Científica y altamente especializado, el campo de la antropología forense en el Perú efectúa, casi por definición, un rol humanitario y de reconciliación social
POR GEORGE SIMONS
El olor a muerte en el desierto de Huaca Corral, en Virú, a la altura del kilómetro 486 de la Panamericana Norte, se intensificaba al acercarnos al perímetro acordonado por el Equipo Forense Especializado (EFE) del Ministerio Público alrededor de una fosa con cuatro cadáveres. Bajo un sol de justicia, periodistas, activistas pro derechos humanos y aquellos que alegaban ser parientes de los cadáveres observaban al equipo forense liderado por el arqueólogo forense Flavio Estrada Moreno de Medicina Legal de Lima, el odontólogo forense Carlos Alberto Suárez Canlla y el antropólogo forense Manuel Grados Castillo del Ministerio Público de La Libertad, quienes exhumaban cuidadosamente los cuatro cuerpos de la primera fosa. Un día después se exhumaron dos fosas más contiguas, y se contó en total nueve asesinados.
Para los familiares y amigos presentes en los dos días que duró el proceso de exhumación, el hedor venido de los restos de las tres fosas envolvió un dramático encuentro con sus seres queridos desaparecidos hace 19 años. Sea como fuere, los parientes sabían ya desde mayo de 1992 que los nueve secuestrados en el Santa por el grupo paramilitar Colina habían perdido la vida y, en cierto sentido, también los habrían privado de su muerte. Se trata, pues, de la dignidad post mórtem: “La antropología forense es evidencia de que la vida se extiende más allá de la muerte, pues lo más propio del ser humano es cómo dignifica la memoria y los restos de los seres queridos, sin importar la calidad de vida que hayan tenido”, comenta el antropólogo forense peruano José Pablo Baraybar, director del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF).
Mórbida identificación y cordial recuerdo
En efecto, la antropología forense, cuyo principal objetivo es comprobar la identidad de restos óseos, así como determinar las causas y circunstancias de la muerte de las víctimas, hilvana enfoques científicos multidisciplinarios y especializados, tanto a un nivel de minucia de investigación teórica –como estudios de clasificación etario de los huesos según patrones raciales– hasta estudios sociales de campo de patrones biológicos y sociales de poblaciones como la del Santa, en Áncash. Para ello, se llevan a cabo análisis de laboratorio de gran sofisticación tecnológica, como los exámenes dactilares, ADN, balística, entre otros.
Lo asombroso está en que tan especializado campo científico se traduce en informes como los que determinaron oficialmente que la identidad de los nueve restos óseos encontrados en Huaca Corral correspondían a los desaparecidos del caso Santa, lo cual posibilita que los parientes de las víctimas inicien un sano proceso de duelo psicológico.
La muerte de los restos que estudian se comparte con los vivos, pues, psicológicamente hablando, el proceso de resilencia emocional ante la muerte de un ser querido (el duelo) puede desembocar en sano recuerdo o traumática ausencia.
Aproximaciones científicas a los asesinados
Si bien es un campo multidisciplinario, la identificación de los restos óseos humanos se nuclea alrededor de pruebas biológicas y biográficas. Esta biografía se lleva en los huesos. Por ello el antropólogo forense debe valerse del aporte de especializaciones, como la tafonomía, practicada por la arqueología y la paleontología. En ella la biografía de los huesos se lee desde su paso como un organismo vivo y las características devenidas de un medio ambiente dado hasta su proceso de descomposición y sedimentación en su lugar de muerte. Esta lectura se compara con la biografía de un individuo muerto en concreto y enterrado en una posible escena de crimen, la llamada osteobiografía. Por ejemplo, un informe de la degradación tafonómica de los materiales y restos encontrados en Huaca Corral llevaría finalmente a diferenciar qué violencia infligida en ellos viene de sus verdugos y cuáles fueron las condiciones de su entierro.
La especialización interdisciplinaria continúa entrelazándose, pues encontramos aquí que la craneometría comulga con la balística. Así se respondería finalmente si las armas que empleó el grupo Colina respondían a los orificios de bala encontrados en las osamentas relacionadas a sus desapariciones. Estos serían algunos de los aspectos fundamentales de la biografía biológica ante mórtem y post mórtem del individuo. Ello, además, se debería cotejar con una suerte de banco de datos del contexto poblacional contemporáneo a la escena funeraria. Pero antes que todo se debe excavar. Utilizando el lenguaje del manual del antropólogo forense José Vicente Rodríguez, de la Universidad Nacional de Colombia, “Introducción a la antropología forense”: todos esos conocimientos relativos a la identificación biográfico-biológica general y la biografía individual de la víctima deben venir de una pulcra y paciente práctica de exhumación.
