1. ¿Quiénes son?
Catalogar al inmenso universo de activistas, columnistas, líderes de opinión, etc. se vuelve una tarea complicada. Por ello cabe empezar comentando un fenómeno que pudo palparse en estas elecciones. En su libro Opinión pública 1921-2021, Alfredo Torres, director de Ipsos APOYO Opinión y Mercado (IAOM), comenta cómo el crecimiento acelerado de la tecnología ha generado serios cambios en la forma de hacer política en el siglo XXI. Este libro fue publicado en el 2010; para entonces apenas el 10% de los peruanos tenía cuenta en Facebook y menos del 1% contaba con una cuenta en Twitter. No obstante, Torres presagia que esto irá en aumento, así como la participación de los peruanos en todo tipo de plataformas digitales. Los ciudadanos nacidos en esta nueva era participarán en la política de una manera más dinámica al explotar las redes sociales y las nuevas tecnologías en general. Así se abre la puerta a un nuevo tipo de personalidad influyente: el activista por Internet, el cual puede usar una cuenta popular de Twitter o de un perfil de Facebook con un número alto de seguidores o de un blog exitoso para promover una agenda política. Puede que esto aún no sea decisivo, pero ha estado bastante presente durante estas elecciones.
Esta nueva especie de activista político se suma a las ya existentes –desde activistas que apoyan a un candidato porque se adecua más a su agenda hasta columnistas parcializados, pasando por intelectuales y analistas– que participan en las campañas apoyando y hablando a favor de su candidato predilecto de distintas maneras y con distintos niveles de sutileza y llegada. Pero su impacto es algo incierto, y en general parece ser bajo, pero el 16 de mayo del 2011 IAOM publicó una encuesta en la que mostraba que los comentarios de Mario Vargas Llosa –quien había decidido apoyar abierta e intensivamente a Ollanta Humala–, influía en la decisión del voto del 12% del electorado, lo cual es realmente alto.
En su columna del 4 de junio, Marco Sifuentes –el peruano más influyente en la Internet, según la Encuesta del Poder del 2010 y del 2009– comentó que la mayor discusión política de los peruanos en Internet es en parte una salida de la concentración de los medios y sus propias agendas, las cuales no terminan de reflejar los intereses de la ciudadanía. Por ello, justamente, las personalidades que surgen en las redes sociales terminan siendo tan relevantes. El problema termina siendo que los intereses de estos agentes libres son mucho más difíciles de definir, y ni qué decir de su consistencia y su consecuencia.
2. ¿Qué tienen en común?
Se pueden plantear dos grandes categorías. Por un lado, los que apoyaron la candidatura de Ollanta Humala ante la posibilidad de que Keiko Fujimori sea presidente. La aversión que causaba la alternativa de que la hija de Alberto Fujimori, un presidente cuyo gobierno violó los derechos humanos y que elevó la corrupción a niveles nunca antes vistos en este país, fue suficiente para un gran porcentaje de la población que tuvo una variada contemplación hacia el plan de gobierno de Humala. Un breve repaso de algunos de éstos se puede ver en el blog Politólogos contra Keiko Fujimori, entre los cuales se puede encontrar a Julio Cotler del IEP, a Farid Kahatt de la PUCP y a Francisco Miró Quesada Rada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (y director del diario El Comercio).
Por otro lado, están los que se adhirieron a la campaña de Ollanta Humala porque se solidarizaban ideológicamente con sus planteamientos. Este apoyo venía desde el año pasado, cuando un grupo de intelectuales intentó crear una corriente al lanzar un manifiesto “Por la gran transformación del Perú”. Entre los que firmaban este documento estaban muchos de los que luego participaron en el equipo técnico de Gana Perú y de los que seguramente formarán parte del nuevo gobierno. Algunos de los nombres que sobresalen son Alberto Adrianzén, Félix Jiménez y Nicolás Lynch. En común tienen el querer demostrar que ciertas ideas que han estado defendiendo por años –y que en algunos casos se oponen a reformas que ya han sido aplicadas– en la práctica son convenientes y funcionan.
3. ¿Qué demanda tienen?
Durante la campaña, el primer grupo tenía una sola demanda: evitar la corrupción. Si uno repasa las declaraciones, por ejemplo, del tan mediáticamente citado Steve Levitsky, verá que su discurso es más bien de un relativo desprecio a Keiko Fujimori y a los antivalores que supuestamente representa, pero plantea pocas metas o retos para un eventual gobierno de Ollanta Humala. Esta actitud se repite con la mayoría de los intelectuales, columnistas y demás formadores de opinión, más allá del ofrecimiento personal de estar vigilantes para que los temores que se le atribuía a su candidato se consoliden. En ese sentido, la única demanda que supuestamente tendrían –y que habrá que ver cuán tenaces serán en perseguir– será la de respetar los fundamentos de la economía con la satisfacción de saber que evitaron un gobierno más del fujimorismo.
Por otro lado, están los que sí demandan un verdadero cambio y profundos ajustes en el modelo económico del país, desde el rechazo al “sistema neoliberal” hasta la “revisión de los acuerdos comerciales entreguistas”. Como lo expone Carlos Meléndez en su columna Cuando ganan los perdedores del 7 de junio en el diario Correo, Humala logró representación electoral y ahora tendrá que demostrar que tiene representación política. Tiene en un mismo saco a insatisfechos, antisistemas, demandantes de cambio, demandantes de redistribución y demandantes de justicia social, y todo lo tendrá que hacer gobernando para los “de abajo”.
4. ¿Qué papel van a jugar en este gobierno?
En un sondeo del 23 de mayo, IAOM revela que hasta 52% del electorado cree que Ollanta Humala no cumplirá con sus compromisos y llevará a cabo las propuestas radicales planteadas en su plan de gobierno original. Un 55% consideraba, además, que la forma de pensar de Ollanta Humala es parecida a la de Hugo Chávez. El nuevo presidente, pues, tendrá por delante el reto de demostrar a esta gente que estaba equivocada.
El problema, explicado por Patricia del Río en su columna Ensayo y error del último 11 de junio en el diario Perú.21, está en que cada uno de los grupos que participaron en la discusión durante la campaña se ha cerrado en su “terca posición”. Ahí están los que insisten fervientemente en que Ollanta Humala no tocará los fundamentos de la economía, los que insisten en que el país necesita profundos cambios (algunos de los cuales requieren cambios en los fundamentos de la economía) y los que insisten en que estarán vigilantes. En ese sentido, los papeles que jugarán durante el gobierno serán básicamente dos, pero mutuamente excluyentes. Por un lado, estarán los que busquen demostrar que no estaban equivocados y que Ollanta Humala era –o no era– lo que sea que se decía –o no se decía– de él. Por otro lado, se encontrarán los que efectivamente aplicarán el papel de la vigilancia. Por último, estarán los que querrán que se apliquen las políticas económicas y sociales que defendían desde el comienzo, sin contemplar las advertencias o críticas de empresarios y otros técnicos formuladas a lo largo de todos estos meses.
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