Treinta años después de haber ocupado por 50 días la cartera de Economía y Finanzas durante la gestión del general Francisco Morales Bermúdez, el empresario Walter Piazza Tangüis conversó con Perú Económico sobre su vida, los retos de hacer empresa en el Perú y su pasión por el arte.
¿Qué recuerda de su papel como ministro de Economía del gobierno de Morales Bermúdez?
Fue sorpresivo el llamado de Morales Bermúdez. Ofrecerme el Ministerio de Economía era comprometedor porque yo no tenía ninguna experiencia política, era un empresario. Pero comprendí que era un momento en el que valía la pena prestar un servicio cívico.
Condicioné nuestra aceptación a que se cumplieran una serie de medidas importantes para el país, entre ellas el control de la inflación. Si la Junta de Gobierno –que en ese momento estaba al mando del país– no apoyaba la medida, no se podía seguir adelante. Felizmente se hizo así, se habló con mucha claridad y se entendió. Posteriormente presentamos un plan que nadie creía que podía ser presentado en esos momentos en el Perú –y a ese gobierno en especial–. Es cierto que ya Morales Bermúdez había hecho cambios fundamentales, pero todavía era un gobierno militar y aún tenía un gabinete fundamentalmente militar. Se hizo un mensaje a la Nación y el plan recibió gran aceptación por parte del sector empresarial, lo cual nos permitió empezar a implementar las medidas. Sin embargo, al poco tiempo vino un movimiento sindical muy fuerte, uno de los paros que enfrentó el gobierno de Morales Bermúdez –cuya plataforma era de oposición directa a nuestras medidas– y parece que en la Junta decidieron que no querían tomar muchos riesgos. Quizás no había llegado todavía el momento. Antes de que se comenzara a dar marcha atrás, decidimos renunciar por una motivación principista.
¿No tuvo reparos éticos porque era un gobierno militar, dictatorial?No, porque yo esto lo hablé con Morales Bermúdez previamente, y supe que el gobierno ya estaba con la idea de entregar el poder a un sistema democrático en elecciones. Esto no se había anunciado todavía, pero ya era evidente. Era en realidad una forma de preparar y hacer más viable la salida de un gobierno militar. No es fácil pasar a una democracia, tiene que haber siempre un período de transición. Valía la pena hacer ese esfuerzo en ese momento.
¿Cuán distinta cree que hubiese sido la historia en estos 30 años si se hubiera seguido adelante con su plan?
Es difícil de predecir, pero creo que la inflación no se hubiese descontrolado.
¿Cómo había sido su desencuentro con Velasco en la CADE de 1972? Los empresarios lo dejaron solo durante el intermedio...
A pesar de que él había leído mi discurso previamente –no se podía hacer algo distinto en ese momento porque los militares eran soberanos–, Velasco caricaturizó mi presentación para concluir que los empresarios éramos egoístas.
Yo comprendí que la reacción de los empresarios fue porque estaban tan chocados como yo. El gobierno era como una aplanadora, creo que incluso le pusieron ese nombre. Los militares iban a la CADE con todo su equipo, se sentaban en una mesa con bandera peruana; incluso el año anterior creo que habían creado la Comunidad Industrial y habían realmente avasallado al empresariado. Nosotros en IPAE pensábamos que CADE era una institución y para que las instituciones sean fuertes tienen que ser firmes en lo que hacen. Si no se hace CADE porque el presidente es dictatorial o tiene ideas con las cuales no estamos de acuerdo, entonces CADE no existe. Yo sí creo que el verdadero problema que tiene nuestro país es la falta de instituciones.
¿Esto no es parecido a lo que pasó en 1987 con la estatización de la banca?
No, absolutamente. Entonces también hubo una sensación de disgusto, pero era un gobierno democrático, y la prueba de ello es que al final –gracias a los mecanismos democráticos– la iniciativa no prosperó.
¿Y qué espera del actual gobierno de Alan García?Que mantenga sus promesas, su programa. Sobre todo que se pueda seguir el ritmo de los últimos objetivos que presentó en su mensaje de Fiestas Patrias. Hoy el país está más institucionalizado e insertado en el mundo.
¿Qué escenario vislumbra usted para el empresariado peruano en las próximas décadas?
Creo que con la firma del TLC con Estados Unidos el empresariado peruano tiene una oportunidad fantástica. Van a poder funcionar mejor en el Perú, pero también van a poder salir con más facilidad e invertir en otros países para poder diversificar su operación. Ahora, las empresas deben ser más fuertes, se tienen que preparar para actuar en el mercado, y eso requiere de estilos de gerencia especiales, cosas que he predicado a lo largo de los años.
Muchos de los intérpretes de la historia peruana –incluso Basadre– han sido muy críticos con las elites dirigenciales del Perú. ¿Cómo cree que ha cambiado la cultura gerencial en el Perú, y cómo cree que va a cambiar?
