¿Son las semillas mejoradas monstruos genéticamente diseñados para atacarnos cuando estemos dormidos? ¿Será que en cinco años, de permitir que ingresen al Perú, se comerán la biodiversidad del país? ¿Será cierta tanta amenaza?
por HANS ROTHGIESSER
En pocas oportunidades, el país se ha topado con temas tan conflictivos como el de los transgénicos. Parece que distintas circunstancias hubiesen confluido para dificultar el debate serio y técnico con respecto a este tema, el cual se ha politizado y se vuelve cada vez más difícil de conciliar. Distintos grupos están llevando la discusión a distintos niveles, llegando a conclusiones que no necesariamente van a ser compatibles unas con las otras.
Por un lado, la discusión se ha acelerado debido a la llegada de las campañas políticas. Tanto Keiko Fujimori como Ollanta Humala han abordado el tema con posiciones bastante claras. Esto ha llevado a que los grupos en pugna insistan en sus argumentos con mayor fuerza. Por otro, el incremento de los precios de los alimentos también ha aportado en llamar la atención a la necesidad de aplicar mejor tecnología para poder atender la seguridad alimentaria de mejor manera. Y resulta que al final de cuentas de lo que se habla es de un elemento nuevo en la producción de alimentos, algo bastante cercano a la vida diaria. Quizás por eso sea que tantos grupos participan con mucha más pasión en esta discusión que en cualquier otra.
Es importante insistir en que –como se dijo inicialmente– esta discusión tiene varios niveles. Uno de ellos es el comercial, uno de los que mayores preocupaciones ha levantado. Al respecto no me voy a extender, porque este detalle ya ha sido bastante cubierto por los medios. No obstante, más allá de eso, algunos políticos han querido basarse solamente en esto para presionar las conclusiones de científicos en una dirección más conveniente para ellos, lo cual no resulta ser muy responsable.
En el documento Biotecnología moderna de los alimentos, salud y desarrollo humano de la OMS se comenta que el uso de los organismos genéticamente modificados implica un potencial aumento en la productividad agrícola, un incremento en el contenido nutricional de los productos –que a su vez tienen impactos directos en mejoras en la salud y en el desarrollo humano–, una reducción en el uso de químicos para la agricultura, entre otros efectos positivos a los que se tendría acceso de aplicarse correctamente.
“La aplicación de semillas mejoradas se refiere meramente a una estrategia comercial”
FALSO. Tal como insiste la FAO, el uso de semillas genéticamente mejoradas constituye un esfuerzo por hacer a la tierra más productiva, de tal manera que la agricultura moderna pueda enfrentar la potencial escasez de alimentos. En su Draft Declaration of the World Summit on Food Security del 2009 se menciona que incrementar la productividad agrícola es la principal manera para enfrentar el incremento de la demanda por alimento. La utilización de semillas genéticamente mejoradas es una de las estrategias mencionadas.
“La resistencia a usar semillas mejoradas responde a una aversión del agro peruano a implementar nueva tecnología”.
VERDADERO y FALSO. Mientras que por un lado hay un segmento de la agroindustria peruana que se tecnifica gracias a fuertes inversiones en nuevos sistemas de irrigación o de maquinaria más moderna, se tiene por el otro un inmenso sector de la población que vive de la agricultura más rudimentaria, la cual tiene una fuerte aversión a aplicar nuevas tecnologías o a hacer las cosas de una manera distinta a como lo han estado haciendo por generaciones. Lo primero se puede comprobar en el balance de las importaciones mensuales que emite Aduanas: en el período enero-abril 2011 la importación de bienes de capital para agricultura aumentó en 35% con respecto al mismo período en el 2010. Lo segundo se puede comprobar en estudios hechos por el INIA hace años, en los que se identifica esa aversión como una de las principales razones por las cuales campesinos de ciertas zonas del Perú se resisten a incorporar nuevas tecnologías.
“Las semillas genéticamente mejoradas son la única manera de mejorar la productividad de la tierra”.
FALSO. El programa Sierra Productiva ha demostrado que se pueden obtener excelentes resultados en incremento de ingreso de los campesinos a través de la transferencia de tecnologías simples –durante 1995-2000 se promueve la incorporación de 18 tecnologías que benefician a 175 mil personas, de acuerdo con Sierra Productiva–. Éstas van desde la aplicación de riego más planificado hasta la reutilización de desperdicios.
“Ésta es una discusión en la que tenemos que decidir entre transgénicos y biodiversidad”.
FALSO. Ésta es una dicotomía promovida por aquellos que quieren evitar que ingresen los transgénicos a toda costa al Perú introduciendo temores infundados. Con una correcta regulación y con controles adecuados se puede evitar toda amenaza potencial –si la hubiera– a la biodiversidad nacional.
“Aún hay mucho tiempo para decidir respecto al uso de transgénicos”.
