Probablemente el sentido menos utilizado por el hombre sea el olfato. Al punto que si los ojos tienen las artes plásticas, los oídos la música y el paladar la gastronomía, el olfato carece de expresión artística. Sin embargo, de acuerdo con los estudios de Timothy B. Rowe, paleontólogo de la Universidad de Texas, la necesidad olfativa habría sido el primer paso en la evolución compleja de los cerebros de los mamíferos.
Rowe estudió las tomografías computarizadas obtenidas de los cráneos de Morganucodon y Hadrocodium, ancestros de los mamíferos de hace unos 190 millones de años, y los comparó con otras 27 especies de mamíferos primitivos y descubrió que los cerebros complejos tuvieron su origen en el desarrollo del olfato; luego evolucionaron las áreas cerebrales relativas a la sensibilidad al tacto y después las partes que controlan el movimiento del cuerpo.
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