar sobre cada tema de relevancia coyuntural.

 

Política peruana

¿Por qué existen tantos partidos de alcance nacional en el Perú y qué se puede hacer para favorecer el fortalecimiento de los que podrían quedar? Elice se anima a comentar que inclusive en el corto plazo se podría llegar a un menor número de partidos si se siguen algunos mecanismos. Primero, garantizar la eficiente fiscalización de los partidos con respecto a sus comités partidarios descentralizados, pues muchos no cumplen con tener representación nacional efectiva, y sin embargo no existen las herramientas para supervisarlos. Segundo, la implementación de elecciones uninominales –en las que cada circunscripción vota por un solo candidato– tiende a reducir también el número de partidos. Tercero, Elice sugiere la eliminación del voto preferencial y, finalmente, la elevación de la valla electoral.

 

El problema, sin embargo, no reside únicamente en una cuestión normativa o legal, sino –en palabras de un senador español de mediados de siglo– en el “aventurismo político” de una población que en ocasiones parecería responder más a las personalidades cautivantes que a las instituciones con programas definidos.

 

 

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