FALSO. De hecho, algunos gobiernos regionales ya han querido adelantarse declarándose zonas libres de transgénicos a través del uso de ordenanzas regionales. Su justificación es que se trata de una medida temporal mientras se decida a nivel nacional qué es lo se quiere hacer con respecto a este tema. Cusco, Ayacucho y San Martín no solamente prohíben la comercialización y el cultivo de productos transgénicos, sino también la investigación. Sí, leyó bien: la investigación científica.
“Prohibir la investigación científica califica como un atentado contra la innovación, la tecnología y la ciencia”.
VERDADERO. Prohibir la comercialización y el cultivo mientras se decide la política nacional puede llegar a tener sentido. Pero prohibir la investigación científica corresponde a un acto irresponsable que atenta contra el desarrollo porque implica renunciar de antemano a un conocimiento que puede ser valioso. Es como prohibir la investigación sobre cualquier ámbito que implique algún riesgo de daño (incluso remoto) sólo para evitar ese daño, incluso cuando los efectos positivos de esa investigación podrían salvar vidas o generar bienestar a muchos. Prácticamente cualquier ámbito de investigación científica conlleva algún tipo de riesgo, y por lo general menos grave que el que se atribuye a los transgénicos; sin embargo, a nadie se le ocurre prohibir esas investigaciones. Que ello suceda con este asunto sólo demuestra el enorme poder de maniobra del cabildeo antitransgénico, más allá de sus atendibles argumentos.
“Si se permite el ingreso de cultivos transgénicos, perderemos para siempre los cultivos tradicionales”.
FALSO. Nuevamente, si no se regulan adecuadamente se podría dar ese riesgo. No obstante, no tiene que ser ése el caso. Se trata de contar con una regulación adecuada. Por el lado comercial, el mercado va a seguir reconociendo el valor que tiene un alimento orgánico, lo que constituye un incentivo a su producción.
“El veneno para las plagas introducido en las semillas implica que el fruto será venenoso para el consumo humano”.
FALSO. El “veneno” en cuestión es un gen que procede de una bacteria, el cual genera una proteína tóxica solamente para determinado tipo de insectos. Según el profesor Marcel Gutiérrez-Correa, director del Laboratorio de Micología y Biotecnología de la Universidad Nacional Agraria La Molina, esta bacteria ya se usa en la agricultura orgánica y ya la consume el ser humano desde antes de la introducción de los productos transgénicos. Se trata de la bacteria Bacillus turingensis, la cual está presente en el suelo y se usa como “biopesticida”.
“Es igual de tóxico consumir el producto orgánico tratado con el biopesticida que el producto de una semilla con el gen introducido”.
FALSO. Al usar el biopesticida se emplea toda la bacteria con muchos otros efectos que incluso podrían llegar a causar problemas patógenos; de hecho, hay reportes de casos. En cambio, al incluir solamente el gen que condiciona a la semilla a producir la proteína que hace al producto tóxico solamente para los insectos que se desea afectar, se está eliminando esos problemas potenciales para los humanos que la consumen. Es decir, el uso de la semilla mejorada termina siendo mejor que el cultivo orgánico.
“Hay científicos que dicen lo contrario, así que no se puede saber si son tóxicos para el ser humano o no”.
INCIERTO. De hecho, hay muchos rumores de ambos bandos: que dicen que es venenoso para el ser humano y que dicen que no. No obstante, la FAO (organismo de las Naciones Unidas dedicada a la problemática de los alimentos y la agricultura) publicó en el 2004 el documento El estado mundial de la agricultura y la alimentación, en el que comenta que en la comunidad científica hay algunos consensos con respecto al consumo de alimentos producto de cultivos transgénicos. Este consenso no es gratuito, sino resultado de una serie de investigaciones y pruebas científicas. Lo cierto es que hasta la fecha no se ha descubierto en ninguna de ellas ningún efecto tóxico perjudicial o nutricionalmente nocivo verificable.
“En la FAO tampoco se puede confiar, así que países alrededor del mundo han hecho sus propios estudios”.
VERDADERO y FALSO. “Capturar” a la FAO a favor de ciertos intereses resulta un poco improbable, pero es una opción. Sin embargo, varias instituciones nacionales de normalización han hecho el esfuerzo de realizar estudios por su cuenta. Entre otros países, organismos en Argentina, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos y el Reino Unido han investigado por su cuenta. En ninguno de los resultados se ha encontrado tampoco efecto tóxico perjudicial alguno o nutricionalmente nocivo. Así que por ahí tampoco va la cosa.
“Aquí el que manda es la OMS, y ella dice que los alimentos producto de los cultivos transgénicos hacen daño”.
VERDADERO y FALSO. La OMS es la entidad de las Naciones Unidas que vela por temas de salud. Ellos han publicado documentos que respaldan la posición de la FAO: no hay evidencia que indique que efectivamente el consumo de estos productos sea perjudicial. En su publicación 20 preguntas sobre los alimentos genéticamente modificados explican que la OMS cuenta con el Programa de Inocuidad Alimentaria, que colabora con autoridades nacionales identificando alimentos que deben someterse a evaluaciones de riesgo. En las pruebas que la OMS ha realizado ni siquiera ha encontrado efectos alérgicos en relación con el consumo de alimentos producto de cultivos transgénicos.
