La historia que no fue

Si la ciencia de la hoja de coca hubiera ganado

Edición de Noviembre 2011

El rol de la investigación médico-científica sobre la coca y la cocaína como insumos médicos previos a su prohibición

 

POR GEORGE SIMONS  

El narcotráfico es el grupo de interés ilegal que más poder tiene en el Perú, según el 95% de los entrevistados en la Encuesta del Poder publicada en el último número de Perú Económico (ver recuadro). Pero esta realidad no fue siempre tan brutal. Si se hubiera preguntado a un peruano, durante los cuarenta, cuál sería la suerte que tendría la hoja de coca en los próximos cincuenta años, no se habría imaginado la inmensa industria ilegal que se desarrollaría alrededor de este cultivo. Y es que hasta 1949 la cocaína no era ilegal.

 

Por esos años, la tradición médica francesa se enfocó en la hoja de coca en sí y no tanto en su alcaloide, la cocaína, el cual sí fue materia de estudio y desarrollo en la tradición química alemana. Sus transnacionales sofisticaron “la ciencia de la cocaína”, lo que despertó un interés mayúsculo por sus propiedades (ver recuadro “Fascinación mundial por la cocaína”). En efecto, las propiedades anestésicas de la cocaína, descubiertas en 1884 por el austriaco Carl Köller, revolucionaron los procedimientos quirúrgicos en Europa y EEUU.

 

Este descubrimiento ocurre un año después de que la Guerra del Pacífico (1879-1883) arruinase la economía peruana, por lo que muchos médicos, científicos, intelectuales peruanos, e incluso el mismo ministro de Hacienda, Alejandro Garlan, vieron en la hoja de coca y en la cocaína un insumo médico de exportación. Y es que en la cocaína se fusionan la ciencia occidental moderna, el libre comercio y un recurso natural ancestral. Esta industria hubiera sido la combinación de investigadores científicos, intereses económicos y motivos nacionalistas.

 

Fascinación mundial por la cocaína

El descubrimiento del alcaloide de la hoja de coca se dio en Alemania, Hamburgo, en el laboratorio del químico Albert Niemann, en 1859. Lo llamó kokain. Con ello, los efectos energizantes de la coca dejaron de ser un mito, aunque aún era considerado un producto experimental. No fue hasta 1884 cuando se descubrieron sus propiedades anestésicas que revolucionaron los procedimientos quirúrgicos en Europa y EEUU. Los principales laboratorios que desarrollaron estos usos fueron alemanes y estadounidenses.

 

Untitled-27Se trataban de experimentos químico-científicos, propios de la Segunda Revolución Industrial, en la cual nuevos estimulantes y curas se buscan para su comercialización masiva. En el caso de la cocaína, se trata de aquello que el historiador David Courtwright llamó la Revolución Psicoactiva mundial (proceso iniciado entre los siglos XVI y XVII), que promueve la alteración del estado de conciencia normal a partir del consumo de drogas. En efecto, pues, tanto el tabaco como el chocolate venido del Nuevo Mundo, para el siglo XVI, eran ya objeto de estudio y utilizados con fines terapéuticos por la incipiente medicina del Renacimiento, según el historiador Fernand Braudel.

 

Así, el naturalista inglés Richard Spruce y el fisiólogo italiano Dr. Paolo Mantegazza visitaron el Perú para escribir sobre los míticos efectos energizantes de la hoja de coca. Éstos son sólo dos ejemplos tardíos de la búsqueda de nuevas sustancias estimulantes y medicinas, que en plena Segunda Revolución Industrial serían transformadas en productos de consumo masivo, según el historiador Paul Gootenberg.

 

Entre las curiosidades de la historia de la cocaína se encuentra que quien descubrió las propiedades anestésicas fue el austriaco Carl Köller, nada menos que un cercano amigo de Sigmund Freud. Incluso Freud publica en 1884 un ensayo sobre los usos terapéuticos de la coca y la cocaína, Über Coca. Además de sus efectos estimulantes, lo recomienda para todo tipo de dolencias estomacales y digestivas; para contrarrestar la debilidad producto de la desnutrición en enfermedades como sífilis y tifus, así como anestesia local e incluso para tratamientos de adicción al alcohol y a la morfina.

 

Hasta el papa León XIII, que rigió el Vaticano entre 1878 y 1903, usaba y recomendaba la cocaína. La realeza también, la reina Victoria, el rey George de Grecia, el rey Alfonso XIII de España, el sha de Persia la usaban. Incluso en la tradicional tienda por departamentos londinense Harrods, en 1916, regalaban un pequeño neceser con cocaína, entre otros souvenirs.

 

El nacionalismo médico del Perú

Un farmacéutico franco-peruano Alfredo Bignon, dueño de la Botica Francesa, desarrolló a partir de 1884 un método propio para la producción simplificada de cocaína. Su propósito (considerado entonces positivo y progresista) fue lograr preparar cocaína “en forma fácil y económica, en los mismos lugares donde se cultiva coca”.