Desenterrando a sus muertos
Durante la exhumación es cuando mayor información puede perderse del contexto de la escena del crimen. Por ello se recomienda someter a cedazo fino la tierra de la fosa y hacer la mayor cantidad de mediciones posibles antes de sacar los restos de su contexto. Si partes de la osamenta se encuentran fragmentadas, antes de levantarlas es necesario reconstruirlas por medio de resinas, como Paraloid B-72 o thinner. Sobre todo aquellos huesos cuyos análisis posteriores en laboratorios resultan claves para diagnósticos osteológicos.
Sin embargo, estas técnicas pueden variar. Sobre todo cuando el fin del análisis forense es reconstruir la historia de una civilización antigua. Por ejemplo, para el análisis forense de identificación de edad y sexo del aristócrata moche enterrado en la Tumba 15 de Huaca-Rajada, en Sipán, el antropólogo forense Mario Millones optó por un diagnóstico osteológico preliminar in situ. Ello debido a que la desintegración de la evidencia ósea, incluso con el uso de finos pinceles de excavación, era evidente, por lo que se ponía en peligro obtener información valiosa. Así, este diagnóstico preliminar buscaba registrar la mayor cantidad de información posible para estudios posteriores. “Los diagnósticos in situ es una importante vertiente de la arqueología forense”, sostiene Millones.
En lo que se refiere estrictamente a la arqueología forense, en el Perú encontramos proyectos de los restos prehispánicos hallados en Bagua, de un posible curandero junto a jóvenes sin cabeza; o las osamentas de los sacrificados en Túcume y la colección de la capilla de María Magdalena de Eten, donde ocurrió el primer milagro eucarístico de América, entre otros.
El sabor de la antropología forense peruana
En lo que se refiere a identificar a los nueve restos óseos finalmente exhumados en Huaca Corral-Virú el domingo 7, ese mismo día el fiscal de Virú Robert Angulo junto con los peritos forenses confirmaron las identidades de los cadáveres mediante las características de las dentaduras y las vestimentas de los restos por parte de sus familiares. Sin embargo, recién al día siguiente, lunes 8 de agosto, los peritos comenzaron con las fichas ante mórtem con entrevistas a familiares y conocidos de los desaparecidos del Santa para saber el aspecto y modo de vida de los campesinos. De hecho la información la dieron los miembros del grupo Colina durante el juicio al ex presidente Alberto Fujimori, tanto el lugar aproximado como el número de restos que encontrarían. En efecto, el EPAF resaltó que los hallazgos no pertenecen a una política de Estado, para lo cual específicamente el informe final de la Comisión de la Verdad recomendó la creación de una oficina nacional de desaparecidos en el Perú.
En países latinoamericanos como el Perú, cuyo conflicto armado (1980-2000) ha dejado 15,000 peruanos desaparecidos y 4,000 fosas por descubrir, según la Comisión de la Verdad, la exhumación e identificación de los restos óseos no se limitan a ofrecer datos probatorios de la culpabilidad o inocencia en procesos legales. Aunque cabe resaltar que las investigaciones forenses del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) sobre los restos del caso de la masacre de La Cantuta, presentados en setiembre del 2008, fueron decisivas para sentenciar a Alberto Fujimori a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad.
De acuerdo con el antes citado antropólogo forense colombiano Rodríguez, las competencias interdisciplinarias de estos profesionales depende de las condiciones delincuenciales propias de cada sociedad. En EEUU y Europa, por ejemplo, la formación académica responde a casos de delincuencia común y al uso de tecnología forense más sofisticada. Por su parte, la labor del antropólogo forense latinoamericano se alimenta, además, de información histórica, sociocultural y jurídica relacionada a la figura de la desaparición forzada. Se trata, pues, de lograr que aquellos ciudadanos que han padecido violencia de Estado puedan participar en los procesos y la manera como el gobierno y el órgano judicial administren la información y la justicia.
Normas de uso:
Esta es la opinión de nuestros lectores, no de PERUeconomico.com
No está permitido dejar comentarios contrarios a las leyes peruanas o injuriantes
Su comentario no debe exceder los 1500 caracteres
Los anuncios científicos que buscan cambiar la evolución de la física
Leer artículo >Las grandes visiones no siempre vienen en grandes paquetes. El 2012 traerá novedades: desde robots espaciales y aviones supersónicos hasta descubrimientos en la física …
Leer artículo >El libro de divulgación científica más polémico de los últimos tiempos trae buenas noticias: el hombre tiende a ser cada vez más pacífico
Leer artículo >Google y otras herramientas tecnológicas ya estarían cambiando físicamente el cerebro y las actitudes de millones de personas
Leer artículo >La arqueología subacuática nació de la tendencia interdisciplinaria actual en las ciencias. Hace 10 años, llegó al Perú para contar una historia no registrada.
Leer artículo >El Perú podría descollar en la producción de energía solar fotovoltaica con lo que recibe su suelo, mientras otros buscan captar la energía solar …
Leer artículo >