El desarrollo de la biología está motivando a los paleontólogos a poner en práctica ideas imposibles
Por Daniel Alfaro
Los paleontólogos modernos tienen dos características difíciles de conciliar en una sola persona: capacidad creativa para diseñar teorías acerca del pasado y rigurosidad científica para demostrar su veracidad. Así podríamos describir al investigador Jack Horner, quien, en una conferencia de TED en California, contó que de niño soñaba con dos cosas: ser paleontólogo y tener una mascota dinosaurio.
Su sueño comenzó a tomar forma cuando durante los setenta descubrió un nido de dinosaurios de patos salvajes al noroeste de Montana, Estados Unidos. El nido estaba completo, tenía fósiles adultos, juveniles, y hasta huevos. Pero lo interesante del descubrimiento fue la posición de los fósiles, los patos padres se preocupaban por sus hijos. Juzgando por sus esqueletos, los patos bebés habrían sido muy débiles para sobrevivir por cuenta propia.
Este hallazgo se sumó a otros que demuestran la sociabilidad que tenían los dinosaurios. Horner afirma que eran animales cuyo aspecto físico cambiaba al pasar de juveniles a adultos, protegían a los hijos, viajaban largas distancias y vivían en colonias. Del mismo modo, agrega evidencia a la teoría que señala que las aves descienden de los dinosaurios: sus dos patas y estructuras óseas similares serían evidencia de ello. Por su parte, los biólogos se muestran escépticos. Para ellos es relativo. La genética humana dista muy poco de la genética del chimpancé y también de la de los vampiros, pero no significa que descienda de estos últimos.
Grandes ideas
A pesar de lo anterior, Horner está convencido de que con la ayuda de especialistas en genética puede reactivar características de dinosaurios en especies aviares, como la gallina. Basa su argumentación en los atavismos, que son características de especies anteriores que aparecen en la nuestra: niños que nacen cubiertos de pelo, pezones adicionales y muy raramente colas. Según esta idea, Horner está determinado a demostrar que es posible reactivar a un dinosaurio en el huevo de una gallina.
Horner es persistente. Antes de llegar a esta conclusión realizó grandes esfuerzos para deducir que el ADN de los dinosaurios es imposible de extraerse de los fósiles, por más bien conservados que estén, como ocurrió en la película Jurassic Park, por lo que su clonación es imposible; el único camino sería entonces conseguir su involución. Es decir, lograr que un huevo de gallina contenga un bebé dinosaurio es cuestión de revertir el proceso que hizo a ese dinosaurio evolucionar hacia gallina.
Al respecto, los biólogos hicieron un descubrimiento trascendental al encontrar los genes Hox que ocasionaban mutaciones en los insectos de la mosca de la fruta. Éstos poseían dos segmentos del cuerpo iguales, más de dos alas, patas en vez de antenas, entre otras. De este modo, se identificó que los genes Hox están en todos los cuerpos vivientes y son responsables de su formación durante el proceso embrionario. Es decir, controlan la evolución de las especies.
En este sentido, cerca de Horner está el profesor Hans Larsson, de McGill University, quien ha realizado estudios para determinar qué genes lograron que los dinosaurios perdieran la cola y convirtieran sus brazos en alas para evolucionar en aves. En efecto, durante su proceso embrionario, las aves desarrollan brazos y cola, que, al activarse unos genes determinados, son detenidos para convertirse en alas y plumas. La clave para Horner entonces es descubrir cuáles son esos genes y revertir el proceso. Así conseguirá su ‘gallinasaurio’.
Mejor un mamut, no gallina
Un equipo de investigadores liderados por Akira Iritani, profesor de la Universidad de Kioto, asegura poder lograr, en cinco años, el nacimiento en laboratorio de un mamut lanudo, extinto hace 10,000 años, a raíz de la extracción de un ADN viable del tejido de un espécimen congelado en Siberia.
Para lograrlo, los núcleos de varias células en los óvulos de una elefanta serán reemplazados por los núcleos del mamut para crear un embrión, el cual se implantará en el útero del animal.
Este experimento no es nuevo. En 1997 un equipo de la Universidad de Kinski había logrado obtener, hasta en tres oportunidades, tejido de la piel y músculos de mamuts congelados, que terminaron dañados. Con esta información, el equipo de Iritani mejoró el método para extraer los núcleos celulares de mamut sin dañarlos. Algo que es difícil, ya que sólo el 3% de las células obtenidas presentan las condiciones necesarias para intentarlo.

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