 

Su trabajo fue examinado por una solemne Comisión Limeña de Cocaína (Comisión Coca), creada en 1880 y presidida por José Casimiro Ulloa, la cual, en un informe de 10 páginas, elogió la técnica de Bignon. El método sólo servía, sin embargo, para producir sulfato de cocaína, que sería la forma preferente de exportación legal de cocaína en el Perú durante los siguientes decenios.

 

Entre los intelectuales peruanos, los defensores y promotores de la hoja de coca fueron Manuel A. Fuentes, José Casimiro Ulloa y Tomás Moreno y Maíz, quienes señalaban la necesidad de un mayor estudio de la planta. Sin embargo, su defensa, dentro de la tradición médica peruana, se remonta a las primeras figuras de la independencia, como José Hipólito Unanue, científico y político peruano. Unanue defendió, en su estudio Disertación sobre la coca en 1794, las propiedades de la hoja.

 

Un siglo después, Casimiro Ulloa en la Comisión Coca pediría al gobierno que tomase en cuenta la industrialización de la hoja de coca y así posibilitar la producción de cocaína en base a los notables métodos químicos del francés Alfredo Bignon, y fomentar la investigación. En efecto, para 1905, la industria peruana de la cocaína y el estudio de la hoja de coca dio como resultado el funciocnamiento de 24 fábricas de cocaína, según el historiador Paul Gootenberg.

 

Además de Bignon y Ulloa, la divulgación científica sobre estudios de la coca estuvo nutrida por otros científicos peruanos, como Anselmo de los Ríos, profesor de Química Médica en la Facultad de Medicina de San Fernando, o Miguel Coumnga, discípulo de Antonio Raimondi, quienes publicaron numerosos estudios sobre la cocaína y la hoja de coca en el extranjero.

 

A decir de Gootenberg, ello demuestra que Bignon y compañía no sólo estaban al nivel académico y científico-experimental de las ciencias europeas y sus ensayos, sino que además se formó alrederor de la coca un nacionalismo médico científico. Y de hecho lo fue por un breve tiempo. Pero sufrió una serie de reveses que obstaculizaron el estudio para explotar la coca por sus valores nutritivos y bioelementos saludables.

 

Posteriormente estudios evidenciarían la viabilidad de ello, pues el valor nutritivo de la hoja de coca comparado con el de 50 plantas alimenticias sudamericanas, entre las que se encuentran la oca, papa, yuca, poroto, zapallo, indican que la hoja tiene mayor contenido en calorías, proteínas, carbohidratos, fibras, calcio (Ca), fósforo (P), hierro (Fe), vitamina A y riboflavina. Solamente 100 gr de hoja de coca satisfacen la demanda diaria de Ca, Fe, P, vitamina y riboflavina de un adulto que realiza trabajo físico.

 

Sería inocente decir que la fuerza del narcotráfico hubiera sido contrarrestada por el desarrollo medicinal de la hoja de coca. Sin embargo, sí se podría haber observado una evolución paralela de ambos usos si no se hubiera dejado de lado la línea en que Bignon y compañía enmarcaban sus estudios sobre la planta de coca –como símbolo del nacionalismo médico-científico– y no sólo la extracción del alcaloide de la cocaína, como lo hizo la tradición alemana –la ciencia de la cocaína–. En efecto, de haber podido investigarse estos nutrientes y otros, la historia habría sido distinta luego de que Manuel Odría prohibiera en 1949 la cocaína.

 

Prohibición sesgada

El desarrollo científico, productivo y comercial peruano de la hoja de coca no pudo enfrentar las presiones de las farmacéuticas norteamericana Parke Davis y la alemana Merck. Una vez retirados los norteamericanos de la carrera por la cocaína, y promover su prohibición internacionalmente, el bloque científico-farmacéutico alemán E. Merck, C. H. Boehringer, Gehr, Riedel, Knoll doblegó la industria peruana.

 

De no haber sucedido esto, la naciente industria científico-farmacéutica peruana podría haber apelado a la investigación de la hoja de coca, y así lidiar mejor con la prohibición de la cocaína efectuada en 1949, durante el régimen militar proestadounidense del general Manuel Odría. La medida prohibicionista dio al régimen de Odría motivo para encarcelar a varios manufactureros y disidentes del régimen a quienes calificó de subversivos de izquierda. En este momento nace el circuito ilícito de producción de cocaína en la región Huánuco-Alto Huallaga del Oriente del Perú.

 

Una observación que pueda parecer una perogrullada: usualmente se refiere a la cocaína como coca. Esta confusión en el uso de la palabra ‘coca’ hace que la cocaína y toda su sediciosa connotación cultural quede unida a la planta de coca. Esta especie de sinécdoque, o licencia retórica popular, ha creado un prejuicio que ha impedido prestar atención e investigar sus otros componentes beneficiosos para un desarrollo más sostenible de este cutivo.

 

 

 

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