Yo creo que la clase empresarial peruana ha estado en el pasado muy concentrada en su actividad generadora de riqueza, de dividendos, en los objetivos de sus compañías. Las empresas cada día se dan cuenta de que eso no es suficiente, y que si no se comprometen con el mercado en el cual funcionan, y si éste no crece, y si no está formado por personas mejor educadas, entonces no van a progresar. El empresario de hoy ya ve al mercado como un lugar en el que debe participar cívicamente, ya sea a través de la educación, la cultura, o del deporte. Hay un cambio muy importante que se ha dado en la última década.
Esto incluye definitivamente una mayor responsabilidad frente a la democracia. El gobierno militar y todo lo que ocurrió después han hecho ver que es importante mantener los principios democráticos. Muchos empresarios no se rasgaron las vestiduras a raíz del autogolpe de Fujimori; algunos pensaban que no era tan bueno pero no se produjo una indignación general. Yo diría que hoy las cosas no se verían así, porque además la experiencia finalmente fue muy mala, incluso cuando comenzó bien. El problema fundamental fue la obsesión por reelegirse, que condujo a medidas equivocadas, no sólo en términos de corrupción sino también desde el punto de vista institucional.
Cuéntenos de sus inicios...Recibí una educación sólida por parte de los padres de los Sagrados Corazones de la Recoleta. Después ingresé a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), pero cuando estaba en tercer año de ingeniería eléctrica comenzaron a producirse huelgas, así que decidí irme a Estados Unidos a terminar la carrera. Conseguí transferirme al MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde me fue muy bien, y obtuve el bachillerato y una maestría en ingeniería eléctrica. Llevé un curso muy interesante, en el cual estudiábamos cuatro meses en el MIT y luego íbamos otros cuatro meses a una fábrica de General Electric (GE) donde nos daban cursos alumnos del MIT que eran funcionarios en GE.
Cuando regresé al Perú trabajé para la Grace, que era la representante de GE en el Perú, durante seis años, hasta que formé una compañía de consultoría, que se llamó Piazza y Valdez, por mi asociado, Pepe Valdez. De la compañía consultora (Pivasa) hicimos una compañía constructora, pero manteniendo la primera. Yo tomé la parte de Cosapi. Ésta nace como producto de una alianza indirecta con la GE, que era propietaria de una compañía argentina llamada SADE (Sociedad Argentina de Electrificación) y formamos el Consorcio SADE - Pivasa, que en corto es Cosapi.
¿Y por qué ese paso a la construcción?En el campo de la ingeniería, la consultoría era difícil. Era posible mantenernos los dos como consultores pero hasta ahí nomás. En esa época, el que estaba en la ingeniería no estaba en la construcción. Por eso separamos las dos compañías. Yo me dediqué a una, y Valdez a la otra. Hemos tenido una trayectoria muy exitosa, hasta que tuvimos una crisis financiera hace varios años.
Siendo una persona con una trayectoria muy reconocida, ¿qué significó para usted en lo personal que Cosapi entre en proceso de reestructuración?
Hemos creído conveniente explicar lo que pasó en una publicación (Cosapi: una historia exitosa de refinanciación), sin avergonzarnos ni ocultarlo. Una empresa se fortalece luego de salir de una situación muy difícil, como pasa con los seres humanos en todas sus actividades.
En toda nuestra historia, cuando todavía no se hablaba de estas cosas, teníamos una filosofía empresarial basada en valores. No le estoy hablando de los años ochenta o noventa, sino de los setenta. Le hemos dado mucha importancia a esto, y esa es una de las razones por las que hemos podido salir de estos problemas.
¿Se siente realizado como empresario?Contrariamente a lo que uno podría pensar después de este problema, me siento más realizado que antes. Si uno ha sembrado bien, si tiene una buena cultura absorbida por el personal, si ha cultivado bien a sus clientes, y si con la colectividad también se ha portado bien porque ha tratado de hacer cosas por la educación –actividades que yo fomenté entre mi gente–, el resultado es reconfortante.
¿Qué es lo mejor de hacer empresa en el Perú y qué es lo peor?Lo mejor es el contacto con la gente, para mí eso es fascinante. Si uno le dedica tiempo a conversar individualmente con los trabajadores –no para hablar de lo que han hecho en el trabajo, sino de su futuro o su vida en general– se establece una relación excelente, que en momentos de dificultad motiva a las personas a trabajar 15 horas al día si es necesario por la empresa. La gente tiene una entrega total cuando quiere a la empresa, y eso no es fácil de lograr. Hay un dicho que reza: “Las empresas no tienen corazón para quererlas ni culo para patearlas”. O sea, no puedes esperar nada de ellas, y cuando se portan mal no tienes a quién pegarle, pero ese es el concepto antiguo; hoy en realidad ya no es así.
