1. ¿Quiénes son?
Un conglomerado de profesionales, principalmente, que buscan aportar al debate político desde posiciones externas al establishment: no forman parte de él y, en general, son incluso críticos del sistema político. Esto último tiene que ver con el hecho de que se trate de gente preparada que esgrime argumentos, por lo general, sobre la base de un discurso articulado, con sustento académico o técnico.
Entre los izquierdistas moderados o “modernos”, hay desde profesionales independientes hasta tecnócratas, pasando por académicos de larga data cuestionadores del sistema predominante. A diferencia de los “dinosaurios” anteriormente presentados, ellos no tienen reparos en hacer ciertas concesiones ideológicas en aras de concertar programas y, sobre todo, dar curso a medidas de corte técnico. En cierta forma, suele preocuparles más el impacto social efectivo que el discursivo.
En este grupo se reúnen muchos de aquellos izquierdistas que son conocidos como “caviares”, término popularizado en Francia para agrupar a una izquierda que combinaba ideas socialistas con un estilo de vida más bien aristocrático conglomerada en torno del régimen de Francois Miterrand. En el Perú, contra lo que podría suponerse, en realidad la etiqueta de “caviar” (con su eventual connotación despectiva) surgió de la misma izquierda, y concretamente fue introducido en los años 80 por el periodista Herbert Mujica, de tendencia izquierdista radical. Se criticaba a los izquierdistas moderados el no mantenerse a ultranza en defensa de las ideas de izquierda añeja. No obstante, su difusión ha venido dada de la mano del sector más pragmático de la derecha peruana, que más bien espeta a los “caviares” estar supuestamente envueltos en una nube de intelectualidad que impide tomar decisiones (sobre todo políticas) rápidas y, en el extremo, plantear quejas al sistema pese a seguir prácticas sociales promovidas por éste –en lenguaje simplón, hablar de izquierda llevando una “vida de derecha”–.
Por lo mismo que se trata de gente con importante bagaje académico, generalmente en este grupo predominan personas de niveles socioeconómicos altos, lo cual les granjea más críticas de parte de quienes ven una contradicción intrínseca entre las ideas de izquierda y tener buena posición económica. Se entiende, muy en general, que este sector ha alcanzado consagración política con el triunfo de Susana Villarán en las elecciones para la alcaldía de Lima.
2. ¿Qué tienen en común?
Primero, la formación: se trata de personas con una trayectoria profesional generalmente respetable y reconocida, que pueden infundir respeto cuando emiten una opinión. Son –como se señaló– en muchos casos académicos que ejercen influencia desde la cátedra en importantes universidades, limeñas sobre todo.
Segundo, una visión algo romántica y bienintencionada de la capacidad del Estado por resolver los problemas de la gente. Es decir, confían más en el Estado que en los privados, muchas veces a priori y sin fundamento empírico (aunque generalmente con extensas reflexiones teóricas), lo que suele irritar sobre todo a algunos sectores del empresariado emergente que ve en este grupo de moderados un obstáculo discursivo para tomar algunas medidas pragmáticas.
Tercero, tienen en común el hecho de provenir generalmente de niveles socioeconómicos altos, lo cual para los sectores opuestos a la izquierda es una supuesta contradicción entre los hechos y el discurso.
Cuarto, quienes pertenecen a este grupo no hacen mayor trabajo de campo: por lo general son intelectuales que ante todo quieren ganar la batalla ideológica y ponen todo su esfuerzo en ello, por lo que suelen ser acusados de poco esforzados por otros sectores de izquierda que sí tienen contacto más frecuente con las bases. Así, financieramente, en varios casos, su activismo está soportado en la conformación de organizaciones no gubernamentales (ONG) que cuentan con financiamiento exterior, lo cual despierta aún más celos de grupos de extrema izquierda que no tienen facilidades para recibir apoyos de ese tipo.
Y quinto, buscan agruparse en torno de un enemigo común para hacer coro de sus demandas. Por ejemplo, ese adversario ha sido el fujimorismo en la última campaña presidencial, al cual ofrecieron dura batalla sobre todo en ámbitos como las redes sociales. Campañas como la conocida “No a Keiko” provienen, estrictamente, de grupos moderados que sin ser necesariamente convencidos de Ollanta Humala –en varios casos, manteniendo incluso las críticas abiertas a él– , sí tenían claro que su peor escenario era un eventual retorno del fujimorismo al poder.
3. ¿Qué demandas tienen?
Ante todo, que se respeten las formas democráticas y los derechos humanos, en un sentido amplio. Son, en general, defensores de la institucionalidad y del debido proceso, por lo cual en algunos casos se agrupan –como se comentó anteriormente– en ONG creadas ad hoc para esos propósitos. En esa misma línea, son duros críticos del pragmatismo en cualquiera de sus dimensiones, y también del abuso de poder en todo tipo de forma: por ello son enfáticos en su posición respecto de Alberto Fujimori, por ejemplo.
De otro lado, no pretenden ni persiguen cambios económicos radicales, a diferencia de los “dinosaurios”. Por lo general aceptan el sistema económico imperante, en buena medida porque son parte de él y también porque su agenda está completamente dominada por temas de corte político y de defensa de las formas técnicas. Desde luego, no por ello dejan de hacer suyo el discurso que exige una mayor “inclusión social” (entendido principalmente como programas sociales).
4. ¿Qué papel van a jugar en este gobierno?
Principalmente van a dar soporte técnico a los cuadros de distintos ministerios. Aun cuando muchos de los “moderados” forman parte de una tecnocracia que, en su momento, marcó fuertes distancias con Ollanta Humala, su cercanía a Perú Posible, más bien, hará que terminen estando cerca del nuevo régimen. Así, quizá incluso brinden hasta un respiro temporal al nacionalismo para ensayar políticas de gobierno sin que existan descalificaciones radicales de parte de la oposición, ya que los créditos académicos de los “moderados” –a falta de mayor academia entre sus opositores– suele ser lo que menos se les discute.
De otro lado, también constituyen un buen escudo de contención para el gobierno al canalizar las cóleras de ciertos sectores de derecha a ultranza y a la vez mantener puentes de diálogo con la derecha moderada, sobre todo por compartir con ella algunos códigos y espacios sociales, lo que dará margen al humalismo para que actúe políticamente. Más que exigencias directas al gobierno –que las tienen en el ámbito técnico y procesal, quizá–, buscarán impedir que otros lo violenten. En pocas palabras, le serán bastante útiles al nuevo presidente.
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