“Lo que pasa es que se trata de productos nuevos y seguramente cuando se consuman más vendrán los problemas”.
FALSO. Como lo identifica la FAO, desde su introducción, los alimentos productos de cultivos transgénicos han sido consumidos por millones de personas, principalmente maíz, soya y colza. Hasta el momento no se ha observado efecto adverso. El primer alimento genéticamente modificado en ser introducido al mercado fue el tomate de maduración retardada en Estados Unidos a mediados de la década de los noventa. Desde entonces se ha lanzado todo tipo de productos: algodón, papaya, papa, arroz, calabaza y remolacha azucarera. Y hasta ahora no ha pasado nada.
“No se observan los efectos nocivos porque el porcentaje de alimentos transgénicos es aún ínfimo”.
FALSO. Para el 2005, los cultivos genéticamente modificados consistían en alrededor del 4% del total de la tierra cultivable en el mundo. O sea, no estamos hablando de números pequeños.
“A pesar de todo, la FAO advierte sobre algunos riesgos en el cultivo de transgénicos”.
VERDADERO. La FAO advierte sobre algunos peligros asociados al cultivo de transgénicos sobre la base de los resultados de los estudios científicos realizados. No obstante, éstos se refieren al contexto general de las repercusiones positivas y negativas propias de toda práctica agrícola, incluidos los cultivos convencionales. Ellos tienen que ver con la posibilidad del aumento de alérgenos, toxinas y otros componentes nocivos.
“El cultivo de transgénicos genera el riesgo de desplazamiento de genes vegetales a cultivos convencionales o especies silvestres”.
VERDADERO y FALSO. El llamado outcrossing sería un riesgo verdadero si los cultivos transgénicos se aplicaran sin regulación o ningún reglamento. Existe evidencia de una migración en Estados Unidos con un tipo de maíz para consumo humano que mostró características de otro maíz transgénico. Para eliminar este riesgo (o minimizarlo considerablemente), algunos países han adoptado estrategias que introducen separaciones de campos con cultivos genéticamente modificados y campos con cultivos convencionales. De observarse estas indicaciones, este riesgo ya no será significativo.
“La razón de fuerza para oponerse a la introducción de cultivos transgénicos en el Perú es el outcrossing”.
INCIERTO. Como lo indica Gutiérrez-Correa, las normas de bioseguridad recomendadas para su incorporación en el reglamento de uso de transgénicos en el Perú observaban este riesgo y establecen las distancias que debe haber entre los cultivos, así como zonas de protección de plantas no recombinantes para que sirva de refugio, de tal manera que las mismas plagas se puedan reproducir. Así no se pierden como especie. Es más, los campos convencionales que se encuentran alrededor de un campo con cultivos transgénicos se benefician en el sentido que están menos expuestos a plagas.
“En los laboratorios se están creando especies monstruosas que luego serán difíciles de controlar”.
POCO PROBABLE. Cuando un científico hace una modificación no introduce cientos de genes, sino uno o unos cuantos. Por ejemplo, el maíz tiene como 30 mil genes. Si se le introduce uno, va a ser el mismo maíz con una característica más. Básicamente el científico está haciendo lo mismo que ha venido haciendo la naturaleza por millones de años, pero planeado y más rápido.
“Nos podemos dar el lujo de tomar 15 años de moratoria para prepararnos para el ingreso de los transgénicos al país”.
INCIERTO. Todo es posible, pero es poco recomendable. La moratoria de 15 años puede haber sido una buena idea hace justamente unos 15 años. Hoy ya se tienen productos con componentes transgénicos que se importan de países con distinta regulación, y no necesariamente semillas, sino galletas y otros alimentos de consumo directo. Incluso la propuesta de que la moratoria sea de tres años ya es arriesgada. Considere lo siguiente: generar un producto transgénico en un laboratorio puede tomar un año, pero para que se pase por todas las normas y pruebas recomendadas por la FAO, la OMS y los demás organismos internacionales deben transcurrir hasta 10 años. Demorar esto por otros 15 años más con restricciones legales es ponerse a la cola de la competencia mundial. Así efectivamente los precios altos de los alimentos dejan de ser una oportunidad de negocio de exportación para el Perú para pasar a ser una preocupación social.
“El problema de los transgénicos tiene que ver solamente con las semillas genéticamente modificadas”.
FALSO. De hecho, hay un tema bastante serio con respecto a los productos terminados que se importan de otros países y que contienen elementos transgénicos. Desde galletas hasta bebidas, la regulación con respecto a esto va a ser otro dolor de cabeza, porque no todos los países del mundo tienen los mismos criterios para normar este asunto. La FAO ha estado intentando igualar criterios, lo que será bastante útil.
“La persistencia de estos temores en la población responde a que efectivamente hay algo a qué temer”.
FALSO. La OMS comenta que estos temores persisten, porque las instituciones nacionales llamadas a aclarar estas dudas no han tenido estrategias de comunicación efectivas en los respectivos países. No han sabido enfrentar a grupos que se oponen al uso de estos productos por intereses propios o por desinformación.
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