Y lo peor de hacer empresa en el Perú es la falta de estabilidad en el marco en que se trabaja. Y eso se da cuando el país es pobre. La inestabilidad del país y la falta de comprensión de parte de los políticos que no entienden el verdadero rol de la empresa como generadora de puestos de trabajo.
¿Y su interés por el arte?Cuando era chico mi padre era muy aficionado al arte: no era un conocedor, pero tenía inclinación. Él era suizo, de la parte italiana; tenía discos de Carusso y yo los oía. Posteriormente, en MIT, que es una universidad que se preocupa mucho por sus alumnos, reapareció mi afición. En contraste con la UNI, que era una magnífica escuela para estudiar matemática, física, resistencia de materiales, etcétera, en MIT se ocupaban también del lado humano. Yo creo que cada individuo, independientemente de que sea un trabajador o gerente de construcción, es alguien con un interés abierto, con un comportamiento integral. Uno debe tener otros intereses más allá de su trabajo. Así, cuando en situaciones de estrés, puedes absorber todo mucho mejor. Queremos gente que tenga muchos intereses y no una especialización.
Por eso tengo como hobby coleccionar obras de arte, lo cual me llevó al Museo de Arte de Lima, del cual fui presidente por 12 años. Ha sido una experiencia muy importante en mi vida. Al retirarme he dejado una junta directiva excelente; esa ha sido, creo, mi mayor contribución.
¿Cuáles son sus pintores favoritos?Szyszlo me gusta mucho. Tilsa también. Como escultora Lika Mutal. El ojo que llora (en memoria de las víctimas de la violencia de las últimas décadas) es un lindo, excelente trabajo. Hay una sensibilidad en esas piedras ....
Hablando de la violencia, ¿cómo explica usted el fenómeno de Sendero Luminoso?
Yo creo que Sendero es consecuencia de la pobreza. En el Perú, el problema es de educación y pobreza. No sé si la educación es mala porque somos pobres, o somos pobres porque la educación es mala, pero las dos cosas van juntas.
Yo a la edad de ustedes no tenía la conciencia que tienen hoy día ustedes de la realidad peruana. La ciudad estaba muy desconectada del campo. Cuando hay esa indiferencia se generan movimientos como Sendero.
Yo siento hoy la pobreza en el Perú más cerca de lo que la sentía cuando era joven. Esto se debe no sólo a un cambio de actitud en las personas, sino también a las comunicaciones.
¿A qué personajes admira?Yo creo que Basadre fue un gran pensador del Perú. En el ámbito personal, uno de mis héroes es mi abuelo Fermín Tangüis, no tanto por el descubrimiento y la selección del algodón que hizo, sino porque fue muy generoso. No buscó enriquecerse, sino que distribuyó su descubrimiento, no cobró nada por él y lo hizo con absoluto desprendimiento. Un gran observador de la naturaleza. En realidad, seleccionó una planta resistente a una enfermedad de puro observador, sin tener los conocimientos técnicos.
Otra persona que yo admiré mucho fue a Pedro Beltrán, a quien conocí mucho. Creo que fue un tipo de primera. Después de que yo salí del Ministerio de Economía, vino al Perú, poco antes de morir, y me invitó a una reunión. Yo no creía que él había apreciado mucho mi paso por el ministerio, pero me sentó a su derecha y me dijo: “Oye, yo quiero que sepas que me parece que tu gestión ha sido muy buena y muy importante”. Después conversamos de otras cosas. Pero me dio mucho gusto porque era alguien a quien yo admiraba.
Mirando hacia atrás, ¿qué cosa distinta de lo que hizo hubiera hecho?Estoy contento con haber sido ingeniero y con haber sido empresario. Quizás me hubiera gustado comprometerme más con el tema de la educación. Lo he hecho sobre todo en el nivel universitario, primero con ESAN, luego fui presidente del patronato de la Cayetano Heredia, y ahora en la Universidad del Pacífico.
Pero creo que debería haberme comprometido más con la educación escolar. No le di la importancia que realmente tiene: no era consciente de lo desastroso que es el Sutep. Siempre lo veía como una cosa política. Los profesores peruanos que enseñan en los colegios son una desgracia.
Parafraseando a Zavalita, el personaje de Vargas Llosa, ¿usted cree que el Perú sigue jodido?
No, yo creo que se jodió, como dijo Zavalita, pero no creo que siga jodido. Estaba viendo los últimos datos que presentó Ipsos APOYO Opinión y Mercado sobre niveles socioeconómicos, allí se advierte el fortalecimiento de las clases medias. Es algo muy esperanzador. En términos comparativos, se ve que ha habido progreso en los últimos años.
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